jueves 16 de octubre de 2008

De convivencia y compañeros de piso

- Oye, ¿tú tienes alguna manía rara?
- Bueno... Me muerdo las uñas... de los piés.
- ¡Joe!, ¡Qué guarrada!
- ¡Mira quién fue a hablar! El que hace pelotillas con la pelusa de su ombligo...

Nadie dijo que sería fácil. Tras un par de semanas compartiendo piso podemos realizar un primer análisis objetivo de lo que es tener un compañero/a/os/as, y sobre todo de lo que supone de cara al "enfrentamiento" no sólo de manías, sino también de costumbres y culturas...

El primer punto a analizar es el hecho, irrefutable, de que no es lo mismo compartir casa con un amigo/conocido que con alguien a quien no has visto en tu vida. A un amigo, si le tienes que pegar un grito, pues se lo pegas, a un tiarrón esloveno que aparenta 34 años y que te saca dos cuerpos, pues a lo mejor te lo piensas un poco más...

Pero el punto que más jugo da, por aquello de que también es el de mayor fricción (¿he dicho fricción?) es el de las normas de convivencia en la casa, el abc de cualquier relación estable...
Elementos comunes: cocina, baño, ¿recibidor?, bueno, este último nos lo saltaremos porque no tiene mayor misterio... (a no ser que encuentres un cadáver, en cuyo caso el misterio sería mayúsculo)

La cocina: ese lugar en el que no es fácil sobrevivir, (como ya hemos podido leer anteriormente) y que es de obligado uso. El primer punto de interés es el de horarios. Partimos con ventaja. En el resto de Europa los horarios para las comidas son GMT-3 (o sea, que comen tres horitas antes que nosotros), luego para cuando nos ponemos manos a la obra con las salchichas el campo de batalla está libre. Más complicado es el tema del fregado. Existen dos vertientes: la vertiente "ya fregaré cuando la pila de platos amenace con desplomarse" y la vertiente "ya fregaré cuando la pila de platos se haya desplomado". En cualquiera de los dos casos, sobre todo si tú eres de los de "en cuanto termine de comer friego" sales perdiendo, porque es muy probable que entre los cacharros sucios de tu compañero haya algo que necesitas para realizar tu fantástica receta. Y eso fastidia sobremanera si tú siempres dejas listo para su uso todo aquel utensilio que has utilizado.

La limpieza de la cocina tal cual también puede ser motivo de fricción (¿otra vez fricción?). ¿Por qué tu compi de piso no barre nunca? A lo mejor no sabe que tenemos escoba. ¿Debería quitar las migas de la mesa? No, así los pajarillos podrán alimentarse de algo... Los envoltorios por doquier, los cacharros apilados... todo estratégicamente colocado para trabajar lo menos posible. Eso por no hablar de lo que cocinan, que si por el olfato nos guiáramos, aquí ya se habrían producido varias alarmas biológicas.

Pero pasemos al baño...
Inciso para relatar cómo es el típico baño finlandés. Lavabo, espejo, taza, papel higiénico (del que raspa, ¿eh? no porque sea el más barato, sino porque es el que mejor desincrusta) y ducha. No hay muchas diferencias hasta aquí, ¿no? (bueno, igual en el papel, que allí estáis acostrumbrados al scottex). Pero, ¿y si os digo que aquí la ducha no tiene plato, es decir, que el agua cae directamente al suelo del baño, que no hay manera ninguna de contener el agua en un recinto cerrado? Y para colmo la cortina de la ducha no llega hasta el suelo, con lo que cada vez que te duchas llenas todo el baño literalmente de agua.
Existe un aparatito similar a lo que allí se usa para limpiar los escaparates de las tiendas, aunque un poco más grande, que sirve para, una vez hayas terminado de mojar todo, empujes el agua hacia el desagüe (¡anda, una diéresis!). Pues bien, volviendo al tema de la convivencia, os habréis imaginado el problema...
Por cierto otro inciso, las mujeres siempre os estáis quejando de que los tíos dejamos el baño lleno de pelos... ¡cuánta razón tenéis!

Pero claro, lo anterior tiene una ventaja, y es que al ser todo el suelo del baño superficie "mojable" puedes hacer como cierto flatmate (compañero de piso en la lengua de Isabel II) y, tras cortarte el pelo en el baño y dejarlo lleno de idem, manguear toda la estancia para dejarla como los chorros del oro (quiero que quede claro que lo estoy diciendo en tono irónico. Jodió bastante encontrar todo el baño encharcado (incluída la taza y el asiento de la misma) con la imposibilidad de entrar sin botas de agua).

Pero lo bonito de convivir es que vives experiencias únicas e irrepetibles que, cual anuncio de compresas, no dejan de hacerte sonreir:
My flatmate:
- ¿Qué haces?
Myself:
- Freír patatas.
My flatmate, sorprendido:
- ¿En la sartén?

Nos quedan 43 días en Jyväskylä.

1 comentarios:

Alain Beaskoetxea dijo...

Que bueno!!!
Me encanta esta entrada!
Qué razón tienes!
Por cierto, el esloveno que aparenta 34 años es mi roommate. (Compañero de piso).
Los mios son un poquito "Txerritxus". Lo de fregar no les gusta mucho, y cuando lo hacen, lo hacen sin jabón. Creen que la mierda se va con el agua fría de Finlandia.
Pero la verdad es que a pesar de esto, estoy contento con ellos. Jajajaja. Parece mentira eh!!!
Una vez mas te felicito por la entrada Alain.