Vamos a cambiar un poco la estructura del blog, aunque sólo sea en esta entrada (prometo recuperar el estilo anterior en las siguientes). El motivo no es otro que la necesidad imperiosa de contar algo en primera persona, no generalizando como hasta ahora he venido haciendo, sino centrándome en mi propia experiencia de lo vivido. ¿Que por qué este capricho? Como diría un viejo profesor de facultad: "porque puedo y porque quiero".
El pasado sábado 18 de Octubre, tras un largo día de compras (por cierto, grandes descuentos de hasta el 70% en Top Sport) fui invitado a una de esas reuniones sociales que frecuentemente, muy frecuentemente en realidad, se vienen produciendo en el M-Talo, que no es otra cosa que el edificio M de este complejo de viviendas de alquiler donde vivimos.
La idea era pasar allí la noche, en plan tranquilo, disfrutando de la velada en un ambiente multicultural e internacional en el que tienen cabida todo tipo de situaciones. Reconozco que no me resulta sencillo adaptarme a este tipo de actividades ya que, aunque las disfruto, me cuesta mucho coger confianza con la gente, y el hecho de que aquí cada día tus compañeros de "juerga" sean diferentes no me ayuda. No obstante, y a pesar de que lo fácil sería "pasar de mí", continúo recibiendo invitaciones para acudir a este tipo de eventos.
Así que, me preparé con mi ropa nueva y, llevando únicamente las llaves de mi apartamento en el bolsillo me presenté en casa de Ainara para comenzar la velada. No duramos mucho allí. La fiesta se trasladó rápidamente al apartamento de unas chicas, dos pisos más abajo, que nos abrieron sus puertas para compartir algo de bebida y unas patatas fritas en torno a una mesa en la que se oían multitud de idiomas. Sigo sorprendiéndome, casi cuatro semanas después, de la facilidad con la que la gente de diferentes culturas, de diferentes países, de diferentes creencias se relaciona, de una forma abierta y natural, compartiendo, enriqueciéndote aunque estés allí como un mero observador. Me gusta observar, casi más que participar.
El hecho es que, tras algo menos de una hora, se decidió cambiar el lugar de celebración por otro algo más impersonal, pero también más movido: el plan era ir hasta el centro, a un bar cuyo nombre no consigo recordar. El principal problema que se nos sobrevenía era el hecho de que no contábamos, al menos nosotros tres, con bicicletas con las que viajar hasta allí.
Una vez más, y a pesar de mi resistencia inicial, fui invitado a acompañarles en esta "aventura". Con un par de bicis "prestadas" (al menos una sí lo era) nos dispusimos a pedalear hasta Keskusta (el centro de la ciudad).
Una vez allí, y viendo que acceder al bar previsto inicialmente era imposible, nos acercamos a otro de nombre Katse, en cuya entrada, como ya deberíais saber, había un vigilante pidiéndole en carnet a todo el mundo. Yo no tenía nada encima salvo las llaves, así que tras unos segundos de angustia pensando en que podría quedarme fuera, y que eso terminaría afectando a los demás, respiré tranquilo cuando me dejaron pasar a pesar de mi falta de documentación (maldita sea, ya no aparento ser menor de edad).
Dentro del bar, como siempre. Diversión, baile, Frederick y conversaciones que a veces no consigues entender...
Ya de vuelta, a eso de las tres y media de la madrugada, cogimos de nuevo "nuestras" bicis para volver a casa. Mala suerte la mía. El cuestionable estado de la mía unido al hecho de que hacía once años que no montaba en bicicleta me dejaron atrás paulatinamente hasta que, al final, me quedé completamente solo en la fría noche finlandesa.
Los que me conocen saben que mi sentido de la orientación es nulo, así que poco les costará creer que, tras una desafortunada elección en un cruce, terminé perdido en una de las zonas residenciales cercanas a nuestro complejo. Desorientado, sin dinero, sin mapa y sin móvil, todo pintaba perfecto para pasar la noche a la intemperie en una zona desconocida en la que empezaba a desahecer caminos andados con la esperanza de encontrar algo reconocible. Y lo encontré. Una voz. La de Ainara. A ella se unió la de Alain.
Siguiéndolas conseguí llegar de nuevo hasta la carretera principal. Habían vuelto a buscarme. ¡Qué alivio!
Junto a ellos regresé a casa y devolvimos las bicicletas despidiéndonos hasta el día siguiente y bromeando sobre la aventura vivida. "Ya tienes una entrada para el blog".
Y aquí está. Pero el motivo por el que he escrito esto no es para contar, cual batallita del abuelo, lo que viví anoche. El auténtico motivo es que, como me gusta escribir, me gusta dejar constancia de aquellas cosas que, aunque en su momento no parecen reseñables, en realidad dejan huella porque te abren la mente a situaciones que antes no terminabas de comprender.
Anoche yo dejé de estar aquí con dos compañeros de viaje...
...me quedan 40 días en Jyväskylä con mis amigos.
domingo 19 de octubre de 2008
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2 comentarios:
Puff, ke bonito... Lo escribo con lagrimas en los ojos. Una vez mas has conseguido que pase un buen rato. Ademas tambien me he emocionado. Gracias. Hacia tiempo que queria comentar tus entradas, pero me daba pereza registrarme. Esta merece la pena. Kiitos my friend. Eres todo un artista!!
Por cierto, es verdad ke en cada reunion social vemos nuevas caras, pero en todas ellas hay un elemento comun, constante... NOSOTROS. Los tripe A!!
AAA
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