- Anoche me costó mucho dormir.
- Yo cuando no puedo dormir, imagino una historia.
- ¿Y qué historia vas a imaginar aquí...?
Como todo cuento que merece ser contado, nuestra historia tiene lugar en un país muy, muy lejano, mucho más lejano que Andorra. Hasta allí, víctimas de un cruel hechizo que les había hecho creer que iban a desarrollar sus capacidades laborales, fueron a parar los tres protagonistas de nuestra historia. Confiados en hacer aquello para lo que se les había encomendado, se presentaron ilusionados en la fortaleza del Reino de Mediapaja, un lugar sombrío del que en el pueblo se habían oído rumores acerca de su malvada caudilla.
Recibidos con entusiasmo por el leal segundo de la reina, los tres aguerridos héroes pudieron dar un primer vistazo a las lujosas instalaciones del palacio: un estudio equipado con la última tecnología, ordenadores portátiles por doquier, incluso un traje de captura de movimientos. Todas las riquezas que habían podido imaginar estaban allí, esperando para ellos. Estaban ansiosos por empezar...
Y no tardaron mucho tiempo en conocer a la anfitriona de aquella fortaleza. La Reina Tiina II, de quien decían que era una gran gobernanta, se presentó con varios proyectos para los inocentes protagonistas. Sentados alrededor de una mesa cuadrada, pronto comenzaron a trabajar en aquello que les habían ordenado. Pero la astuta reina, que no quería que los nuevos trabajadores usmearan en sus asuntos, les dejó a cargo de uno de sus más allegados secuaces... el (moreno) elfo Sami.
Junto a él diseñaron los que serían sus dos primeros proyectos. Ansiosos de ver cómo su trabajo daba frutos, esperaron que todo aquello que habían plasmado en papel, y en lo que tanto empeño habían puesto, viera por fin la luz en forma de realización en directo. Sin embargo, el hechizo que se cernía sobre ellos impidió que todo aquello tomara forma, diluyéndose como un azucarillo en un amargo café doble con un chorrito de nata líquida...
A medida que el tiempo pasaba, la Reina, que cada vez se ausentaba más de sus labores reales, viajando en carroza hasta el vecino reino de Helsinkania, les encomendaba más y más trabajos que, finalmente, no iban a parar a ningún sitio. Nuestros héroes comenzaban a impacientarse, más aún cuando el torneo anual de Avid, cuya inscripción costaba más de mil euros, y que otorgaba al ganador el título de Editor Supremo del Reino, no terminaba de celebrarse debido a las inquietudes de la Reina, que cada día se ponía más nerviosa al comprobar cómo sus súbditos empezaban a descubrir secretos acerca de su forma de gobernar.
Necesitada de controlar aún más a nuestros protagonistas, la Reina decidió contar con los favores de un orco, el cual debía cumplir una condena de trece meses de trabajos forzados por negarse a alistarse en las tropas del reino. Sin embargo, el plan de la reina de controlar más de cerca a sus trabajadores no resultó del todo bien, ya que el orco pronto se alió con ellos para descubrirles los secretos del castillo.
Traiciones, robos, chucrut... todas y cada una de las incontables e inconfesables acciones llevadas a cabo por la reina y sus más directos secuaces comenzaban a salir a la luz. Pronto sería inevitable la caída del Imperio... A no ser que...
Apremiada por la necesidad de desviar la atención hacia otro lado, la Reina, en un inteligente gesto de distracción, convocó al caballero de la orden de los Kleemola para que realizaran para él un vídeo con el que poder promocionarse en las numerosas ferias del condado. Todo estaba listo para su astuto golpe final...
Tras varios días de trabajo, y tras varios ensayos sobre cómo se debería enfocar el vídeo, los tres protagonistas presentaron el proyecto final. La Reina, anonadada por la capacidad creativa del grupo, trató de restar importacia a su trabajo levantando falsos testimonios y procurando que toda la corte conociera los hechos que ella misma había inventado. Sin embargo, al ver que su táctica no daba resultado decidió cambiar de estrategia. Ahora su venganza sí sería terrible...
Tras una intensa semana de trabajo para prepararlo todo para el rodaje del caballero Kleemola, los tres protagonistas de nuestro relato se encontraban listos para iniciar la grabación. Sin embargo, en un golpe de astucia sin precedentes, la Reina asumió el mando del rodaje y comenzó a ordenar a sus esclavos, menores de edad en su gran mayoría, que realizaran la grabación de acuerdo a sus propias directrices, obviando el trabajo realizado por los héroes de la historia. Todo estaba perdido.
Pero aún así, la venganza de la Reina no se había consumado, pues en sus malvados planes aún se contemplaba la posibilidad de que los trabajadores que estaban a su cargo se encargaran de las más rastreras partes del trabajo... de un trabajo del que habían sido expulsados el día de la grabación.
Y fue en ese momento, cuando la Reina estaba a punto de asestar su golpe definitivo, cuando, envalentonados por la situación en la que se encontraban, nuestros héroes decidieron plantarle cara. Y entonces ocurrió. La máscara de la Reina, que hasta entonces había presentado una imagen de satisfacción y condescendencia, se desquebrajó en mil pedazos, dejando a la luz el auténtico rostro de la monarca, que, sorprendiendo incluso a los propios protagonistas, resultó ser el de una malvada bruja a la que todo el reino daba por muerta años atrás.
Todas las acciones que había llevado a cabo hasta entonces vieron la luz, sumiéndose en un remolino de rayos y centellas que terminaron por absorver a la malvada mujer, que no pudo sino evidenciar que había perdido su última batalla.
Sin poder, y sin orgullo, la Reina se refugió en su alcoba a la espera de que nuestros valientes héroes, que habían aprendido que aunque sirvas a una reina no eres un sirviente, emprendieran de nuevo el camino que les llevaría hasta su hogar, el cual habían dejado por vivir una nueva experiencia, y al que finalmente regresaron habiendo vivido una nueva aventura.
Nos quedan 3 días en Jyväskylä.
martes 25 de noviembre de 2008
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