- ¡Esta noche ha nevado!
- Y eso, ¿qué quiere decir?
- Que el invierno ya está aquí.
- Perfecto. Ahora me subirán la cuota
del seguro de vida.
Había comentado en alguna entrada anterior que la temperatura en el país del frío no estaba siendo demasiado dura con nosotros. Confiados...
La verdad es que hace unos días que el termómetro ha bajado en caída libre hasta colocarse, cómoda y permanentemente en cotas que no superan los cero grados. Es lo típico, lo que cabe esperar... para lo que deberíamos estar preparados.
Lo cierto es que en Finlandia sí lo están, y resulta sorprendente encontrar lógica a cosas que, hasta la llegada de la nieve, parecían ilógicas. Por ejemplo, que aquí los pasos de peatones tienen balizas para poderlos identificar cuando están cubiertos, o que las aceras se llenan de piedrecillas (espolvoreadas con salero por una pequeña excavadora) para evitar que, con la formación de hielo, te resbales y te caigas. De hecho nos comentan que hay contables accidentes, algunos mortales, a causa de un mal resbalón terminado en golpe de cabeza contra el asfalto. ¡Uy, madre, qué miedo!
Pero aún resulta más curioso comprobar que aquí el frío no amilana a los conductores... sean de utilitario o de autobús. En el primero de los casos las ruedas de los vehículos se equipan con neumáticos que tienen adheridos clavos de un calibre considerable. En el segundo de los casos, la pericia del conductor salva situaciones como derrapes a la hora de llegar a la parada o de entrar a una rotonda. El sistema de frenado, aunque seguimos sin identificarlo, también cambia, ya que con la carretera cubierta de hielo el pedal junto al acelerador no funciona igual.
Y para practicar conducción en situaciones resbalosas, aquí gozan de meter el coche al lago (al lago helado, claro que si no se hunde) y practicar allí derrapes y trompos sin el peligro que supone hacerlo en una carretera transitada, con otros coches, peatones, policía...
Sin embargo, y si lo que quieres es experimentar el frío auténtico, el polar, lo que tienes que hacer es, sorprendentemente, viajar al norte. Concretamente al polo norte, al menos al comienzo del polo. Resulta una experiencia única el encontrarte en unos de esos lugares del globo con identidad propia, un selecto club de zonas (Sáhara, Ecuador, Triángulo de las Bermudas...) al que es difícil ingresar. Allí, en temporada baja, hemos podido "disfrutar" de cálidas temperaturas que han llegado a alcanzar los dieciséis grados bajo cero. Por supuesto, para luchar contra la inclemencia del tiempo existe una técnica, complicada pero efectiva, que consiste en forrarte lo más posible con capas y capas de ropa. No deben faltar dos pares de calcetines, un par de camisetas térmicas, bufanda, guantes, gorro esquimal... Los más frioleros pueden intentarlo con un traje de neopreno. Lo cierto es que aún así el frío logra traspasar la barrera y, si permaneces parado suficiente tiempo, logra helarte hasta los huesos.
El inconveniente de todo esto, eso sí, es que tardas una media de media hora en vestirte, a lo que hay que unir el hecho de que tu libertad de movimientos decrece exponencialmente al número de capas que añades a tu vestuario. Desventajas de no querer morir de hipotermia.
Si consigues tu objetivo, eso sí, podrás disfrutar de auténticos paisajes de postal. Es como vivir dentro de una...
Y si ya lo que quieres es comprobar cuál es el límite de resistencia de tu cuerpo, siempre te queda una opción que, por única, resulta impresionante.
Como comentaba en alguna otra entrada, el uso indiscriminado de la sauna hace que la mente viaje a un universo en el que lo más importante es encontrar el más difícil todavía para enfríar el cuerpo en los periodos de descanso. Y hete ahí que una de esas actividades es la de hacer un agujero en un lago helado para, tras achicharrarte entre los vapores, sumerjirte en la oscura profundidad del fondo abisal. Nota para quienes quieran intentarlo: el hielo no es fácil de romper... Aún con agua caliente, aún con herramientas, soprendentemente aún con un palo de escoba... Cuando lo consigues (una hora y cuarto después) todo está listo para zambullirte. ¡Qué gustito!
Y mientras empeora el tiempo, seguiremos mirando al cielo y comprobando cómo continúan cayendo esos copos de nieve que han transformado la ciudad, que nos han obligado a llevar más ropa encima y que han terminado por convertir nuestra estancia en una experiencia bajo cero.
Nos quedan 5 días en Jyväskylä.
domingo 23 de noviembre de 2008
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