miércoles 19 de noviembre de 2008

De patatas y chucrut

- ¿Qué hay hoy para comer?
- Creo que son... garbanzos.
- ¿Garbanzos?
- Eso parece.
- ¿Pero qué dices? Si son... ¡Argg!

Dicen, por aquello de que te mantiene vivo, que la alimentación es esencial en la vida del ser humano. No puedo estar más de acuerdo. Sin embargo también es cierto que, según la comida, a veces prefieres hacer dieta forzosa y pasar directamente al postre.
Si nos guiáramos por aquello de que la comida entra por los ojos, a veces, aquí en Finlandia, preferiríamos quedarnos ciegos.

No son pocas las veces que hemos pasado por el comedor de Mediapaja (os recuerdo que se pronuncia midiapaja, que ya os gusta hacer bromitas). En este inóspito lugar hemos tenido la oportunidad de probar diferentes platos de la cocina finlandesa. En la mayoría de los casos no obtienen el aprobado, pero es digno de mención en este blog el saber de qué se alimentan los nativos. Así que, cual experto redactor de la revista Consumer, me propongo en esta entrada diseccionar los platos de este suculento menú.

Para empezar, diremos que la cocina finlandesa desde luego no entra por los ojos. Lo comentaba más arriba; que tenga un aspecto apetecible es importante, pero es que aquí la comida ni siquiera tiene un aspecto comestible. Lo más cerca que hemos estado de una comida "normal" fueron un muslo de pollo y una paella (sí, lo habéis leído bien, paella, aunque tampoco os alegréis por nosotros: la receta no era demasiado buena...)

La falta de legumbres (aquí las lentejas se venden en tiendas tipo herbolario) se suple con... salchichas. Sí, es el sustituto normal, aunque nunca lo hayáis pensado. En realidad las salchichas pueden suplir cualquier alimento de los que allí consideráis básicos.
La sorpresa nos la llevamos el primer día, y es que al contemplar lo que nos esperaba en el recipiente self-service del comedor pensamos: "¡Anda!, el primer día y tenemos alubias". Craso error. Nadando entre lo que hubiéramos jurado que era un espesito caldo de cocido no encontramos el fruto de la vaina, sino trozos de salchicha astutamente camuflados... Primer día, primera decepción. No fue la última.

El catálogo de comidas pasa por "pero, ¿cómo pueden mezclar estos ingredientes?" hasta "pero, ¿qué es eso?". Y es que muchas veces no hemos logrado identificar lo que nos llevábamos a la boca (suponemos que, al menos, era comestible).
Los ejemplos que ilustran estos comentarios (intentaré esforzarme en la descripción) son: "Intento de sopa de pescado", que no es más que trozos de patata en cubitos con un caldo de pescado y tímidos trozos de ¿salmon?. "Mosaico de extravaganza", nombre éxotico que se me ocurre para una comida que parece hecha con los restos de las demás comidas, sin comentarios. O mi favorito, "mejunge blanco", una especie de pasta blanquecina densa como pocas veces he visto cosas densas en mi vida (en realidad lo más parecido que he visto a esta comida es el Liteplast que venden en Leroy Merlin para tapar agujeros en las paredes: igual color, igual textura, igual sabor...)

Todo lo anterior está acompañado con una ensalada en la que nunca, nunca falta el pepino. Les encanta. Les encanta tanto que lo ponen en absolutamente todo. Y la ensalada se puede aliñar con aceite y vinagre (extra fuerte y de nueces) o con una salsa blanca de sabor incatalogable.

Para beber, leche, que es sana y fortalece los huesos. Y el pan (por llamarlo de alguna manera, y es que llevamos casi dos meses añorando nuestras barras de pan recién hecho... en realidad añoramos una barra de pan duro...) se unta con distintas mantequillas. La más popular es la que incorpora ajo. ¡Uhm!

En un plano más elaborado que el de la comida de comedor, hemos catado una especie de canelones rellenos de carne que no estaban nada mal y de postre una tarta de chocolate y kiwi que, sinceramente y eso que a mí no me suelen gustar las tartas, estaba de muerte.

Sin embargo, y a pesar de las excepciones, la comida finlandesa nunca ganará un concurso culinario, y eso viniendo de una de las regiones donde mejor se come no hace sino empeorar la percepción global de que la comida aquí es sólo un mero trámite con el que mantenerse con vida. Afortunadamente pronto podremos disfrutar de nuevo de nuestros platos favoritos.

Nos quedan 9 días en Jyväskylä.