- Ha llegado el día.
- Sí.
- Parece que esto se acaba.
- No, esto no ha hecho más que empezar...
No resulta fácil comenzar a escribir la entrada que sabes que será la última. No es fácil porque las despedidas nunca lo son. Y a pesar de que estamos contentos por poder reencontrarnos con nuestros familiares y amigos (estamos como locos por abrazaros), la verdad es que el sentimiento agridulce que nos embarga es tal que nuestra marcha a casa la tomamos como el abandono del que se ha convertido en nuestro segundo hogar.
Es lo que tiene haber vivido tanto tiempo en un lugar, que al final te acostumbras a él. Y decir adiós a tu habitación, que al principio parecía pequeña, o a tu casa, que inicialmente parecía extraña, es un ejercicio que cuesta realizar.
Atrás dejamos compañeros de trabajo, compañeros de piso, amigos... Una forma de vida que sabemos que allí, en casa, no vamos a poder reproducir (ahora que ya nos habíamos acostumbrado a andar sobre el hielo...)
Resumir dos meses en unas pocas palabras no es sencillo. Creo que ni siquiera no lo voy a intentar. Dejaré esa labor para nuestra vuelta, para reunirnos en torno a una mesa con aquellos que llevan tanto tiempo esperándonos y contarles en primera persona nuestras aventuras, nuestros viajes, nuestras experiencias. Lo que habéis podido leer en este blog es sólo un apunte de lo que os espera.
Nos dijeron antes de nuestra partida que este tipo de experiencias te cambian la vida. Puede que sea verdad, lo comprobaremos en unos días, pero de lo que no cabe duda es que, para las tres personas que hemos podido disfrutar del privilegio de pasar dos meses en Finlandia, ahora comienza una nueva aventura. Puede que no sea definitiva, eso el tiempo lo dirá, pero sin duda es una de las más apasionantes. Estamos preparados para enfrentarnos a lo que nos espera en casa, estamos listos para arrasar.
Y mientras terminamos de hacer las maletas, arrepintiéndonos de haber comprado tantas cosas que no conseguimos cerrarlas, pensamos en lo que fue y en lo que pudo haber sido. Balance final. Sopesar lo que ha ido bien, lo que no ha ido tan bien, lo que esperábamos y lo que nos hemos encontrado, en todo lo que podría haber salido mal... Las anécdotas que nunca olvidaremos y que volverán a hacernos reir... Momentos que sólo hemos compartido nosotros y que sólo nosotros podremos volver a revivir.
Dice uno de nosotros:
"Siempre es bueno pararte a mitad de camino hacia el monte del destino para así poder darte cuenta de lo que has caminado, reponer pilas y mirar al horizonte que te espera."
Dice otro:
"Gracias por darnos la oportunidad de vivir una experiencia inolvidable como esta con estos dos grandes amigos."
Dice el tercero:
"Ojalá nunca perdamos lo que hemos ganado aquí, porque ha sido tan importante que sólo nos ha podido cambiar para mejor."
El juego de adivinar quién ha dicho cada frase es nuestra despedida. Al fin y al cabo vinimos tres y nos vamos uno. Se ha acabado nuestro tiempo aquí.
Nos queda un día menos para volver a Jyväskylä.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
martes, 25 de noviembre de 2008
De castillos encantados y malvadas brujas
- Anoche me costó mucho dormir.
- Yo cuando no puedo dormir, imagino una historia.
- ¿Y qué historia vas a imaginar aquí...?
Como todo cuento que merece ser contado, nuestra historia tiene lugar en un país muy, muy lejano, mucho más lejano que Andorra. Hasta allí, víctimas de un cruel hechizo que les había hecho creer que iban a desarrollar sus capacidades laborales, fueron a parar los tres protagonistas de nuestra historia. Confiados en hacer aquello para lo que se les había encomendado, se presentaron ilusionados en la fortaleza del Reino de Mediapaja, un lugar sombrío del que en el pueblo se habían oído rumores acerca de su malvada caudilla.
Recibidos con entusiasmo por el leal segundo de la reina, los tres aguerridos héroes pudieron dar un primer vistazo a las lujosas instalaciones del palacio: un estudio equipado con la última tecnología, ordenadores portátiles por doquier, incluso un traje de captura de movimientos. Todas las riquezas que habían podido imaginar estaban allí, esperando para ellos. Estaban ansiosos por empezar...
Y no tardaron mucho tiempo en conocer a la anfitriona de aquella fortaleza. La Reina Tiina II, de quien decían que era una gran gobernanta, se presentó con varios proyectos para los inocentes protagonistas. Sentados alrededor de una mesa cuadrada, pronto comenzaron a trabajar en aquello que les habían ordenado. Pero la astuta reina, que no quería que los nuevos trabajadores usmearan en sus asuntos, les dejó a cargo de uno de sus más allegados secuaces... el (moreno) elfo Sami.
Junto a él diseñaron los que serían sus dos primeros proyectos. Ansiosos de ver cómo su trabajo daba frutos, esperaron que todo aquello que habían plasmado en papel, y en lo que tanto empeño habían puesto, viera por fin la luz en forma de realización en directo. Sin embargo, el hechizo que se cernía sobre ellos impidió que todo aquello tomara forma, diluyéndose como un azucarillo en un amargo café doble con un chorrito de nata líquida...
A medida que el tiempo pasaba, la Reina, que cada vez se ausentaba más de sus labores reales, viajando en carroza hasta el vecino reino de Helsinkania, les encomendaba más y más trabajos que, finalmente, no iban a parar a ningún sitio. Nuestros héroes comenzaban a impacientarse, más aún cuando el torneo anual de Avid, cuya inscripción costaba más de mil euros, y que otorgaba al ganador el título de Editor Supremo del Reino, no terminaba de celebrarse debido a las inquietudes de la Reina, que cada día se ponía más nerviosa al comprobar cómo sus súbditos empezaban a descubrir secretos acerca de su forma de gobernar.
Necesitada de controlar aún más a nuestros protagonistas, la Reina decidió contar con los favores de un orco, el cual debía cumplir una condena de trece meses de trabajos forzados por negarse a alistarse en las tropas del reino. Sin embargo, el plan de la reina de controlar más de cerca a sus trabajadores no resultó del todo bien, ya que el orco pronto se alió con ellos para descubrirles los secretos del castillo.
Traiciones, robos, chucrut... todas y cada una de las incontables e inconfesables acciones llevadas a cabo por la reina y sus más directos secuaces comenzaban a salir a la luz. Pronto sería inevitable la caída del Imperio... A no ser que...
Apremiada por la necesidad de desviar la atención hacia otro lado, la Reina, en un inteligente gesto de distracción, convocó al caballero de la orden de los Kleemola para que realizaran para él un vídeo con el que poder promocionarse en las numerosas ferias del condado. Todo estaba listo para su astuto golpe final...
Tras varios días de trabajo, y tras varios ensayos sobre cómo se debería enfocar el vídeo, los tres protagonistas presentaron el proyecto final. La Reina, anonadada por la capacidad creativa del grupo, trató de restar importacia a su trabajo levantando falsos testimonios y procurando que toda la corte conociera los hechos que ella misma había inventado. Sin embargo, al ver que su táctica no daba resultado decidió cambiar de estrategia. Ahora su venganza sí sería terrible...
Tras una intensa semana de trabajo para prepararlo todo para el rodaje del caballero Kleemola, los tres protagonistas de nuestro relato se encontraban listos para iniciar la grabación. Sin embargo, en un golpe de astucia sin precedentes, la Reina asumió el mando del rodaje y comenzó a ordenar a sus esclavos, menores de edad en su gran mayoría, que realizaran la grabación de acuerdo a sus propias directrices, obviando el trabajo realizado por los héroes de la historia. Todo estaba perdido.
Pero aún así, la venganza de la Reina no se había consumado, pues en sus malvados planes aún se contemplaba la posibilidad de que los trabajadores que estaban a su cargo se encargaran de las más rastreras partes del trabajo... de un trabajo del que habían sido expulsados el día de la grabación.
Y fue en ese momento, cuando la Reina estaba a punto de asestar su golpe definitivo, cuando, envalentonados por la situación en la que se encontraban, nuestros héroes decidieron plantarle cara. Y entonces ocurrió. La máscara de la Reina, que hasta entonces había presentado una imagen de satisfacción y condescendencia, se desquebrajó en mil pedazos, dejando a la luz el auténtico rostro de la monarca, que, sorprendiendo incluso a los propios protagonistas, resultó ser el de una malvada bruja a la que todo el reino daba por muerta años atrás.
Todas las acciones que había llevado a cabo hasta entonces vieron la luz, sumiéndose en un remolino de rayos y centellas que terminaron por absorver a la malvada mujer, que no pudo sino evidenciar que había perdido su última batalla.
Sin poder, y sin orgullo, la Reina se refugió en su alcoba a la espera de que nuestros valientes héroes, que habían aprendido que aunque sirvas a una reina no eres un sirviente, emprendieran de nuevo el camino que les llevaría hasta su hogar, el cual habían dejado por vivir una nueva experiencia, y al que finalmente regresaron habiendo vivido una nueva aventura.
Nos quedan 3 días en Jyväskylä.
- Yo cuando no puedo dormir, imagino una historia.
- ¿Y qué historia vas a imaginar aquí...?
Como todo cuento que merece ser contado, nuestra historia tiene lugar en un país muy, muy lejano, mucho más lejano que Andorra. Hasta allí, víctimas de un cruel hechizo que les había hecho creer que iban a desarrollar sus capacidades laborales, fueron a parar los tres protagonistas de nuestra historia. Confiados en hacer aquello para lo que se les había encomendado, se presentaron ilusionados en la fortaleza del Reino de Mediapaja, un lugar sombrío del que en el pueblo se habían oído rumores acerca de su malvada caudilla.
Recibidos con entusiasmo por el leal segundo de la reina, los tres aguerridos héroes pudieron dar un primer vistazo a las lujosas instalaciones del palacio: un estudio equipado con la última tecnología, ordenadores portátiles por doquier, incluso un traje de captura de movimientos. Todas las riquezas que habían podido imaginar estaban allí, esperando para ellos. Estaban ansiosos por empezar...
Y no tardaron mucho tiempo en conocer a la anfitriona de aquella fortaleza. La Reina Tiina II, de quien decían que era una gran gobernanta, se presentó con varios proyectos para los inocentes protagonistas. Sentados alrededor de una mesa cuadrada, pronto comenzaron a trabajar en aquello que les habían ordenado. Pero la astuta reina, que no quería que los nuevos trabajadores usmearan en sus asuntos, les dejó a cargo de uno de sus más allegados secuaces... el (moreno) elfo Sami.
Junto a él diseñaron los que serían sus dos primeros proyectos. Ansiosos de ver cómo su trabajo daba frutos, esperaron que todo aquello que habían plasmado en papel, y en lo que tanto empeño habían puesto, viera por fin la luz en forma de realización en directo. Sin embargo, el hechizo que se cernía sobre ellos impidió que todo aquello tomara forma, diluyéndose como un azucarillo en un amargo café doble con un chorrito de nata líquida...
A medida que el tiempo pasaba, la Reina, que cada vez se ausentaba más de sus labores reales, viajando en carroza hasta el vecino reino de Helsinkania, les encomendaba más y más trabajos que, finalmente, no iban a parar a ningún sitio. Nuestros héroes comenzaban a impacientarse, más aún cuando el torneo anual de Avid, cuya inscripción costaba más de mil euros, y que otorgaba al ganador el título de Editor Supremo del Reino, no terminaba de celebrarse debido a las inquietudes de la Reina, que cada día se ponía más nerviosa al comprobar cómo sus súbditos empezaban a descubrir secretos acerca de su forma de gobernar.
Necesitada de controlar aún más a nuestros protagonistas, la Reina decidió contar con los favores de un orco, el cual debía cumplir una condena de trece meses de trabajos forzados por negarse a alistarse en las tropas del reino. Sin embargo, el plan de la reina de controlar más de cerca a sus trabajadores no resultó del todo bien, ya que el orco pronto se alió con ellos para descubrirles los secretos del castillo.
Traiciones, robos, chucrut... todas y cada una de las incontables e inconfesables acciones llevadas a cabo por la reina y sus más directos secuaces comenzaban a salir a la luz. Pronto sería inevitable la caída del Imperio... A no ser que...
Apremiada por la necesidad de desviar la atención hacia otro lado, la Reina, en un inteligente gesto de distracción, convocó al caballero de la orden de los Kleemola para que realizaran para él un vídeo con el que poder promocionarse en las numerosas ferias del condado. Todo estaba listo para su astuto golpe final...
Tras varios días de trabajo, y tras varios ensayos sobre cómo se debería enfocar el vídeo, los tres protagonistas presentaron el proyecto final. La Reina, anonadada por la capacidad creativa del grupo, trató de restar importacia a su trabajo levantando falsos testimonios y procurando que toda la corte conociera los hechos que ella misma había inventado. Sin embargo, al ver que su táctica no daba resultado decidió cambiar de estrategia. Ahora su venganza sí sería terrible...
Tras una intensa semana de trabajo para prepararlo todo para el rodaje del caballero Kleemola, los tres protagonistas de nuestro relato se encontraban listos para iniciar la grabación. Sin embargo, en un golpe de astucia sin precedentes, la Reina asumió el mando del rodaje y comenzó a ordenar a sus esclavos, menores de edad en su gran mayoría, que realizaran la grabación de acuerdo a sus propias directrices, obviando el trabajo realizado por los héroes de la historia. Todo estaba perdido.
Pero aún así, la venganza de la Reina no se había consumado, pues en sus malvados planes aún se contemplaba la posibilidad de que los trabajadores que estaban a su cargo se encargaran de las más rastreras partes del trabajo... de un trabajo del que habían sido expulsados el día de la grabación.
Y fue en ese momento, cuando la Reina estaba a punto de asestar su golpe definitivo, cuando, envalentonados por la situación en la que se encontraban, nuestros héroes decidieron plantarle cara. Y entonces ocurrió. La máscara de la Reina, que hasta entonces había presentado una imagen de satisfacción y condescendencia, se desquebrajó en mil pedazos, dejando a la luz el auténtico rostro de la monarca, que, sorprendiendo incluso a los propios protagonistas, resultó ser el de una malvada bruja a la que todo el reino daba por muerta años atrás.
Todas las acciones que había llevado a cabo hasta entonces vieron la luz, sumiéndose en un remolino de rayos y centellas que terminaron por absorver a la malvada mujer, que no pudo sino evidenciar que había perdido su última batalla.
Sin poder, y sin orgullo, la Reina se refugió en su alcoba a la espera de que nuestros valientes héroes, que habían aprendido que aunque sirvas a una reina no eres un sirviente, emprendieran de nuevo el camino que les llevaría hasta su hogar, el cual habían dejado por vivir una nueva experiencia, y al que finalmente regresaron habiendo vivido una nueva aventura.
Nos quedan 3 días en Jyväskylä.
domingo, 23 de noviembre de 2008
De hielo y piedras
- ¡Esta noche ha nevado!
- Y eso, ¿qué quiere decir?
- Que el invierno ya está aquí.
- Perfecto. Ahora me subirán la cuota
del seguro de vida.
Había comentado en alguna entrada anterior que la temperatura en el país del frío no estaba siendo demasiado dura con nosotros. Confiados...
La verdad es que hace unos días que el termómetro ha bajado en caída libre hasta colocarse, cómoda y permanentemente en cotas que no superan los cero grados. Es lo típico, lo que cabe esperar... para lo que deberíamos estar preparados.
Lo cierto es que en Finlandia sí lo están, y resulta sorprendente encontrar lógica a cosas que, hasta la llegada de la nieve, parecían ilógicas. Por ejemplo, que aquí los pasos de peatones tienen balizas para poderlos identificar cuando están cubiertos, o que las aceras se llenan de piedrecillas (espolvoreadas con salero por una pequeña excavadora) para evitar que, con la formación de hielo, te resbales y te caigas. De hecho nos comentan que hay contables accidentes, algunos mortales, a causa de un mal resbalón terminado en golpe de cabeza contra el asfalto. ¡Uy, madre, qué miedo!
Pero aún resulta más curioso comprobar que aquí el frío no amilana a los conductores... sean de utilitario o de autobús. En el primero de los casos las ruedas de los vehículos se equipan con neumáticos que tienen adheridos clavos de un calibre considerable. En el segundo de los casos, la pericia del conductor salva situaciones como derrapes a la hora de llegar a la parada o de entrar a una rotonda. El sistema de frenado, aunque seguimos sin identificarlo, también cambia, ya que con la carretera cubierta de hielo el pedal junto al acelerador no funciona igual.
Y para practicar conducción en situaciones resbalosas, aquí gozan de meter el coche al lago (al lago helado, claro que si no se hunde) y practicar allí derrapes y trompos sin el peligro que supone hacerlo en una carretera transitada, con otros coches, peatones, policía...
Sin embargo, y si lo que quieres es experimentar el frío auténtico, el polar, lo que tienes que hacer es, sorprendentemente, viajar al norte. Concretamente al polo norte, al menos al comienzo del polo. Resulta una experiencia única el encontrarte en unos de esos lugares del globo con identidad propia, un selecto club de zonas (Sáhara, Ecuador, Triángulo de las Bermudas...) al que es difícil ingresar. Allí, en temporada baja, hemos podido "disfrutar" de cálidas temperaturas que han llegado a alcanzar los dieciséis grados bajo cero. Por supuesto, para luchar contra la inclemencia del tiempo existe una técnica, complicada pero efectiva, que consiste en forrarte lo más posible con capas y capas de ropa. No deben faltar dos pares de calcetines, un par de camisetas térmicas, bufanda, guantes, gorro esquimal... Los más frioleros pueden intentarlo con un traje de neopreno. Lo cierto es que aún así el frío logra traspasar la barrera y, si permaneces parado suficiente tiempo, logra helarte hasta los huesos.
El inconveniente de todo esto, eso sí, es que tardas una media de media hora en vestirte, a lo que hay que unir el hecho de que tu libertad de movimientos decrece exponencialmente al número de capas que añades a tu vestuario. Desventajas de no querer morir de hipotermia.
Si consigues tu objetivo, eso sí, podrás disfrutar de auténticos paisajes de postal. Es como vivir dentro de una...
Y si ya lo que quieres es comprobar cuál es el límite de resistencia de tu cuerpo, siempre te queda una opción que, por única, resulta impresionante.
Como comentaba en alguna otra entrada, el uso indiscriminado de la sauna hace que la mente viaje a un universo en el que lo más importante es encontrar el más difícil todavía para enfríar el cuerpo en los periodos de descanso. Y hete ahí que una de esas actividades es la de hacer un agujero en un lago helado para, tras achicharrarte entre los vapores, sumerjirte en la oscura profundidad del fondo abisal. Nota para quienes quieran intentarlo: el hielo no es fácil de romper... Aún con agua caliente, aún con herramientas, soprendentemente aún con un palo de escoba... Cuando lo consigues (una hora y cuarto después) todo está listo para zambullirte. ¡Qué gustito!
Y mientras empeora el tiempo, seguiremos mirando al cielo y comprobando cómo continúan cayendo esos copos de nieve que han transformado la ciudad, que nos han obligado a llevar más ropa encima y que han terminado por convertir nuestra estancia en una experiencia bajo cero.
Nos quedan 5 días en Jyväskylä.
- Y eso, ¿qué quiere decir?
- Que el invierno ya está aquí.
- Perfecto. Ahora me subirán la cuota
del seguro de vida.
Había comentado en alguna entrada anterior que la temperatura en el país del frío no estaba siendo demasiado dura con nosotros. Confiados...
La verdad es que hace unos días que el termómetro ha bajado en caída libre hasta colocarse, cómoda y permanentemente en cotas que no superan los cero grados. Es lo típico, lo que cabe esperar... para lo que deberíamos estar preparados.
Lo cierto es que en Finlandia sí lo están, y resulta sorprendente encontrar lógica a cosas que, hasta la llegada de la nieve, parecían ilógicas. Por ejemplo, que aquí los pasos de peatones tienen balizas para poderlos identificar cuando están cubiertos, o que las aceras se llenan de piedrecillas (espolvoreadas con salero por una pequeña excavadora) para evitar que, con la formación de hielo, te resbales y te caigas. De hecho nos comentan que hay contables accidentes, algunos mortales, a causa de un mal resbalón terminado en golpe de cabeza contra el asfalto. ¡Uy, madre, qué miedo!
Pero aún resulta más curioso comprobar que aquí el frío no amilana a los conductores... sean de utilitario o de autobús. En el primero de los casos las ruedas de los vehículos se equipan con neumáticos que tienen adheridos clavos de un calibre considerable. En el segundo de los casos, la pericia del conductor salva situaciones como derrapes a la hora de llegar a la parada o de entrar a una rotonda. El sistema de frenado, aunque seguimos sin identificarlo, también cambia, ya que con la carretera cubierta de hielo el pedal junto al acelerador no funciona igual.
Y para practicar conducción en situaciones resbalosas, aquí gozan de meter el coche al lago (al lago helado, claro que si no se hunde) y practicar allí derrapes y trompos sin el peligro que supone hacerlo en una carretera transitada, con otros coches, peatones, policía...
Sin embargo, y si lo que quieres es experimentar el frío auténtico, el polar, lo que tienes que hacer es, sorprendentemente, viajar al norte. Concretamente al polo norte, al menos al comienzo del polo. Resulta una experiencia única el encontrarte en unos de esos lugares del globo con identidad propia, un selecto club de zonas (Sáhara, Ecuador, Triángulo de las Bermudas...) al que es difícil ingresar. Allí, en temporada baja, hemos podido "disfrutar" de cálidas temperaturas que han llegado a alcanzar los dieciséis grados bajo cero. Por supuesto, para luchar contra la inclemencia del tiempo existe una técnica, complicada pero efectiva, que consiste en forrarte lo más posible con capas y capas de ropa. No deben faltar dos pares de calcetines, un par de camisetas térmicas, bufanda, guantes, gorro esquimal... Los más frioleros pueden intentarlo con un traje de neopreno. Lo cierto es que aún así el frío logra traspasar la barrera y, si permaneces parado suficiente tiempo, logra helarte hasta los huesos.
El inconveniente de todo esto, eso sí, es que tardas una media de media hora en vestirte, a lo que hay que unir el hecho de que tu libertad de movimientos decrece exponencialmente al número de capas que añades a tu vestuario. Desventajas de no querer morir de hipotermia.
Si consigues tu objetivo, eso sí, podrás disfrutar de auténticos paisajes de postal. Es como vivir dentro de una...
Y si ya lo que quieres es comprobar cuál es el límite de resistencia de tu cuerpo, siempre te queda una opción que, por única, resulta impresionante.
Como comentaba en alguna otra entrada, el uso indiscriminado de la sauna hace que la mente viaje a un universo en el que lo más importante es encontrar el más difícil todavía para enfríar el cuerpo en los periodos de descanso. Y hete ahí que una de esas actividades es la de hacer un agujero en un lago helado para, tras achicharrarte entre los vapores, sumerjirte en la oscura profundidad del fondo abisal. Nota para quienes quieran intentarlo: el hielo no es fácil de romper... Aún con agua caliente, aún con herramientas, soprendentemente aún con un palo de escoba... Cuando lo consigues (una hora y cuarto después) todo está listo para zambullirte. ¡Qué gustito!
Y mientras empeora el tiempo, seguiremos mirando al cielo y comprobando cómo continúan cayendo esos copos de nieve que han transformado la ciudad, que nos han obligado a llevar más ropa encima y que han terminado por convertir nuestra estancia en una experiencia bajo cero.
Nos quedan 5 días en Jyväskylä.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
De patatas y chucrut
- ¿Qué hay hoy para comer?
- Creo que son... garbanzos.
- ¿Garbanzos?
- Eso parece.
- ¿Pero qué dices? Si son... ¡Argg!
Dicen, por aquello de que te mantiene vivo, que la alimentación es esencial en la vida del ser humano. No puedo estar más de acuerdo. Sin embargo también es cierto que, según la comida, a veces prefieres hacer dieta forzosa y pasar directamente al postre.
Si nos guiáramos por aquello de que la comida entra por los ojos, a veces, aquí en Finlandia, preferiríamos quedarnos ciegos.
No son pocas las veces que hemos pasado por el comedor de Mediapaja (os recuerdo que se pronuncia midiapaja, que ya os gusta hacer bromitas). En este inóspito lugar hemos tenido la oportunidad de probar diferentes platos de la cocina finlandesa. En la mayoría de los casos no obtienen el aprobado, pero es digno de mención en este blog el saber de qué se alimentan los nativos. Así que, cual experto redactor de la revista Consumer, me propongo en esta entrada diseccionar los platos de este suculento menú.
Para empezar, diremos que la cocina finlandesa desde luego no entra por los ojos. Lo comentaba más arriba; que tenga un aspecto apetecible es importante, pero es que aquí la comida ni siquiera tiene un aspecto comestible. Lo más cerca que hemos estado de una comida "normal" fueron un muslo de pollo y una paella (sí, lo habéis leído bien, paella, aunque tampoco os alegréis por nosotros: la receta no era demasiado buena...)
La falta de legumbres (aquí las lentejas se venden en tiendas tipo herbolario) se suple con... salchichas. Sí, es el sustituto normal, aunque nunca lo hayáis pensado. En realidad las salchichas pueden suplir cualquier alimento de los que allí consideráis básicos.
La sorpresa nos la llevamos el primer día, y es que al contemplar lo que nos esperaba en el recipiente self-service del comedor pensamos: "¡Anda!, el primer día y tenemos alubias". Craso error. Nadando entre lo que hubiéramos jurado que era un espesito caldo de cocido no encontramos el fruto de la vaina, sino trozos de salchicha astutamente camuflados... Primer día, primera decepción. No fue la última.
El catálogo de comidas pasa por "pero, ¿cómo pueden mezclar estos ingredientes?" hasta "pero, ¿qué es eso?". Y es que muchas veces no hemos logrado identificar lo que nos llevábamos a la boca (suponemos que, al menos, era comestible).
Los ejemplos que ilustran estos comentarios (intentaré esforzarme en la descripción) son: "Intento de sopa de pescado", que no es más que trozos de patata en cubitos con un caldo de pescado y tímidos trozos de ¿salmon?. "Mosaico de extravaganza", nombre éxotico que se me ocurre para una comida que parece hecha con los restos de las demás comidas, sin comentarios. O mi favorito, "mejunge blanco", una especie de pasta blanquecina densa como pocas veces he visto cosas densas en mi vida (en realidad lo más parecido que he visto a esta comida es el Liteplast que venden en Leroy Merlin para tapar agujeros en las paredes: igual color, igual textura, igual sabor...)
Todo lo anterior está acompañado con una ensalada en la que nunca, nunca falta el pepino. Les encanta. Les encanta tanto que lo ponen en absolutamente todo. Y la ensalada se puede aliñar con aceite y vinagre (extra fuerte y de nueces) o con una salsa blanca de sabor incatalogable.
Para beber, leche, que es sana y fortalece los huesos. Y el pan (por llamarlo de alguna manera, y es que llevamos casi dos meses añorando nuestras barras de pan recién hecho... en realidad añoramos una barra de pan duro...) se unta con distintas mantequillas. La más popular es la que incorpora ajo. ¡Uhm!
En un plano más elaborado que el de la comida de comedor, hemos catado una especie de canelones rellenos de carne que no estaban nada mal y de postre una tarta de chocolate y kiwi que, sinceramente y eso que a mí no me suelen gustar las tartas, estaba de muerte.
Sin embargo, y a pesar de las excepciones, la comida finlandesa nunca ganará un concurso culinario, y eso viniendo de una de las regiones donde mejor se come no hace sino empeorar la percepción global de que la comida aquí es sólo un mero trámite con el que mantenerse con vida. Afortunadamente pronto podremos disfrutar de nuevo de nuestros platos favoritos.
Nos quedan 9 días en Jyväskylä.
- Creo que son... garbanzos.
- ¿Garbanzos?
- Eso parece.
- ¿Pero qué dices? Si son... ¡Argg!
Dicen, por aquello de que te mantiene vivo, que la alimentación es esencial en la vida del ser humano. No puedo estar más de acuerdo. Sin embargo también es cierto que, según la comida, a veces prefieres hacer dieta forzosa y pasar directamente al postre.
Si nos guiáramos por aquello de que la comida entra por los ojos, a veces, aquí en Finlandia, preferiríamos quedarnos ciegos.
No son pocas las veces que hemos pasado por el comedor de Mediapaja (os recuerdo que se pronuncia midiapaja, que ya os gusta hacer bromitas). En este inóspito lugar hemos tenido la oportunidad de probar diferentes platos de la cocina finlandesa. En la mayoría de los casos no obtienen el aprobado, pero es digno de mención en este blog el saber de qué se alimentan los nativos. Así que, cual experto redactor de la revista Consumer, me propongo en esta entrada diseccionar los platos de este suculento menú.
Para empezar, diremos que la cocina finlandesa desde luego no entra por los ojos. Lo comentaba más arriba; que tenga un aspecto apetecible es importante, pero es que aquí la comida ni siquiera tiene un aspecto comestible. Lo más cerca que hemos estado de una comida "normal" fueron un muslo de pollo y una paella (sí, lo habéis leído bien, paella, aunque tampoco os alegréis por nosotros: la receta no era demasiado buena...)
La falta de legumbres (aquí las lentejas se venden en tiendas tipo herbolario) se suple con... salchichas. Sí, es el sustituto normal, aunque nunca lo hayáis pensado. En realidad las salchichas pueden suplir cualquier alimento de los que allí consideráis básicos.
La sorpresa nos la llevamos el primer día, y es que al contemplar lo que nos esperaba en el recipiente self-service del comedor pensamos: "¡Anda!, el primer día y tenemos alubias". Craso error. Nadando entre lo que hubiéramos jurado que era un espesito caldo de cocido no encontramos el fruto de la vaina, sino trozos de salchicha astutamente camuflados... Primer día, primera decepción. No fue la última.
El catálogo de comidas pasa por "pero, ¿cómo pueden mezclar estos ingredientes?" hasta "pero, ¿qué es eso?". Y es que muchas veces no hemos logrado identificar lo que nos llevábamos a la boca (suponemos que, al menos, era comestible).
Los ejemplos que ilustran estos comentarios (intentaré esforzarme en la descripción) son: "Intento de sopa de pescado", que no es más que trozos de patata en cubitos con un caldo de pescado y tímidos trozos de ¿salmon?. "Mosaico de extravaganza", nombre éxotico que se me ocurre para una comida que parece hecha con los restos de las demás comidas, sin comentarios. O mi favorito, "mejunge blanco", una especie de pasta blanquecina densa como pocas veces he visto cosas densas en mi vida (en realidad lo más parecido que he visto a esta comida es el Liteplast que venden en Leroy Merlin para tapar agujeros en las paredes: igual color, igual textura, igual sabor...)
Todo lo anterior está acompañado con una ensalada en la que nunca, nunca falta el pepino. Les encanta. Les encanta tanto que lo ponen en absolutamente todo. Y la ensalada se puede aliñar con aceite y vinagre (extra fuerte y de nueces) o con una salsa blanca de sabor incatalogable.
Para beber, leche, que es sana y fortalece los huesos. Y el pan (por llamarlo de alguna manera, y es que llevamos casi dos meses añorando nuestras barras de pan recién hecho... en realidad añoramos una barra de pan duro...) se unta con distintas mantequillas. La más popular es la que incorpora ajo. ¡Uhm!
En un plano más elaborado que el de la comida de comedor, hemos catado una especie de canelones rellenos de carne que no estaban nada mal y de postre una tarta de chocolate y kiwi que, sinceramente y eso que a mí no me suelen gustar las tartas, estaba de muerte.
Sin embargo, y a pesar de las excepciones, la comida finlandesa nunca ganará un concurso culinario, y eso viniendo de una de las regiones donde mejor se come no hace sino empeorar la percepción global de que la comida aquí es sólo un mero trámite con el que mantenerse con vida. Afortunadamente pronto podremos disfrutar de nuevo de nuestros platos favoritos.
Nos quedan 9 días en Jyväskylä.
lunes, 17 de noviembre de 2008
De finlandeses y finlandesas
- Creo que esa chica de ahí me ha lanzado una miradita.
- Sí, una mirada asesina.
- Lo que pasa es que tienes envidia.
- Sí, me encantaría que me atravesaran con la mirada...
Finlandia, para sopresa de algunos, está habitada. Resulta que ni el frío ni la falta de luz han conseguido que esta parte del planeta se quede sin la huella del ser humano. Si es que ya se olía desde los tiempos romanos que el ansia de conquista llevaría al hombre a los lugares más insospechados.
Pero como siempre, en todas partes cuecen habas. Sí, es verdad, pero no con la misma receta. Y para el que se haya perdido con la analogía, aclararé que lo que vamos a estudiar hoy son los pequeños detalles que hacen a los finlandeses, finlandeses.
Y para empezar, y como en el fondo la superficialidad mola, hablaremos de su aspecto exterior. Resumamos para luego extendernos: los finlandeses son feos. Son rubios, sí, pero feos. Son altos, sí, pero altos y feos. No es que no haya guapos, supongo que sí, pero si los hay los tienen escondidos.
Puede resultar banal hablar de algo así, pero la verdad es que cuando aterrizas en el país nórdico, lo que esperas encontrar (porque es lo que se supone que vas a encontrar) son rubias imponentes de piernas largas y rubios con pecho esculpido. Pero lo cierto es que, como el ser humano es ese ser caprichoso que siempre quiere lo que no tiene, si allí (en casa) el tinte de L'Oréal más vendido es el rubio, aquí es el moreno. O sea, que en la tierra de los albinos triunfa lo oscuro. Y no sólo en el pelo, el vestuario también juega una parte importate de la iconoclasia de los finlandeses. El rollo punk que se respira es tal, que a veces da la sensación de estar en una reunión de góticos perpetua.
Entre los hombres es muy popular el look "me dejo el pelo largo y me lo tinto de oscuro porque es cool", mientras que las mujeres abren un abanico de posibilidades mucho mayor. Está el estilo "me rapo la sien de un lado al cero, pero la otra no porque me va lo asimétrico", el rollo "me depilo las cejas al cero y luego me tatúo unas más guays porque así no me tengo que depilar más, aunque tampoco cambio de expresión en la cara" o mi favorito "me dejo el flequillo largo, para que me tape un ojo y, con la cara de cabreada que llevo, parezco más cabreada". ¡Estos niños!
Pero no sólo del físico vive el hombre. Las costumbres de los finlandeses también pasan por invitar a sus hijos a marcharse de casa el día de su decimo octavo cumpleaños. De hecho, ese día, el regalo más popular es una maleta. Ayuda, eso sí, que el gobierno te da 500 euros al mes, así, para que vayas tirando hasta que encuentres un curro. Además aquí las viviendas de alquiler tienen un precio más asequible (el alquiler está muy arraigado en esta sociedad). Más complicado lo tienes si te pones enfermo, porque si bien la sanidad es pública, cada día de estancia en el hospital te supone 25 euros más en tu factura final. Con razón la salud de los finlandeses es tan buena, con esos precios no se ponen malos ni queriendo.
Pero sin duda, lo que más llama la atención es el pasatiempo preferido de los finlandeses (los escrupulosos pueden pasar al siguiente párrafo). Lo práctican en la calle, mientras esperan el autobús, mientras charlan con sus amigos, mientras disfrutan de un poco de sol. Les encanta. Les encanta escupir. Y lo hacen ordenadamente, claro. Se colocan en corro y sueltan el lapo en el centro del mismo. Primero uno, luego el de su derecha, después el siguiente... Como allí pasamos turno cuando jugamos a las cartas, aquí se pasan la oportunidad de soltar otro salibajo. Es encantador. Y ahora, con el frío, el charquito que dejan se congela, con lo que su señal aguanta mucho más el paso del tiempo. Debe ser que les gusta marcar territorio, y la verdad, con el frío que hace tampoco apetece mucho sacar la...
Pero en definitiva, lo que cuenta es que cada persona es un mundo, y el mundo hay muchas personas. Que sean diferentes no significa que no sean buenos. Compréndelos y aprenderás a amarlos. Ámalos y terminarás pareciéndote a ellos. Quedamos para escupir.
Nos quedan 11 días en Jyväskylä.
- Sí, una mirada asesina.
- Lo que pasa es que tienes envidia.
- Sí, me encantaría que me atravesaran con la mirada...
Finlandia, para sopresa de algunos, está habitada. Resulta que ni el frío ni la falta de luz han conseguido que esta parte del planeta se quede sin la huella del ser humano. Si es que ya se olía desde los tiempos romanos que el ansia de conquista llevaría al hombre a los lugares más insospechados.
Pero como siempre, en todas partes cuecen habas. Sí, es verdad, pero no con la misma receta. Y para el que se haya perdido con la analogía, aclararé que lo que vamos a estudiar hoy son los pequeños detalles que hacen a los finlandeses, finlandeses.
Y para empezar, y como en el fondo la superficialidad mola, hablaremos de su aspecto exterior. Resumamos para luego extendernos: los finlandeses son feos. Son rubios, sí, pero feos. Son altos, sí, pero altos y feos. No es que no haya guapos, supongo que sí, pero si los hay los tienen escondidos.
Puede resultar banal hablar de algo así, pero la verdad es que cuando aterrizas en el país nórdico, lo que esperas encontrar (porque es lo que se supone que vas a encontrar) son rubias imponentes de piernas largas y rubios con pecho esculpido. Pero lo cierto es que, como el ser humano es ese ser caprichoso que siempre quiere lo que no tiene, si allí (en casa) el tinte de L'Oréal más vendido es el rubio, aquí es el moreno. O sea, que en la tierra de los albinos triunfa lo oscuro. Y no sólo en el pelo, el vestuario también juega una parte importate de la iconoclasia de los finlandeses. El rollo punk que se respira es tal, que a veces da la sensación de estar en una reunión de góticos perpetua.
Entre los hombres es muy popular el look "me dejo el pelo largo y me lo tinto de oscuro porque es cool", mientras que las mujeres abren un abanico de posibilidades mucho mayor. Está el estilo "me rapo la sien de un lado al cero, pero la otra no porque me va lo asimétrico", el rollo "me depilo las cejas al cero y luego me tatúo unas más guays porque así no me tengo que depilar más, aunque tampoco cambio de expresión en la cara" o mi favorito "me dejo el flequillo largo, para que me tape un ojo y, con la cara de cabreada que llevo, parezco más cabreada". ¡Estos niños!
Pero no sólo del físico vive el hombre. Las costumbres de los finlandeses también pasan por invitar a sus hijos a marcharse de casa el día de su decimo octavo cumpleaños. De hecho, ese día, el regalo más popular es una maleta. Ayuda, eso sí, que el gobierno te da 500 euros al mes, así, para que vayas tirando hasta que encuentres un curro. Además aquí las viviendas de alquiler tienen un precio más asequible (el alquiler está muy arraigado en esta sociedad). Más complicado lo tienes si te pones enfermo, porque si bien la sanidad es pública, cada día de estancia en el hospital te supone 25 euros más en tu factura final. Con razón la salud de los finlandeses es tan buena, con esos precios no se ponen malos ni queriendo.
Pero sin duda, lo que más llama la atención es el pasatiempo preferido de los finlandeses (los escrupulosos pueden pasar al siguiente párrafo). Lo práctican en la calle, mientras esperan el autobús, mientras charlan con sus amigos, mientras disfrutan de un poco de sol. Les encanta. Les encanta escupir. Y lo hacen ordenadamente, claro. Se colocan en corro y sueltan el lapo en el centro del mismo. Primero uno, luego el de su derecha, después el siguiente... Como allí pasamos turno cuando jugamos a las cartas, aquí se pasan la oportunidad de soltar otro salibajo. Es encantador. Y ahora, con el frío, el charquito que dejan se congela, con lo que su señal aguanta mucho más el paso del tiempo. Debe ser que les gusta marcar territorio, y la verdad, con el frío que hace tampoco apetece mucho sacar la...
Pero en definitiva, lo que cuenta es que cada persona es un mundo, y el mundo hay muchas personas. Que sean diferentes no significa que no sean buenos. Compréndelos y aprenderás a amarlos. Ámalos y terminarás pareciéndote a ellos. Quedamos para escupir.
Nos quedan 11 días en Jyväskylä.
sábado, 8 de noviembre de 2008
De vapores y duchas frías
- Creo que hoy hay sauna party.
- ¡Qué bien! Ya estaba harto de tanta party a secas.
- Sabes que lo de sauna es porque vas a pasar calor...
- Lo raro, siendo una party, es que no esté caliente...
Experimentemos algo typical finnish. El denominador común que tienen todas las viviendas aquí en Finlandia es que vienen equipadas de serie con algo que por allí sólo encontramos en los spa y centros de relajación. Por supuesto no estoy hablando de una persona encargada de hacerte masajes (si fuera así me quedaría a vivir aquí sin dudarlo un momento), sino de ese cuarto del infierno (por lo del calor) llamado sauna.
Los nativos de la zona dicen utilizarla varias veces por semana, por aquello de que es saludable, elimina toxinas, relaja, ayuda a la respiración y además porque es la única forma de pasar calor en unas tierras en las que se alcanzan los treinta grados bajo cero.
El concepto en sí es bastante básico: un cuarto de madera, aislado del exterior, en el que un calentador hace el trabajo que antaño hacía el fuego. La temperatura que se alcanza en su interior puede variar entre los setenta y los cien grados centígrados (aunque juraría que cuando la probé alcanzamos los doscientos...)
Instrucciones de uso: llegar al "vestíbulo", despelotarte, darte una ducha de aclimatación y entrar en el recinto listo para sufrir. Dicen que la primera vez se disfruta menos que las posteriores (me imagino que como en todo...) pero la verdad es que cada vez que el agua caía sobre las piedras calientes y el vapor inundaba la habitación mis pulmones se cerraban víctimas de la ola de calor. Me comentó después mi compañero de fatigas que me había colocado en el "peor" sitio, ya que allí era donde mayor impacto recibía con cada descarga de agua... La suerte del novato, supongo.
Tras varios minutos guardando la compostura y tratando de no evidenciar que estaba a punto de desmayarme, llegó el turno de la ducha. Es conveniente, por aquello de no morir cocido, salir unos minutos entre sesión y sesión. El problema es que el momento de descanso es otra tortura en sí misma, al menos la primera vez (imagino que como en todo...) Pasar de los setenta grados del interior a los bajísimos grados a los que tenía que estar el agua helada de la ducha provoca un shock anafiláctico que el propio House tardaría medio capítulo en diagnosticar.
Tras la primera impresión, eso sí, se agradece el chorro de agua helada recorriendo tu cuerpo. ¡Qué alivio! La mala noticia viene cuando te invitan a entrar de nuevo en el horno...
El ritual, que así descrito puede parecer algo propio de una tortura, la verdad es que genera adicción. Si sobrevives a la primera batalla, la guerra es tuya. Y como aquí hay saunas por doquier, puedes satisfacer tus deseos de deshidratarte a chorros cualquier día de la semana.
Y como aquí estamos entre el trabajo y el turismo, hemos tenido tiempo de comprobar también cómo funciona una sauna pública, y es que a pesar de que aquí las casas vienen bien equipadas, parece ser que los finlandeses gozan de reunirse en estos lugares, eso sí, sin hablar demasiado, que esto no es una biblioteca pero podría serlo. El edificio, que tiene más de cien años, funciona aún al viejo estilo, con madera ardiendo en una chimenea común (común para la parte de los hombres y de las mujeres) y que genera esas olas de calor que ríete de las del Sáhara.
Y para que nos percatáramos realmente de hasta qué punto la sauna forma parte de sus vidas, nos confesaron que muchas mujeres (en la actualidad quizá no tantas, pero antaño por lo visto sí) decidían dar a luz en estos lugares. Increíble pero cierto, y que conste que digo lo de increíble porque si ya de por sí debe ser duro un parto, no quiero ni imaginar lo que tiene que ser hacerlo a setenta grados...
Pero como nosotros no estamos por la labor de hacer nada parecido, pues seguiremos disfrutando de este pequeño trozo de infierno (pero trozo bueno, ¿eh?) en la tierra.
Nos quedan 20 días en Jyväskylä.
- ¡Qué bien! Ya estaba harto de tanta party a secas.
- Sabes que lo de sauna es porque vas a pasar calor...
- Lo raro, siendo una party, es que no esté caliente...
Experimentemos algo typical finnish. El denominador común que tienen todas las viviendas aquí en Finlandia es que vienen equipadas de serie con algo que por allí sólo encontramos en los spa y centros de relajación. Por supuesto no estoy hablando de una persona encargada de hacerte masajes (si fuera así me quedaría a vivir aquí sin dudarlo un momento), sino de ese cuarto del infierno (por lo del calor) llamado sauna.
Los nativos de la zona dicen utilizarla varias veces por semana, por aquello de que es saludable, elimina toxinas, relaja, ayuda a la respiración y además porque es la única forma de pasar calor en unas tierras en las que se alcanzan los treinta grados bajo cero.
El concepto en sí es bastante básico: un cuarto de madera, aislado del exterior, en el que un calentador hace el trabajo que antaño hacía el fuego. La temperatura que se alcanza en su interior puede variar entre los setenta y los cien grados centígrados (aunque juraría que cuando la probé alcanzamos los doscientos...)
Instrucciones de uso: llegar al "vestíbulo", despelotarte, darte una ducha de aclimatación y entrar en el recinto listo para sufrir. Dicen que la primera vez se disfruta menos que las posteriores (me imagino que como en todo...) pero la verdad es que cada vez que el agua caía sobre las piedras calientes y el vapor inundaba la habitación mis pulmones se cerraban víctimas de la ola de calor. Me comentó después mi compañero de fatigas que me había colocado en el "peor" sitio, ya que allí era donde mayor impacto recibía con cada descarga de agua... La suerte del novato, supongo.
Tras varios minutos guardando la compostura y tratando de no evidenciar que estaba a punto de desmayarme, llegó el turno de la ducha. Es conveniente, por aquello de no morir cocido, salir unos minutos entre sesión y sesión. El problema es que el momento de descanso es otra tortura en sí misma, al menos la primera vez (imagino que como en todo...) Pasar de los setenta grados del interior a los bajísimos grados a los que tenía que estar el agua helada de la ducha provoca un shock anafiláctico que el propio House tardaría medio capítulo en diagnosticar.
Tras la primera impresión, eso sí, se agradece el chorro de agua helada recorriendo tu cuerpo. ¡Qué alivio! La mala noticia viene cuando te invitan a entrar de nuevo en el horno...
El ritual, que así descrito puede parecer algo propio de una tortura, la verdad es que genera adicción. Si sobrevives a la primera batalla, la guerra es tuya. Y como aquí hay saunas por doquier, puedes satisfacer tus deseos de deshidratarte a chorros cualquier día de la semana.
Y como aquí estamos entre el trabajo y el turismo, hemos tenido tiempo de comprobar también cómo funciona una sauna pública, y es que a pesar de que aquí las casas vienen bien equipadas, parece ser que los finlandeses gozan de reunirse en estos lugares, eso sí, sin hablar demasiado, que esto no es una biblioteca pero podría serlo. El edificio, que tiene más de cien años, funciona aún al viejo estilo, con madera ardiendo en una chimenea común (común para la parte de los hombres y de las mujeres) y que genera esas olas de calor que ríete de las del Sáhara.
Y para que nos percatáramos realmente de hasta qué punto la sauna forma parte de sus vidas, nos confesaron que muchas mujeres (en la actualidad quizá no tantas, pero antaño por lo visto sí) decidían dar a luz en estos lugares. Increíble pero cierto, y que conste que digo lo de increíble porque si ya de por sí debe ser duro un parto, no quiero ni imaginar lo que tiene que ser hacerlo a setenta grados...
Pero como nosotros no estamos por la labor de hacer nada parecido, pues seguiremos disfrutando de este pequeño trozo de infierno (pero trozo bueno, ¿eh?) en la tierra.
Nos quedan 20 días en Jyväskylä.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
De reflexiones y mensajes en botellas
- He oído que hay una fiesta.
- ¡Desfase!
- Así que otra noche sin límites, ¿no?
- ¿Es que se puede vivir de otra manera?
He dudado mucho en sobre si debería escribir esta entrada o no. He dudado porque siempre me ha molestado que se utilicen plataformas que están dedicadas a algo concreto para usarlas como mero altavoz propagandístico. He dudado porque no me veo como el adalid de causa alguna. He dudado porque no quiero convertir algo puntual en algo digno de mención. He dudado porque no sé si se deberían exponer aquí también las malas experiencias.
Y finalmente me he decidido a escribirla porque al final me ha pesado más la necesidad de relatar la vivencia que la de guardar la compostura. Por lo tanto, allá vamos.
Cada vez que uno oye la palabra "fiesta" llena su mente con escenas de diversión, risas, amigos, conversaciones más o menos amenas y, en la mayoría de los casos, alcohol.
No pretendo, ni mucho menos, convertir este texto en una cruzada contra las bebidas alcóholicas. Yo he bebido, tú has bebido y hasta tus padres lo han hecho. Tus hijos lo harán y no hay nada malo en ello, siempre y cuando no se llegue a la situación que vivimos la pasada noche, y que tristemente se vive cada fin de semana en Roninmäki, en Bilbao, en Madrid, en cualquier lugar.
Existen varios tipos de personas. Las hay que sufren una enfermedad que, lamentablemente, las incita a ingerir desorbitadas cantidades de alcohol sin control alguno que, más pronto que tarde, terminan por convertirlas en el blanco fácil de otro tipo de personas, aquellas, que sin el más mínimo escrúpulo, lanzan sobre ellas desagradables "bromas" y que promueven e incitan a proseguir con el consumo de alcohol. "Bebe, bebe, bebe, bebe..."
Existen personas que contemplan el espectáculo sin participar, y otras que lo comentan meneando la cabeza de un lado a otro, con gesto de desaprovación, esperando, tal vez, un desencadenante fatal que termine por darles la razón.
Existen personas, también, que ignoran que esto pasa y que "pasan" de querer saberlo. Por suerte, también existen personas que tratan de poner algo de su parte para que el triste espectáculo llegue a su fin.
Se me acaban los calificativos para describir el hecho de encontrar a una persona tendida en el suelo, sobre un charco que no es más que una mezcolanza de alcohol y sangre proveniente de un labio partido que ha golpeado el suelo cuando el sentido del equilibrio ya no encuentra más apoyo para funcionar que el de tirar la toalla. Y no puedo calificar tampoco a los cobardes bromistas que se alejan cuando el blanco de sus bromas yace inmóvil y desorientado, falto de toda reacción a sus provocaciones. Tampoco a quienes hacen corro alrededor del nuevo espectáculo, más humillante, más morboso.
Sí que puedo calificar, en cambio, a quienes tienden una mano, a quienes ayudan a levantar a quien se ha caído. La primera palabra que se me viene a la cabeza es "gracias". Gracias por demostrar que no todo está perdido. "Responsable", "solidario", probablemente un nuevo héroe para aquel para quien toda ayuda es poca...
Y esto pasa en cualquier parte del mundo, en cualquier momento. Es algo tan habitual que se ha convertido en parte de la fiesta. No nos sorprende verlo en nuestras calles cuando salimos un sábado, ni en la verbena estival de cualquiera de nuestros pueblos. No nos dignamos a girar la cabeza al pasar frente a un portal en el que cualquiera está echando los restos.
¿Y si es parte de la fiesta? ¿Por qué hablar de ello? Pues quizás porque tal vez la próxima fiesta sea mejor si esto no llega a ocurrir. Porque tal vez deberíamos plantearnos ser de ese último tipo de personas de las que hablaba. Porque tal vez no deberíamos dejar que los "bromistas" sigan "bromeando". Porque tal vez sólo hace falta leerlo para caer en la cuenta. Y si es así, no puedo dejar de escribirlo.
Ayer experimenté en vivo la cara y la cruz de la moneda del comportamiento humano. Observé una mano empujando al suelo a una persona. Reconocí otra ayudándola a levantarse. Sin ningún género de dudas sé a quién me quiero parecer. Yo ya he visto el mensaje en la botella.
Nos quedan 23 días en Jyväskylä.
- ¡Desfase!
- Así que otra noche sin límites, ¿no?
- ¿Es que se puede vivir de otra manera?
He dudado mucho en sobre si debería escribir esta entrada o no. He dudado porque siempre me ha molestado que se utilicen plataformas que están dedicadas a algo concreto para usarlas como mero altavoz propagandístico. He dudado porque no me veo como el adalid de causa alguna. He dudado porque no quiero convertir algo puntual en algo digno de mención. He dudado porque no sé si se deberían exponer aquí también las malas experiencias.
Y finalmente me he decidido a escribirla porque al final me ha pesado más la necesidad de relatar la vivencia que la de guardar la compostura. Por lo tanto, allá vamos.
Cada vez que uno oye la palabra "fiesta" llena su mente con escenas de diversión, risas, amigos, conversaciones más o menos amenas y, en la mayoría de los casos, alcohol.
No pretendo, ni mucho menos, convertir este texto en una cruzada contra las bebidas alcóholicas. Yo he bebido, tú has bebido y hasta tus padres lo han hecho. Tus hijos lo harán y no hay nada malo en ello, siempre y cuando no se llegue a la situación que vivimos la pasada noche, y que tristemente se vive cada fin de semana en Roninmäki, en Bilbao, en Madrid, en cualquier lugar.
Existen varios tipos de personas. Las hay que sufren una enfermedad que, lamentablemente, las incita a ingerir desorbitadas cantidades de alcohol sin control alguno que, más pronto que tarde, terminan por convertirlas en el blanco fácil de otro tipo de personas, aquellas, que sin el más mínimo escrúpulo, lanzan sobre ellas desagradables "bromas" y que promueven e incitan a proseguir con el consumo de alcohol. "Bebe, bebe, bebe, bebe..."
Existen personas que contemplan el espectáculo sin participar, y otras que lo comentan meneando la cabeza de un lado a otro, con gesto de desaprovación, esperando, tal vez, un desencadenante fatal que termine por darles la razón.
Existen personas, también, que ignoran que esto pasa y que "pasan" de querer saberlo. Por suerte, también existen personas que tratan de poner algo de su parte para que el triste espectáculo llegue a su fin.
Se me acaban los calificativos para describir el hecho de encontrar a una persona tendida en el suelo, sobre un charco que no es más que una mezcolanza de alcohol y sangre proveniente de un labio partido que ha golpeado el suelo cuando el sentido del equilibrio ya no encuentra más apoyo para funcionar que el de tirar la toalla. Y no puedo calificar tampoco a los cobardes bromistas que se alejan cuando el blanco de sus bromas yace inmóvil y desorientado, falto de toda reacción a sus provocaciones. Tampoco a quienes hacen corro alrededor del nuevo espectáculo, más humillante, más morboso.
Sí que puedo calificar, en cambio, a quienes tienden una mano, a quienes ayudan a levantar a quien se ha caído. La primera palabra que se me viene a la cabeza es "gracias". Gracias por demostrar que no todo está perdido. "Responsable", "solidario", probablemente un nuevo héroe para aquel para quien toda ayuda es poca...
Y esto pasa en cualquier parte del mundo, en cualquier momento. Es algo tan habitual que se ha convertido en parte de la fiesta. No nos sorprende verlo en nuestras calles cuando salimos un sábado, ni en la verbena estival de cualquiera de nuestros pueblos. No nos dignamos a girar la cabeza al pasar frente a un portal en el que cualquiera está echando los restos.
¿Y si es parte de la fiesta? ¿Por qué hablar de ello? Pues quizás porque tal vez la próxima fiesta sea mejor si esto no llega a ocurrir. Porque tal vez deberíamos plantearnos ser de ese último tipo de personas de las que hablaba. Porque tal vez no deberíamos dejar que los "bromistas" sigan "bromeando". Porque tal vez sólo hace falta leerlo para caer en la cuenta. Y si es así, no puedo dejar de escribirlo.
Ayer experimenté en vivo la cara y la cruz de la moneda del comportamiento humano. Observé una mano empujando al suelo a una persona. Reconocí otra ayudándola a levantarse. Sin ningún género de dudas sé a quién me quiero parecer. Yo ya he visto el mensaje en la botella.
Nos quedan 23 días en Jyväskylä.
martes, 4 de noviembre de 2008
De felicitaciones a corta distancia y tirones de oreja
Estamos de celebración, una vez más, y es que no paramos.
En esta ocasión, además, nos toca muy de cerca, y es que uno de nosotros se hace hoy un poco más viejo, aunque le diremos que no aparenta los años que tiene, que ya son un montón, por otra parte...
Pero despejemos ya el misterio, porque tampoco es que haya mucho: el que lo celebra es Alain, y para los que no me conozcan, aclararé que es el "otro" Alain.
Desde que nos conocemos, que no es mucho en mi caso pero sí en el de Ainara (al menos hablando de tiempo, ya que me apunta por lo bajines que "tampoco es que le conociera mucho hasta ahora"), hemos aprendido cosas de él: por ejemplo que le encanta bailar, sí, en cualquier situación y con cualquier música, que es un gran aficionado a la música (incluso se ha comprado una guitarra para suplir la falta de batería, con la cual ameniza las reuniones en la escalera del M-Talo), pero sobre todo que se puede contar con él como compañero y como amigo.
Así que desde esta (nuevamente) especial entrada del blog, queremos desearle que pase un gran día (y una mejor noche) estando seguros de que oirá el "zorionak zuri" en más de media docena de idiomas.
Como siempre (como si fuera la primera vez), ¡Feliz cumpleaños, Alain!
Nos quedan 24 días en Jyväskylä.
En esta ocasión, además, nos toca muy de cerca, y es que uno de nosotros se hace hoy un poco más viejo, aunque le diremos que no aparenta los años que tiene, que ya son un montón, por otra parte...
Pero despejemos ya el misterio, porque tampoco es que haya mucho: el que lo celebra es Alain, y para los que no me conozcan, aclararé que es el "otro" Alain.
Desde que nos conocemos, que no es mucho en mi caso pero sí en el de Ainara (al menos hablando de tiempo, ya que me apunta por lo bajines que "tampoco es que le conociera mucho hasta ahora"), hemos aprendido cosas de él: por ejemplo que le encanta bailar, sí, en cualquier situación y con cualquier música, que es un gran aficionado a la música (incluso se ha comprado una guitarra para suplir la falta de batería, con la cual ameniza las reuniones en la escalera del M-Talo), pero sobre todo que se puede contar con él como compañero y como amigo.
Así que desde esta (nuevamente) especial entrada del blog, queremos desearle que pase un gran día (y una mejor noche) estando seguros de que oirá el "zorionak zuri" en más de media docena de idiomas.
Como siempre (como si fuera la primera vez), ¡Feliz cumpleaños, Alain!
Nos quedan 24 días en Jyväskylä.
sábado, 1 de noviembre de 2008
De salas de cine y partidos de hockey
- ¿Tenemos plan para mañana?
- ¿Cuánto dinero nos queda?
- Como 50 euros.
- Entonces no.
Experiencias que hay que vivir. Viajar (durante una estancia prolongada) a un país extranjero te brinda oportunidades que en los viajes de clase turista no puedes ni oler (ni aunque viajes en business class.)
Por supuesto el hecho de tener tiempo y más tiempo hace que al final te plantees entretenimientos que durante la estándar semana de vacaciones en plan mochilero ni puedes, ni quieres experimentar. ¿Quién va a querer ir al cine en la misma semana que está viendo el coliseo?
Y precisamente por ese motivo, porque aquí tenemos tiempo, probamos cosas "de casa" que tienen ese gusto especial de lo nuevo.
Y nos fuimos al cine. Y elegimos película: "Eagle eye", que en vuestros cines podéis encontrar como "La conspiración del pánico". La cinta en sí misma es una aventura de acción, pero ahora que lo pienso, la crítica que vamos a hacer no es de la película, sino del cine en la que se proyectó. ¡Toma ya! Rompiendo esquemas. Ya me estoy imaginando las columnas de crítica cinematográfica de los períodicos con este mismo enfoque: "la película bien, pero lo mejor fueron los apoyabrazos XXL de las butacas, todo un descubrimiento..."
El hecho más complicado, aunque no lo parezca, fue el de encontrar el cine en sí mismo. En Jyväskylä existe un solo complejo que alberga seis salas. Antaño, según nos comentaron, existía otro cine, hoy reconvertido en discoteca, que tenía la particularidad de que si tocabas los laterales de la butaca recibías un calambrazo (imagino al gracioso de turno guiando la mano del compañero de butaca hasta la zona de electrocución en plena escena de tensión con susto incluído... en realidad, ahora que lo pienso, seguramente yo también lo haría.)
El cine está incluído (cómo no) en uno de los centros comerciales del centro de la ciudad. La taquillera nos muestra la pantalla en la que podemos elegir las butacas donde sentarnos. Tras pagar 9 euros por entrada accedemos a la zona de las salas propiamente dicha. El complejo tiene un pequeño recibidor, en el que está incluída la tienda de palomitas, similar al de cualquier centro (es decir, el combo extra grande de tres kilos de palomitas con dos litros y medio de coca-cola por 6'95€, por un euro más con toblerone), con una pequeña diferencia: aquí las puertas están cerradas. No se puede acceder a la sala sin que el encargado te abra la puerta, el cual no se detiene a comprobar tu entrada o a rasgarla; aquí la tecnología ha sustituido al juego de muñeca, y aunque la entrada tiene una parte rasgable, el encargado lo que hace es leer un código de barras impreso en la misma con un lector portátil... Maravillas del mundo moderno...
Una vez dentro de la sala sobreviene la decepción. Aquí los cines no están a la altura de sus entradas. La sala parecía decorada por un interiorista recargante en horas bajas. Y en el aspecto técnico tampoco destacan: nos cuentan que no están preparados para sonido THX, y la pantalla es poco mayor que la de un proyector doméstico... Se salva, nos cuentan otra vez, por el hecho de que era una de las salas pequeñas del complejo, pero aún así lo cierto es que están muy por debajo de lo que estamos acostumbrados a disfrutar en nuestros cines (por fin están por debajo en algo).
La cinta, una vez comenzada su proyección, se presenta en versión original con subtítulos en finlandés (obvio) y ¡sueco! (no obvio, pero curioso). Una línea para un idioma, otra línea para el otro... Imagino que será para ahorrar copias, que son caras, y de esta forma utilizar las bobinas en un país, y después pasarlas al otro... Esta técnica ya se utiliza en la gran Inglaterra, donde los estrenos (en bastantes ocasiones) son más tardíos que en otros países porque las distribuidoras americanas aprovechan los rollos yankis para no tener que hacer copias locales. Reducción de costes que se llama...
Y de la pequeña desilusión de la sala de cine, nos vamos al ilusionante partido de hockey.
En Finlandia el hockey es el rey. Es como si por allí tuviéramos un deporte de masas que siguieran millones de personas, que se retransmitiera por televisión, que tuviera merchandising... En fin, todo un negocio. Lástima que nosotros no tengamos por allí nada parecido...
El caso es que, tras comprar nuestras entradas con algo más de dos semanas de antelación (18 euros sentado, 12 de pié), y quedarnos con algunos de los últimos asientos que quedaban, aguardamos la espera hasta la fecha del partido.
La llegada al estadio (donde una vez más nos leyeron la entrada con un lector de código de barras) fue la antesala de uno de los espectáculos deportivos más emocionantes que he contemplado.
El estadio, a rebosar, animaba al equipo local (de negro), el JYP de Jyväskylä que, además, va el primero en la clasificación nacional. El rival, Los pelícanos (de blanco), poco podían hacer ante una audiencia entregada y que mantenía sus abrigos puestos (¿por qué no se los quitarán?)
La velocidad del juego, unido al hecho de que por una vez las películas no mienten (aquí los golpes contra la barrera de protección son reales y las peleas entre jugadores también, aunque también es verdad que los árbitros no permitían que duraran mucho) generan un espectáculo que te mantiene en tensión. El disco, al que es tremendamente difícil seguirle la pista, vuela de un lado al otro del campo en décimas de segundo. La violencia del juego (vimos cómo rompían algún que otro palo del golpe propinado) es parte del espectáculo. Pero también lo son las pausas.
El juego del hockey se compone de tres tiempos de 20 minutos entre los cuales hay descansos de 18 minutos. En estos descansos las gradas se vacían y los espectadores acuden a los innumerables puestos de comida rápida y chucherías para saciar sus ansias de gol con la ingesta de algún producto alto en calorías. Nosotros nos atrevimos con un perrito caliente acomodado en un pan dulce que contenía una base de arroz cocido. Sofisticado, ¿eh?
Por supuesto, como en cualquier deporte que se precie, el momento del gol es el más emocionante. Aquí las jugadas son rápidas, y casi no puedes apreciar que el disco ha entrado en la portería. Pero si te lo pierdes, la algarabía del público te indicará que ha ocurrido. La alegría te embarga al comprobar cómo tu equipo (tu equipo desde hace veinte minutos) ha marcado un gol y se adelanta en el marcador. ¡Toma ya! ¡Que se fastidien los pelícanos!
Por cierto, ¡qué frío hace aquí! Por eso no se quitaban los abrigos...
Tras algo más de dos horas (el tiempo de cada parte del partido se detiene cada vez que el árbitro pita algo, cosa que hace muy a menudo) te vas con la satisfacción de haber disfrutado de algo único, algo que cualquier turista en Finlandia no va a disfrutar. Ya eres parte de la comunidad.
Por cierto, los JYP ganaron 2 a 0.
Nos quedan 27 días en Jyväskylä.
- ¿Cuánto dinero nos queda?
- Como 50 euros.
- Entonces no.
Experiencias que hay que vivir. Viajar (durante una estancia prolongada) a un país extranjero te brinda oportunidades que en los viajes de clase turista no puedes ni oler (ni aunque viajes en business class.)
Por supuesto el hecho de tener tiempo y más tiempo hace que al final te plantees entretenimientos que durante la estándar semana de vacaciones en plan mochilero ni puedes, ni quieres experimentar. ¿Quién va a querer ir al cine en la misma semana que está viendo el coliseo?
Y precisamente por ese motivo, porque aquí tenemos tiempo, probamos cosas "de casa" que tienen ese gusto especial de lo nuevo.
Y nos fuimos al cine. Y elegimos película: "Eagle eye", que en vuestros cines podéis encontrar como "La conspiración del pánico". La cinta en sí misma es una aventura de acción, pero ahora que lo pienso, la crítica que vamos a hacer no es de la película, sino del cine en la que se proyectó. ¡Toma ya! Rompiendo esquemas. Ya me estoy imaginando las columnas de crítica cinematográfica de los períodicos con este mismo enfoque: "la película bien, pero lo mejor fueron los apoyabrazos XXL de las butacas, todo un descubrimiento..."
El hecho más complicado, aunque no lo parezca, fue el de encontrar el cine en sí mismo. En Jyväskylä existe un solo complejo que alberga seis salas. Antaño, según nos comentaron, existía otro cine, hoy reconvertido en discoteca, que tenía la particularidad de que si tocabas los laterales de la butaca recibías un calambrazo (imagino al gracioso de turno guiando la mano del compañero de butaca hasta la zona de electrocución en plena escena de tensión con susto incluído... en realidad, ahora que lo pienso, seguramente yo también lo haría.)
El cine está incluído (cómo no) en uno de los centros comerciales del centro de la ciudad. La taquillera nos muestra la pantalla en la que podemos elegir las butacas donde sentarnos. Tras pagar 9 euros por entrada accedemos a la zona de las salas propiamente dicha. El complejo tiene un pequeño recibidor, en el que está incluída la tienda de palomitas, similar al de cualquier centro (es decir, el combo extra grande de tres kilos de palomitas con dos litros y medio de coca-cola por 6'95€, por un euro más con toblerone), con una pequeña diferencia: aquí las puertas están cerradas. No se puede acceder a la sala sin que el encargado te abra la puerta, el cual no se detiene a comprobar tu entrada o a rasgarla; aquí la tecnología ha sustituido al juego de muñeca, y aunque la entrada tiene una parte rasgable, el encargado lo que hace es leer un código de barras impreso en la misma con un lector portátil... Maravillas del mundo moderno...
Una vez dentro de la sala sobreviene la decepción. Aquí los cines no están a la altura de sus entradas. La sala parecía decorada por un interiorista recargante en horas bajas. Y en el aspecto técnico tampoco destacan: nos cuentan que no están preparados para sonido THX, y la pantalla es poco mayor que la de un proyector doméstico... Se salva, nos cuentan otra vez, por el hecho de que era una de las salas pequeñas del complejo, pero aún así lo cierto es que están muy por debajo de lo que estamos acostumbrados a disfrutar en nuestros cines (por fin están por debajo en algo).
La cinta, una vez comenzada su proyección, se presenta en versión original con subtítulos en finlandés (obvio) y ¡sueco! (no obvio, pero curioso). Una línea para un idioma, otra línea para el otro... Imagino que será para ahorrar copias, que son caras, y de esta forma utilizar las bobinas en un país, y después pasarlas al otro... Esta técnica ya se utiliza en la gran Inglaterra, donde los estrenos (en bastantes ocasiones) son más tardíos que en otros países porque las distribuidoras americanas aprovechan los rollos yankis para no tener que hacer copias locales. Reducción de costes que se llama...
Y de la pequeña desilusión de la sala de cine, nos vamos al ilusionante partido de hockey.
En Finlandia el hockey es el rey. Es como si por allí tuviéramos un deporte de masas que siguieran millones de personas, que se retransmitiera por televisión, que tuviera merchandising... En fin, todo un negocio. Lástima que nosotros no tengamos por allí nada parecido...
El caso es que, tras comprar nuestras entradas con algo más de dos semanas de antelación (18 euros sentado, 12 de pié), y quedarnos con algunos de los últimos asientos que quedaban, aguardamos la espera hasta la fecha del partido.
La llegada al estadio (donde una vez más nos leyeron la entrada con un lector de código de barras) fue la antesala de uno de los espectáculos deportivos más emocionantes que he contemplado.
El estadio, a rebosar, animaba al equipo local (de negro), el JYP de Jyväskylä que, además, va el primero en la clasificación nacional. El rival, Los pelícanos (de blanco), poco podían hacer ante una audiencia entregada y que mantenía sus abrigos puestos (¿por qué no se los quitarán?)
La velocidad del juego, unido al hecho de que por una vez las películas no mienten (aquí los golpes contra la barrera de protección son reales y las peleas entre jugadores también, aunque también es verdad que los árbitros no permitían que duraran mucho) generan un espectáculo que te mantiene en tensión. El disco, al que es tremendamente difícil seguirle la pista, vuela de un lado al otro del campo en décimas de segundo. La violencia del juego (vimos cómo rompían algún que otro palo del golpe propinado) es parte del espectáculo. Pero también lo son las pausas.
El juego del hockey se compone de tres tiempos de 20 minutos entre los cuales hay descansos de 18 minutos. En estos descansos las gradas se vacían y los espectadores acuden a los innumerables puestos de comida rápida y chucherías para saciar sus ansias de gol con la ingesta de algún producto alto en calorías. Nosotros nos atrevimos con un perrito caliente acomodado en un pan dulce que contenía una base de arroz cocido. Sofisticado, ¿eh?
Por supuesto, como en cualquier deporte que se precie, el momento del gol es el más emocionante. Aquí las jugadas son rápidas, y casi no puedes apreciar que el disco ha entrado en la portería. Pero si te lo pierdes, la algarabía del público te indicará que ha ocurrido. La alegría te embarga al comprobar cómo tu equipo (tu equipo desde hace veinte minutos) ha marcado un gol y se adelanta en el marcador. ¡Toma ya! ¡Que se fastidien los pelícanos!
Por cierto, ¡qué frío hace aquí! Por eso no se quitaban los abrigos...
Tras algo más de dos horas (el tiempo de cada parte del partido se detiene cada vez que el árbitro pita algo, cosa que hace muy a menudo) te vas con la satisfacción de haber disfrutado de algo único, algo que cualquier turista en Finlandia no va a disfrutar. Ya eres parte de la comunidad.
Por cierto, los JYP ganaron 2 a 0.
Nos quedan 27 días en Jyväskylä.
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