jueves, 30 de octubre de 2008

De recapitulaciones y otras palabrotas

- ¿Cuándo te vas?
- Pero si acabo de llegar.
- Ya bueno, pero te irás en algún momento.
- Supongo que cuando termine lo que he venido a hacer.
- ¿Y qué has venido a hacer?
- Cada día algo nuevo.

Bueno, pues parece mentira, pero hemos llegado al ecuador. No, no me refiero a que hayamos cambiado de país, me refiero a que hemos consumido la mitad de nuestra estancia en Finlandia. ¡Y parece que fue ayer cuando llegamos arrastrando nuestras maletas! ¡Cómo pasa el tiempo!

Si algo nos ha enseñado la televisión, además de que la dignidad también está en venta, es que en toda serie (como una serie de entradas en un blog) llega el momento de hacer un capítulo de relleno repasando los mejores momentos de entregas anteriores. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que nosotros somos de audiovisuales, pues aquí está esta entrada de relleno al más puro estilo de esos capítulos de Los Simpson que tanto odiamos. ¿He dicho de relleno? Quería decir de recapitulación hombre, que va a ser muy interesante, ya verás, tú sigue leyendo...

Treinta días dan para mucho... o para poco, según se mire. Lo que está claro es que ya no somos aquellos inocentes foráneos que deambulaban sin rumbo por las calles de una ciudad de nombre complicado. Hoy nos desenvolvemos como auténticos nativos de una ciudad de nombre familiar (a mi vuelta propondré el cambio de Bilbao por Bilbäo).

¿Y qué valoración podemos hacer de este primer mes? Pues empezaremos diciendo que ha hecho menos frío del esperado, que no es poco... La verdad es que rara vez hemos bajado de los 7ºC, lo cual es de agradecer. También que hemos tenido más tiempo de luz durante el día del que hubiéramos imaginado (lo de tener luz por la noche ya se nos escapa). Que el Skype es probablemente uno de los mejores hijos que ha dado a luz Internet, y para terminar, que resulta reconfortante saber que puedes sobrevivir solo en un país extranjero.

Lo de acostrumbrarse a las costumbres foráneas es algo a lo que terminas cogiendo el tranquillo. Hemos ido adelantando nuestra hora de comer paulatinamente hasta alcanzar la cota de las 12:00 de mediodía (en realidad yo me resisto a cambiar mis hábitos alimenticios y eso me ha costado comer más de un día y de dos a las 18:00 de la tarde). Los saludos y despedidas ya los haces en suomi (finlandés) sin darte cuenta. Y por si esto fuera poco los tacos en inglés suenan mucho mejor...

A nivel laboral la cosa no ha ido tan bien, ya que hemos empezado de tener vacaciones a tener que currar, con lo cual, se mire por donde se mire, hemos salido perdiendo (Maite, toda esta última frase es broma... Espero que se lo haya creído...). La verdad es que estamos cogiendo ritmo con esto de los videoclips/actuaciones musicales, pero es que además nuestras últimas visitas al conservatorio y a la Tiimi Akatemia han resultado toda una experiencia. Parece mentira, pero se sacan cosas en claro simplemente actuando como una mera esponja, captando información para procesarla después.

Y ya que estamos en este punto, también quiero aprovechar para corregir/completar algunos datos de entradas anteriores. No es que os haya querido mentir... no, ¡qué va! Es simplemente que cuando escribí lo que escribí estaba demasiado borracho... (como no me fío y quiero mantener a salvo mi reputación, aclararé que nunca he mentido en este blog estando borracho, siempre lo he hecho sobrio).
Apuntaré por ejemplo, que el compañero de piso desaparecido del que os hablé en la primera entrada apareció finalmente, y que además apareció vivo. En esa misma entrada comentaba la existencia de dos flatmates antisociales... pues bien, ahora ya no lo son. En cambio uno de los que parecía majo ahora ya no lo es tanto... Es la magia de la convivencia. En la entrada en la que os hablaba de los horarios de los centros comerciales, asegurando que abrían los domingos, debería añadir que lo hacen, pero en bimeses (¿existe esa palabra?) alternos. Es decir, dos meses abren los domingos, dos meses no abren... Es de una lógica aplastante. Estos finlandeses... Y en la entrada de los franceses salidos se me olvidó comentar que los españoles también están bastante salidos, y además son un poco más maleducados... Es lo que tiene hablar un idioma que no entiende la persona que tienes delante, que puedes decirle a la cara lo que te salga de los... ¡Ay, que vosotros sí entendéis lo que escribo!

Por último, y a modo de broche de oro para esta entrega especial de nuestro blog, quiero: primero, agradecer a las personas que lo siguen el hecho de que lo sigan. Es reconfortante saber que al menos alguien lee aquello que pasas tanto tiempo escribiendo. Segundo, pedir perdón si algo de lo escrito ha ofendido a alguna persona. Prometo que en las entradas que me quedan intentaré ofender a todo el mundo. Tercero, agradecer las críticas positivas que me han llegado, las negativas, obviamente, no las voy a agradecer. Y por último recordaros que todo esto es una broma que sin vosotros no tendría gracia, así que gracias a todos.

P.D.: No sé si se pueden poner postdatas en los blogs.

P.D.2: Por si acaso sí se puede, me gustaría añadir que empezamos a echaros de menos a todos aquellos que estáis en las lejanas y cálidas tierras de Euskadi. Hemos tardado un mes, pero oye, más vale tarde que nunca... Un gran abrazo a todos de parte de los tres.

Nos quedan 29 días en Jyväskylä.

martes, 28 de octubre de 2008

De clases sin pizarra y alumnos sin profesor

- Creo que estoy en un badén académico.
- Querrás decir en un bache.
- Es que no sé cómo continuar con esto...
- Pues ya sabes, déjalo.

La verdad es que el concepto desconcierta. Aplicando nuestra propia mentalidad, lo que nos viene a la cabeza cuando alguien comenta algo como "alumnos sin profesor" es una huelga (¡ay!, esos viernes de instituto...), pero la verdad es que aquí hemos descubierto un sistema diferente, y lo más importante, interesante.

Estoy hablando de algo muy concreto. Concretamente de la Tiimi Akatemia (Team Academy/www.tiimiakatemia.fi) que es algo así como la escuela del emprendedor.

¿Que qué hace esta escuela? Pues básicamente prepara a sus alumnos para que sean capaces de afrontar proyectos empresariales o de alta creatividad. ¿Que ponga un ejemplo? Pues hombre, no se me ocurre, pero puestos a pensar podríamos decir que aquel que quiera poner en marcha una empresa podría seguir el curso en cuestión... (nótese la ironía).

El centro, en el que los estudiantes pasan tres años y medio de sus vidas, es un viejo edificio de ladrillo rojo que no destaca salvo por su mimetismo con el entorno: un viejo lugar que antaño acogió fábricas de altas chimeneas hoy reconvertidas en saunas. De hecho, la academia está tan integrada en el lugar que hasta puedes confundir el edificio... (vale, sí, nos confundimos, ¿qué pasa?).

Una vez dentro tienes que vaciar tu mente de lo que en realidad esperas encontrar en un edificio de estas caraterísticas: ¿Pupitres?, ¿pizarras?, ¿algún profesor iracundo? Nada de eso en stock, pruebe un par de calles más abajo. En Team Academy prima el "querer conocer" sobre el "tienes que saber". Toda una lección de principios.

Nos reciben dos alumnos del centro que rápidamente nos explican la finalidad del mismo. "Aquí se aprende a crear en equipo un proyecto común". ¿Y cómo se enseña eso? No se enseña, simplemente se aprende.

En Tiimi Akatemia no existe el concepto de clase, alumno, profesor o jerarquía. Todo se rige bajo el patrón del aprendizaje autónomo. El concepto en sí mismo es difícil de explicar pero sencillo de entender. Las aulas se han sustituido por grandes peceras con butacas colocadas en círculos donde poder discutir abiertamente sobre cualquier tema, aportando conocimientos y compartiendo experiencias. Los alumnos aquí son responsables de proyectos, ideas y lo más curioso, de su propio aprendizaje. Los profesores se llaman coaches (en realidad cada uno tiene su propio nombre, pero en general los llaman así), y sirven sólo como una orientación. Aquí no se imparten clases, aquí se orienta sobre cómo llegar a la solución que te plantea un problema que te surge en un momento puntual... Si quieres saber la respuesta la tienes que buscar, porque nadie te la va a dar.

Y lo más asombroso de todo: parece que funciona.

El gran espacio dejado por una antigua carpintería se rellena ahora con cubículos en los que se desarrollan proyectos reales que deben (y tienen) un final real. Cada equipo de trabajo debe desarrollar, desde cero y sin apoyo inicial, un proyecto comercial. Ellos son los encargados de idearlo. Ellos los resposables de financiarlo (aportando el dinero que consiguen de trabajos como dar clases o trabajar en un supermercado). Ellos diseñan la campaña de marketing. Ellos elaboran el plan que ha de seguirse para su ejecución. Ellos deciden cómo amortizarlo. Ellos disfrutan de los beneficios, si es que los consiguen. La recompensa suele ser un viaje alrededor del mundo de dos meses de duración. La verdad es que no está mal.

El funcionamiento es similar al de una hermandad en la que cada equipo de trabajo colabora con el resto para, a su vez, recibir ayuda para algún aspecto concreto. No hay supervisores más allá de la orientación, no hay reglas más allá de las que se autoimpongan. Allí sólo quieren "personas valientes, que se atrevan a actuar y a aprender".

El decálogo de la academia no tiene desperdicio, es digno de leer y puede que hasta de aprender, pero ponerlo aquí no tiene sentido, quizás sólo una frase para reflejar un espíritu:
"Comete errores, no los temas, pero aprende de ellos". Sencillamente magistral.

Nos quedan 31 días en Jyväskylä.

sábado, 25 de octubre de 2008

De pisos y casas

- Siento como frío...
- Hombre, es que hace frío...
- Ya, pero tengo los pies como...
- ¡Pero si estás descalzo!
- ¡Mierda! La segunda vez que vamos de visita y
me dejo los zapatos en casa de tu amigo...

Me recuerdan, vía mail, que tengo pendiente un tema de tratar en este blog: el de las viviendas de los habitantes de Finlandia.

Y como fiel y cumplidor servidor que soy de todos los seguidores de este blog pues aquí me presento con una entrada que disfrutarán como nadie todos aquellos que... o a todos los que les guste... bueno, imagino que alguien la disfrutará...

Dividamos las explicaciones en dos partes.
Por una parte tenemos el típico piso finlandés. De entrada, literalmente quiero decir, tenemos dos puertas en lugar de una. Es decir, que aquí existe la puerta que da a la escalera, con llave y todo eso, y a continuación una segunda puerta, esta ya sin llave, pero que bien podría ser la exterior. Suponemos (y mientras no nos digan lo contrario así será) que es por el tema del aislamiento. No quiero olvidar el detalle de que aquí los buzones están incrustados en la propia puerta (vamos, que hay una rendija en la madera) por lo que el señor cartero tiene que ir puerta por puerta para entregar la correspondencia.
Y si aquí tienen el buzón en la puerta, lo que es el felpudo lo tienen en el portal. Concretamente fuera del portal, y concretamente no es un felpudo al uso, o al menos como lo conocemos allí. Aquí el felpudo es un aparato en forma de U compuesto por algo así como los pelos de una escoba dura. La idea es introducir el zapato completamente en la U y agitarlo para para delante y para atrás. Quizás no ha quedado muy claro, pero aclaro que es un sistema mucho mejor que el de la tira de esparto en el suelo.

Ya dentro de la vivienda la distribución viene a ser la misma que en cualquier piso medio: cocina, baño (del que ya hemos hablado en anteriores entregas), dormitorios... Llama la atención, eso sí, que aquí las tuberías del baño van por fuera de la pared, vamos que tienes acceso a ellas con total tranquilidad. Ignoramos el motivo. Lo que sí sabemos es que las tuberías de la calefacción alimentan directamente los grifos de agua caliente en cocina y baño, con lo que no tienes que esperar a que el calentador haga su trabajo: aquí tienes agua caliente al instante mismo de abrir el grifo.

Pero lo más extraño e incómodo, al menos para nosotros (o al menos para mí) es que aquí no existen las persianas. Habéis leído bien, no existen. La teoría más extendida, aunque yo no la entiendo, es que como aquí pasan por ciclos de poca luz solar, pues se lo ahorran... (ya ves tú, la persiana se puede subir y bajar). El caso es que cuando amanece la luz entra a través de la ventana y (al menos en mi caso) te despierta. ¿Soluciones? Pues más bien pocas, aunque ingeniosas. Yo lo que he hecho es clavar chinchetas a lo largo de toda la cortina de mi habitación convirtiéndola en una superficie adherida al cristal. ¿Que qué he conseguido? Gastar chinchetas, clavarme una en el dedo gordo y convertir mi habitación en algo así como un zulo. ¡Queda muy cuco!

Pasemos a las casas. Gracias a nuestra tragicómica experiencia de la primera noche en Finlandia, tuvimos la oportunidad de ver cómo es una típica casa por aquí.
En primer lugar olvidémonos del concepto chalét que todos tenemos en mente. Aquí se lleva el rollo prefabricado. Todas las casitas de por aquí están construídas más o menos así. Aprovecho para hacer un inciso, y es que me parece destacable el hecho de que el suelo, al menos aquí en Jyväskylä, es arena. Literalmente arena, de la de la playa. Lo hemos podido comprobar gracias a las distintas obras de la zona. Tras la capa de asfalto hay una pequeña capa de tierra, de unos 30 centímetros, tras la cual no hay otra cosa que el citado elemento. La pregunta, si es que alguien quiere hacerse una, es: ¿ya agarran los cimientos en este tipo de material?
Pero volviendo al tema de las casas, aquí también existen dos puertas, simplemente que aquí no están seguidas. Está la puerta exterior, un pequeño recibidor y otra puerta. ¿Y para qué es el pequeño recibidor? Para dejar ahí tu calzado, seas inquilino o visita. Lo tienen toda preparado: hay un banquito para quitarte tus zapatos cómodamente, una balda donde dejarlos, un grifo donde lavarte las manos si es que te has manchado al realizar la operación... Vamos, equipamiento cinco estrellas.
Una vez entras en la casa (descalzo, al igual que los inquilinos, los cuales no usan zapatillas) te encuentras con madera por todos lados. Es lo que mejor aisla. Pero no lo único, ya que las paredes tienen hasta cuatro capas de materiales que no consigo recordar pero que aislan que te cagas.

Las ventanas, al igual que en los pisos tienen doble ventana, no doble acristalamiento (eso sería demasiado fácil) sino doble ventana, y no se abren (será para no perder el calor). Si lo que quieres es ventilar un poco tienes que abrir un zona de la ventana, sin cristal, que también siendo doble, te da como una ranura de quince centímetros para que entre un poco de aire. El porche trasero, por supuesto acristalado, al igual que la mayoría de los balcones.

El tema decoración y mobiliario es un poco... diremos rollo Ikea, que cada cual saque sus conclusiones...
Lo que sí les mola mucho es el tema americano. Aquí se guarda una llave bajo la maceta del porche por si te la dejas olvidada: ¡New Yorker total! Ahora, no sé si seguro también. Lo que está claro es que aprovechan que Finlandia tiene unos índices de delincuencia increíblemente bajos, ¡así cualquiera!.

Y bueno, quedarían aún algunos detalles más para comentar, pero los dejaré para que podamos contarlos en persona a nuestra vuelta, que si no, no vamos a tener temas de conversación...

Nos quedan 34 días enJyväskylä.

jueves, 23 de octubre de 2008

De hormonas y cremas anti edad

- ¿Qué tal te fue anoche con Petra, la rubia del tercero?
- Mejor no preguntes...
- ¿Tan mal te fue?
- Es que ni es rubia, ni vive en el tercero, ni se llama Petra...
- ¿Y cómo se llama?
- Peter...

Esto se pone al rojo vivo. Sube la temperatura en el blog al igual que sube la temperatura aquí en Finlandia... (mentira cochina, aquí cada día hace más frío, pero de ilusión también se vive).

Por petición expresa de mis travelmates (Miss Anger, en cambio, no está de acuerdo) voy a hablar de lo que se cuece en el caldo de cultivo que es una zona de residencias llenas de jóvenes con las hormonas disparadas y lejos de la supervisión de novias/novios/amigos que te paren los pies...

Pasemos a la acción e imaginemos el siguiente escenario: chicos, chicas, alcohol, música, alcohol, más chicos, más chicas, cerveza, más alcohol, francesas, franceses, alcohol... Bueno, ¿hace falta que siga?

Las relaciones "de verano", que son de la especie que se puede criar aquí, en un entorno en el que el más afortunado pasa nueve meses, y el que menos dos, marcan el devenir de los habitantes de Myllyjärvi. El amor surge en cada esquina, o al menos lo intenta, y a veces, como es natural se da de morros contra la realidad.

Un chico deja a su novia por una chica que ha conocido aquí, que vive en un país en el que él no vive, pero por la cual está dispuesto a dejarlo todo. Otra chica pasa la noche en la habitación de un chico pero ninguno está dispuesto a reconocerlo. Un chico pasa tiempo con una chica cuyo novio está a punto de venir hasta aquí a visitarla desde las lejanas tierras de ¡España!. Miradas cómplices, sonrisas pícaras, arrumacos incómodos pero efectivos... ¡Qué bonito es el amor! Hasta que te toca a tí...

Aquí la peña no se corta un pelo. El francés medio (digo lo de medio por la estatura) fija su objetivo y entra a matar: "Tengo novio", "No importa, no soy celoso". Las francesas, por su parte, prefieren la técnica del "ven pa'cá y deja que me restriegue..." ¡Hay que ver qué ardientes son los del país vecino! Ahora entiendo por qué quemaban camiones en la frontera...

Pero más allá del simple rollo (¿alguien cree duradera una relación entre extranjeros muy extranjeros que se conocen en un ambiente de botellón permanente?) existe la vertiente del "ya que estamos, disfrutamos". Y bien pensado, ¿qué hay de malo en eso? Para los que no buscamos este tipo de ocio nos queda el ocio tomatero de cotillear sobre quién se ha liado con quién y por cuánto tiempo. En el fondo somos unas porteras, lo llevamos en la sangre, pero bueno, mejor esto que no andar drogándonos por ahí, ¿no?

Pero si finalmente caes en la tentación y decides entrar al trapo, o a lo que sea, debes tener en cuenta un detalle que nos está costando asimilar, por aquello de que resulta increíble que sea cierto, y es que en Europa se envejece muy mal. Y por muy mal quiero decir terriblemente mal. Nos hemos llevado una sorpresa tras otra, sobre todo en cumpleaños, al conocer la auténtica edad de algunas de las personas que nos rodean. ¿He dicho algunas? Quería decir todas. Por simplificar, diremos que para "averiguar" los años que tiene alguien le tienes que mirar a la cara, deducir como deducirías allí, y después quitar entre cinco y ocho años menos. No falla. Así que cuidado cuando pienses: "¡Uhm! No me importaría pasar la noche con esa..." Porque lo más probable es que "esa" a la que echas más o menos tus años acabe de conseguir la edad para poder conducir. ¡Qué decepción! Soy un asaltacunas...

Nos quedan 36 días en Jyväskylä.

martes, 21 de octubre de 2008

De felicitaciones a distancia y agradecimientos

- ¿Qué te han regalado por tu cumple?
- ¡Buah! Una cosa impresionante.
- Ya, pero ¿el qué?
- Es algo parecido a un mp4 edición de lujo...
- Vamos, que no sabés lo que es ni cómo funciona.
- No, pero la caja en la que venía es tan chula que
me sirve de joyero...

Hoy es un día que en este blog queremos aprovechar para lanzar un mensaje muy concreto a una persona muy concreta.

El mensaje es ¡Felicidades!, y la persona a quien va dirigido es Maite Llorente.

Lo de felicidades estoy convencido que lo ha entendido todo el mundo, así que pasaré a explicar, brevemente, quién es Maite y por qué se merece esta edición especial del blog.

Maite es la responsable máxima del proyecto Urratsbat de Erandio, y es la máxima responsable también de que estemos aquí, en Finlandia (de hecho la pobre parecía desesperada por mandarnos al extranjero lo antes posible... de hecho a lo mejor no le caemos bien y lo único que quería era sacarnos del país cuanto antes...)

El caso es que el trabajo de esta gran mujer, que hoy cumple años, es un revulsivo en un mundo en el que práticamente nadie mueve un dedo. Su energía, su vitalidad y sobre todo sus ganas de sacar adelante cualquier proyecto (propio o ajeno) es simplemente admirable. Sinceramente, creo que en toda mi vida no he visto a nadie moverse tanto por algo que, finalmente, no va a disfrutar ella misma, ya que todo el trabajo que ha realizado para traernos aquí es simplemente titánico y ha debido costarle un gran esfuerzo que, esperamos, le sea recompensado.

Por nuestra parte, y desde las lejanas tierras en las que estamos, no podemos hacer más que enviarle un gran abrazo, un zorionak y sobre todo darle las gracias, desde lo más sincero de nosotros mismos, por una oportunidad que no vamos a desaprovechar y que sin ella no hubiera sido más que un mero sueño.

Maite, gracias por hacerlo realidad. Gracias por estar ahí. Gracias por ser Maite.

¡Feliz cumpleaños!

Nos quedan 38 días en Jyväskylä.

domingo, 19 de octubre de 2008

De reuniones en M-Talo y paseos en bicicleta

Vamos a cambiar un poco la estructura del blog, aunque sólo sea en esta entrada (prometo recuperar el estilo anterior en las siguientes). El motivo no es otro que la necesidad imperiosa de contar algo en primera persona, no generalizando como hasta ahora he venido haciendo, sino centrándome en mi propia experiencia de lo vivido. ¿Que por qué este capricho? Como diría un viejo profesor de facultad: "porque puedo y porque quiero".

El pasado sábado 18 de Octubre, tras un largo día de compras (por cierto, grandes descuentos de hasta el 70% en Top Sport) fui invitado a una de esas reuniones sociales que frecuentemente, muy frecuentemente en realidad, se vienen produciendo en el M-Talo, que no es otra cosa que el edificio M de este complejo de viviendas de alquiler donde vivimos.

La idea era pasar allí la noche, en plan tranquilo, disfrutando de la velada en un ambiente multicultural e internacional en el que tienen cabida todo tipo de situaciones. Reconozco que no me resulta sencillo adaptarme a este tipo de actividades ya que, aunque las disfruto, me cuesta mucho coger confianza con la gente, y el hecho de que aquí cada día tus compañeros de "juerga" sean diferentes no me ayuda. No obstante, y a pesar de que lo fácil sería "pasar de mí", continúo recibiendo invitaciones para acudir a este tipo de eventos.

Así que, me preparé con mi ropa nueva y, llevando únicamente las llaves de mi apartamento en el bolsillo me presenté en casa de Ainara para comenzar la velada. No duramos mucho allí. La fiesta se trasladó rápidamente al apartamento de unas chicas, dos pisos más abajo, que nos abrieron sus puertas para compartir algo de bebida y unas patatas fritas en torno a una mesa en la que se oían multitud de idiomas. Sigo sorprendiéndome, casi cuatro semanas después, de la facilidad con la que la gente de diferentes culturas, de diferentes países, de diferentes creencias se relaciona, de una forma abierta y natural, compartiendo, enriqueciéndote aunque estés allí como un mero observador. Me gusta observar, casi más que participar.

El hecho es que, tras algo menos de una hora, se decidió cambiar el lugar de celebración por otro algo más impersonal, pero también más movido: el plan era ir hasta el centro, a un bar cuyo nombre no consigo recordar. El principal problema que se nos sobrevenía era el hecho de que no contábamos, al menos nosotros tres, con bicicletas con las que viajar hasta allí.

Una vez más, y a pesar de mi resistencia inicial, fui invitado a acompañarles en esta "aventura". Con un par de bicis "prestadas" (al menos una sí lo era) nos dispusimos a pedalear hasta Keskusta (el centro de la ciudad).

Una vez allí, y viendo que acceder al bar previsto inicialmente era imposible, nos acercamos a otro de nombre Katse, en cuya entrada, como ya deberíais saber, había un vigilante pidiéndole en carnet a todo el mundo. Yo no tenía nada encima salvo las llaves, así que tras unos segundos de angustia pensando en que podría quedarme fuera, y que eso terminaría afectando a los demás, respiré tranquilo cuando me dejaron pasar a pesar de mi falta de documentación (maldita sea, ya no aparento ser menor de edad).

Dentro del bar, como siempre. Diversión, baile, Frederick y conversaciones que a veces no consigues entender...

Ya de vuelta, a eso de las tres y media de la madrugada, cogimos de nuevo "nuestras" bicis para volver a casa. Mala suerte la mía. El cuestionable estado de la mía unido al hecho de que hacía once años que no montaba en bicicleta me dejaron atrás paulatinamente hasta que, al final, me quedé completamente solo en la fría noche finlandesa.

Los que me conocen saben que mi sentido de la orientación es nulo, así que poco les costará creer que, tras una desafortunada elección en un cruce, terminé perdido en una de las zonas residenciales cercanas a nuestro complejo. Desorientado, sin dinero, sin mapa y sin móvil, todo pintaba perfecto para pasar la noche a la intemperie en una zona desconocida en la que empezaba a desahecer caminos andados con la esperanza de encontrar algo reconocible. Y lo encontré. Una voz. La de Ainara. A ella se unió la de Alain.

Siguiéndolas conseguí llegar de nuevo hasta la carretera principal. Habían vuelto a buscarme. ¡Qué alivio!

Junto a ellos regresé a casa y devolvimos las bicicletas despidiéndonos hasta el día siguiente y bromeando sobre la aventura vivida. "Ya tienes una entrada para el blog".

Y aquí está. Pero el motivo por el que he escrito esto no es para contar, cual batallita del abuelo, lo que viví anoche. El auténtico motivo es que, como me gusta escribir, me gusta dejar constancia de aquellas cosas que, aunque en su momento no parecen reseñables, en realidad dejan huella porque te abren la mente a situaciones que antes no terminabas de comprender.

Anoche yo dejé de estar aquí con dos compañeros de viaje...

...me quedan 40 días en Jyväskylä con mis amigos.

sábado, 18 de octubre de 2008

De autobuses y demás medios de transporte

- ¿A qué hora pasa el bus?
- El panel informativo digital controlado por GPS
dice que el bus está a 2 minutos y 18 segundos de aquí. 17, 16...
- ¿Me da tiempo a fumarme un cigarro?
- 12, 11, 10...

Los finlandeses se mueven. Y no me refiero sólo a que huyan de algo (es sorprendente ver la cantidad de gente que hace footing por aquí, parece que corren escapando de algún terrible suceso que les sobreviene, ¡Maldita sea! ¿Qué saben ellos que no sepamos nosotros?). Me refiero a que los finlandeses, como el resto del mundo supongo, necesitan de medios de transporte con los que ir de un sitio a otro.

Y como aquí no llega la línea 3 del metro, pues el bus es el rey de todo este tinglado. Aquí la frecuencia de autobuses es de aproximadamente 20 minutos, y lo que más llama la atención es que son extremadamente puntuales, tanto en la llegada como en la salida. Si marca en el horario que el bus llega a tu parada a las 12:15h. ten por seguro que si llegas a las 12:16h. lo has perdido.

Pero probablemente lo que más mola de este medio de transporte es el hecho de que te da la oportunidad de convertirte en algo así como un agente de la C.I.A. que usa su tarjeta de acceso para acceder a la zona de acceso restringido donde no puede acceder nadie que no esté autorizado a hacerlo. Se me va la pinza.

Aquí el bus es un poco caro, unos 2,90€ por viaje, así que resulta más rentable adquirir un bono mensual, por algo así como 54€ (45€ si tienes un falso carnet de estudiante) que no es otra cosa que una tarjeta que por un lado es de plástico como cualquier tarjeta, pero que por el otro es de una superficie tipo metálica (en realidad parece papel albal, pero queda muy cutre si lo digo así) y que sirve para ticar en el bus cuando te montas. El tema es que para ticar lo que hay que hacer es simplemente acercar la tarjeta a un lector, que en realidad no es más que una superficie lisa con lucecitas que se encienden cuando reconoce la tarjeta. Vamos, como cualquier agente de la C.I.A. entrando en zona restringida (ahora entendéis mis idas de olla). Pero por si eso resultara poco molón, resulta que ni siquiera tienes que sacar la tarjeta del sitio donde la tengas guardada, basta con acercarla aún dentro del bolso, bolsillo u orificio corporal donde te guste guardarla. ¿A que es guay...?

Pero si pasas de bono mensual siempre te quedan los medios tradicionales de pago de cualquier autobús: o sea, metálico o... ¡tarjeta de crédito! Sí, aquí cada bus viene equipado con su terminal de pago para que pases la mastercard o la visa sin ningún problema. Nos llevan años de ventaja. Me pregunto si en realidad no aceptarán también cheques al portador...

Como nota de agradecimiento que nunca leerán, así que en realidad podría ahorrármela, pero ya que he empezado a escribir, pues termino, cabe destacar que los conductores son sorprendentemente amables. No sólo porque te informen sin ningún problema sobre si este autobús va a tal dirección o si es mejor que cojáis otro (sin prisas, dedicando el tiempo que necesites), sino porque dan las gracias, una por una, a todas las personas que entran en el bus y tican con la tarjeta superguay. Además, aquí se usa la puerta delantera también para descender y te abren aquella de la que estés más cerca. El tema de que usan el iPod con sus auriculares puestos mientras conducen es ya otro tema, pero bueno, nadie es perfecto...

Si resulta que tienes la suerte de tener coche, y por lo tanto no tienes que coger el bus ni por consiguiente tienes la oportunidad de utilizar la tarjeta supermolona, debes saber que aquí se circula con las luces encendidas todo el día, sea la hora que sea y haya la luz que haya. Además los límites de velocidad se respetan sorprendentemente a rajatabla. No hay mucho tráfico, al menos por la zona de Jyväskylä, (imaginamos que Helsinki tendrá más), así que resulta usual encontrar calles desiertas de coches y reconfortante el saber que aquí no pillan caravanas (¡ay!, A8, cuánto te echo de menos...)

Si no tienes coche, y no te gusta el bus, te quedan dos opciones: una es ir a patita, que con el frío que hace significa ir corriendo para no morir de hipotermia (de hecho cada vez que vamos andando parece que llegamos tarde al sitio al que sea que vayamos...) La otra opción es la bicicleta. Es tremendamente popular, y existen aparcamientos por toda la ciudad dedicados a este medio de transporte, por lo que puedes ir a cualquier punto. Seguimos con la duda, eso sí, de si coger una bicicleta sin candar es tomarla prestada o robar directamente (bueno, robar tampoco, que luego se devuelve) pero sí que existe ese concepto de "usurpación transitoria de la propiedad privada sin perjuicio para el titular" (me gustaba Ally McBeal, ¿qué pasa?) que no terminamos de entender...

Por cierto, nota aclaratoria sobre el orden de prioridad de los elementos de circulación en Finlandia: autobús, coche privado, bicicleta y por último peatón... Así que cuidado con los coches al cruzar, con el bus al esperar en la parada muy cerca del bordillo, con las bicicletas cuando vayas por la acera... Mira, ten cuidado en general y estarás seguro. Eso sí, ni se te ocurra cruzar con el semáforo en rojo y mucho menos por una zona sin semáforo o paso de peatones... multa...

Así que mientras sigamos aquí nos seguiremos moviendo, para no morir congelados y eso...

Nos quedan 41 días en Jyväskylä.

jueves, 16 de octubre de 2008

De convivencia y compañeros de piso

- Oye, ¿tú tienes alguna manía rara?
- Bueno... Me muerdo las uñas... de los piés.
- ¡Joe!, ¡Qué guarrada!
- ¡Mira quién fue a hablar! El que hace pelotillas con la pelusa de su ombligo...

Nadie dijo que sería fácil. Tras un par de semanas compartiendo piso podemos realizar un primer análisis objetivo de lo que es tener un compañero/a/os/as, y sobre todo de lo que supone de cara al "enfrentamiento" no sólo de manías, sino también de costumbres y culturas...

El primer punto a analizar es el hecho, irrefutable, de que no es lo mismo compartir casa con un amigo/conocido que con alguien a quien no has visto en tu vida. A un amigo, si le tienes que pegar un grito, pues se lo pegas, a un tiarrón esloveno que aparenta 34 años y que te saca dos cuerpos, pues a lo mejor te lo piensas un poco más...

Pero el punto que más jugo da, por aquello de que también es el de mayor fricción (¿he dicho fricción?) es el de las normas de convivencia en la casa, el abc de cualquier relación estable...
Elementos comunes: cocina, baño, ¿recibidor?, bueno, este último nos lo saltaremos porque no tiene mayor misterio... (a no ser que encuentres un cadáver, en cuyo caso el misterio sería mayúsculo)

La cocina: ese lugar en el que no es fácil sobrevivir, (como ya hemos podido leer anteriormente) y que es de obligado uso. El primer punto de interés es el de horarios. Partimos con ventaja. En el resto de Europa los horarios para las comidas son GMT-3 (o sea, que comen tres horitas antes que nosotros), luego para cuando nos ponemos manos a la obra con las salchichas el campo de batalla está libre. Más complicado es el tema del fregado. Existen dos vertientes: la vertiente "ya fregaré cuando la pila de platos amenace con desplomarse" y la vertiente "ya fregaré cuando la pila de platos se haya desplomado". En cualquiera de los dos casos, sobre todo si tú eres de los de "en cuanto termine de comer friego" sales perdiendo, porque es muy probable que entre los cacharros sucios de tu compañero haya algo que necesitas para realizar tu fantástica receta. Y eso fastidia sobremanera si tú siempres dejas listo para su uso todo aquel utensilio que has utilizado.

La limpieza de la cocina tal cual también puede ser motivo de fricción (¿otra vez fricción?). ¿Por qué tu compi de piso no barre nunca? A lo mejor no sabe que tenemos escoba. ¿Debería quitar las migas de la mesa? No, así los pajarillos podrán alimentarse de algo... Los envoltorios por doquier, los cacharros apilados... todo estratégicamente colocado para trabajar lo menos posible. Eso por no hablar de lo que cocinan, que si por el olfato nos guiáramos, aquí ya se habrían producido varias alarmas biológicas.

Pero pasemos al baño...
Inciso para relatar cómo es el típico baño finlandés. Lavabo, espejo, taza, papel higiénico (del que raspa, ¿eh? no porque sea el más barato, sino porque es el que mejor desincrusta) y ducha. No hay muchas diferencias hasta aquí, ¿no? (bueno, igual en el papel, que allí estáis acostrumbrados al scottex). Pero, ¿y si os digo que aquí la ducha no tiene plato, es decir, que el agua cae directamente al suelo del baño, que no hay manera ninguna de contener el agua en un recinto cerrado? Y para colmo la cortina de la ducha no llega hasta el suelo, con lo que cada vez que te duchas llenas todo el baño literalmente de agua.
Existe un aparatito similar a lo que allí se usa para limpiar los escaparates de las tiendas, aunque un poco más grande, que sirve para, una vez hayas terminado de mojar todo, empujes el agua hacia el desagüe (¡anda, una diéresis!). Pues bien, volviendo al tema de la convivencia, os habréis imaginado el problema...
Por cierto otro inciso, las mujeres siempre os estáis quejando de que los tíos dejamos el baño lleno de pelos... ¡cuánta razón tenéis!

Pero claro, lo anterior tiene una ventaja, y es que al ser todo el suelo del baño superficie "mojable" puedes hacer como cierto flatmate (compañero de piso en la lengua de Isabel II) y, tras cortarte el pelo en el baño y dejarlo lleno de idem, manguear toda la estancia para dejarla como los chorros del oro (quiero que quede claro que lo estoy diciendo en tono irónico. Jodió bastante encontrar todo el baño encharcado (incluída la taza y el asiento de la misma) con la imposibilidad de entrar sin botas de agua).

Pero lo bonito de convivir es que vives experiencias únicas e irrepetibles que, cual anuncio de compresas, no dejan de hacerte sonreir:
My flatmate:
- ¿Qué haces?
Myself:
- Freír patatas.
My flatmate, sorprendido:
- ¿En la sartén?

Nos quedan 43 días en Jyväskylä.

martes, 14 de octubre de 2008

De trabajo y más trabajo

- Así que a Finlandia te vas a trabajar, ¿no?
- Sí, un par de meses currando fuera.
- La experiencia valdrá la pena.
- Supongo...
- Pero allí creo que madrugan mucho...
- ¡Eh! Que yo voy a trabajar, no a que me exploten.

Habiendo leído las entradas anteriores a esta, cualquiera podría haber imaginado que hemos venido a Finlandia a pasar un par de meses de vacaciones a gastos pagados, pero nada más lejos de la realidad... (vaya, ni yo me lo creo...)

El auténtico motivo de nuestra estancia en este lejano país no es otro que el de intercambiar experiencias con otras formas de enfocar el trabajo. Abrir nuevos caminos.

Antecedentes: Nos encontramos en una fase de pre-creación o re-lanzamiento de nues-tras empresas. Gracias al apoyo del programa Leonardo DaVinci y la gente del centro Urratsbat de Erandio (con Maite Llorente a la cabeza) nos hemos embarcado en una experiencia que, tras trece días, parece que sí que va a ser inolvidable (por una vez la publicidad no miente...)
Con nuestros respectivos proyectos bajo el brazo, y tras haber sido captados de las más surrealistas maneras (increíble pero cierto, hay plazas vacantes para este tipo de iniciativas), nos montamos en un avión para tratar de perfilar y mejorar nuestras ideas. El objetivo final es perfeccionar lo que se supone que sabemos hacer para, de cara a enfrentarnos con el mundo laboral real, tener un arma más afilada con la que partir un mejor trozo de la tarta del mercado (¡Madre mía!, las metáforas ya no tienen secretos para mí, estoy emocionado...)

Y tras esta breve explicación, vamos al grano. Estamos adheridos a un centro de Formación Profesional (o equivalente) llamado Mediapaja (sé lo que estáis pensando... que la metáfora tampoco era tan buena, prometo mejorar). El caso es que el citado Mediapaja (se pronuncia midiapaya) es algo así como una productora audiovisual en la que los alumnos del centro practican en un entorno bastante similar al que se encontrarán cuando salgan al mercado laboral.

Nuestro cometido actual es el de planificar un par de actuaciones en directo y escaletar un videoclip (por cierto, la música en suomi no suena nada mal). Para ello contamos con el apoyo de un nativo, que se ha unido a nuestro pequeño grupo creativo y que pone de relieve eso de la globalización, o sea, que al final (hablando inglés, eso sí) vas a tener que estar preparado para trabajar con gente de cualquier parte del mundo (no, si al final lo de currar fuera va a estar bien y todo).

Unido al trabajo propiamente dicho, estamos aquí para cubrir otra faceta de nuestro proyecto: el de desarrollo propiamente dicho. Es decir, conseguir orientación sobre cómo afrontar la puesta en marcha de un negocio.
En este punto estamos algo más estancados ya que, al ser la primera "promoción" que se beneficia de este proyecto las cosas están poco hilvanadas. De hecho, aterrizamos en la cámara de comercio y, sentados nosotros frente a las responsables del centro, nos preguntamos mútuamente en podíamos ayudarnos... Surrealista, pero bonito.
Finalmente llegamos a un punto en común y nos derivaron a otro departamento (maldita sea, ¿se querían deshacer de nosotros?) que parece que sí tiene que ver con lo que buscamos. Estamos pendientes de una cita.

Así que aquí estamos, trabajando pero disfrutando de una experiencia que de otra manera no hubiéramos podido vivir. A quienes les corresponda: gracias.

Nos quedan 45 días en Jyväskylä.

domingo, 12 de octubre de 2008

De alta cocina y otras mentiras

- ¿Qué tienes hoy para comer?
- Macarrones.
- Pensaba que habías comido ayer.
- Es que cociné para dos días.
- ¿Y qué tienes mañana?
- Macarrones.

Situémonos en la cocina, esa parte de la casa en la que hasta ahora sabíamos que había un frigorífico (básicamente sirve para enfríar cosas, como por ejemplo bebidas), armarios (básicamente contienen cosas para ir picando hasta la hora de las comidas) y una fregadera (básicamente para beber agua, que también es importante).

A la lista anterior hay que añadir un nuevo aparato: la cocina propiamente dicha (ya sea de gas, vitrocerámica o, como en nuestro caso, eléctrica). Sirve para cocinar los alimentos que guardamos en la nevera o los armarios (sí, contienen más cosas a parte de bebidas y picoteo), y básicamente habíamos decidido obviarla mientras vivíamos en casa por aquello de que ya tenía "dueña".

Que como mami no cocina nadie es una verdad como un templo, pero claro, llega la hora de ponerse el delantal (resulta que no es un uniforme de cocinero sin más, sino que sirve para evitar que las cosas que salpican te manchen la ropa) y empezar a cocinar.

Antes de ponerte a ello cabe hacer una pequeña recolección de recetas, por aquello de saber qué eres capaz de cocinar: macarrones (o spaghettis), arroz cocido, salchichas, patatas fritas, huevos... la lista parece interminable.

Llega la hora de acercarte al fogón. En ese momento, envalentonado por todos los años que llevas viendo cocinar a Arguiñano, no piensas en otra cosa que encender el fuego a tope y colocar sobre él el primer recipiente en el que has vertido una cantidad indiscriminada de aceite (por no saber cuál es la cantidad correcta, mejor que sobre que no que falte) para ponerte manos a la obra. Y mientras se calienta el oleoso producto tú corres a preparar los ingredientes que utilizarás en tu sofisticada y refinada receta: salchichas con patatas.

El aceite está caliente, procedamos. Comenzamos echando, tímidamente, una patata sobre el líquido; parece que la cosa va bien. Echamos el resto y las meneamos a ver si se animan un poco, que parece que están depres. Cuando van cogiendo el punto dorado que las caracteriza (maldita sea, ¿por qué no se me doran todas igual? La próxima vez tengo que echarlas al fuego más rápido, si tardo cinco minutos desde la primera hasta la última el resultado no es óptimo) se procede a sacarlas de la sartén.

Fase 1 completada. Bien. Vamos con la fase 2. Tengo el aceite caliente y las salchichas en un plato: procedamos. El método de trabajo es básicamente similar al anterior. Coloco las salchichas en la sartén y las muevo un poquito... pues no es tan difícil esto de cocinar...
El problema surge cuando las salchichas, vete tú a saber por qué, se encabronan y deciden ponerse a salpicar todo de aceite hirviendo. Ante todo calma. Estirándonos lo máximo posible (con el objetivo de proteger nuestra integridad física), alargamos el brazo para tratar de calmarlas meciéndolas suavemente. No funciona. Y cocinar a cuatro metros de la sartén es seguro pero pelín incómodo. Está bien. Atacaremos por un flanco, esperando pillarlas de improviso, y retiraremos la sartén del fuego. Conseguido. En un fatal despiste de las salchichas hemos logrado cortarles el suministro de calor y, por consiguiente, sus recursos armamentísticos; ya no nos pueden hacer nada.

En ese momento, al ir a apagar el fuego compruebas que sigue a tope. (¿Será el motivo de la rebelión de las salchichas?) Bueno, no importa, la próxima vez irá mejor.

Las sacamos de la sartén y las colocamos junto con nuestras patatas medio hechas, medio quemadas (si me como a la vez una casi cruda y otra casi quemada, ¿se compensarán y el sabor será el de una patata normal?)

Afortunadamente en el armario hay tomate frito. ¡Gracias a Dios!. Ya tenemos más recetas: macarrones con tomate (o spaghettis), arroz cocido con tomate, salchichas con tomate, patatas con tomate, huevos con tomate...

Te queda, eso sí, el reconfortante alivio de estar comiendo algo que has preparado tú mismo. Mañana como fuera.

Nos quedan 47 días en Jyväskylä.

viernes, 10 de octubre de 2008

De inglis, espanis y suomi

- Así que te vas al extranjero, ¿eh?
- Pues sí, un par de meses fuera de casa.
- ¿Y qué tal vas de inglés?
- Bueno, me defiendo.
- Y eso, ¿qué significa? ¿que si te hablan les vas a pegar?

Que el inglés es el idioma universal no lo vamos a poner en tela de juicio porque este no es ni el momento ni el lugar (el día que los extraterrestres quieran dar por formalizada su existencia discutiremos sobre el tema), pero reconozcamos que no es imprescindible para comunicarte. Básico sí, pero no imprescindible.

En Finlandia se habla Suomi (finlandés para los no iniciados), una especie de lengua que según algunas teorías (cada vez menos disparatadas) se asemeja al euskera (si esto lo lee alguien de fuera de Euskadi, decir que el euskera es el idioma de la Comunidad Autónoma Vasca. ¡Qué narices! Si esto lo lee alguien de fuera de Euskadi que lo diga en comentarios, que ahora mismo monto una fiesta!!)

El caso es que la citada lengua es pelín compleja (por no decir difícil de pelotas) y que ya te pueden hablar despacio, despacio, que no vas a pillar ni por asomo el contexto de lo que te están diciendo. Como bien nos aconsejaron antes de partir: "Si véis que alguien se acerca a vosotros hablando a gritos y agitando los brazos, aunque no le entendáis, salís corriendo". Elemental.

El Suomi, eso sí, tiene algunas peculiaridades: por ejemplo, el uso indiscriminado de la diéresis (¡ay, madre! ¿dónde quedaron los años de colegio? La diéresis son los don puntitos que se ponen a veces encima de las vocales. eg. ä) (¡Madre mía! eg, significa Ejemplo Gráfico. ¿Ya? Pues sigo)
Unido al abuso de ese signo (cuya pronunciación estamos aún practicando) se debe hacer notar que la H se lee, la J se pronuncia tipo "i" y que la K campa a sus anchas por todas partes (aquí taxi se dice taksi).

Pero lo que más llama la atención (sobre todo al ver carteles) es que aquí no escatiman letras. Muotoutumassa, ¡toma palabreja! Ahí va otra: ammattikorkeakoulussa. ¿Ganas de más? Supercalifragilístico... ¡Ay, no! Esa es en otro idioma...

Con todo lo anterior, es normal que los ingleses, alemanes, holandeses y demás criaturas no puedan sino hablar en inglés (nosotros podríamos hablar fácilmente suomi, pero ya que todo el mundo habla la lengua de Shakespeare, pues nosotros también).

Y resulta paradójico que personas de diferentes países hablen un idioma que no es el suyo para poder comunicarse entre sí, aunque siempre sueltas alguna perla en tu propia lengua que, además de hacerte sentir mejor, sirve para que los demás aprendan vocabulario ("¡Joder! ¿Cómo se decía...?").

Pero, y remitiéndome al principio, el inglés es básico pero no imprescindible. Llevamos pocos días en Jyväskylä y en toda mi vida no había visto a tanta gente gesticulando tanto (y cabe apuntar que he estado en Italia). Estoy seguro de que si de pronto me quedara sordo, seguiría siendo capaz de entender la mayoría de conversaciones a mi alrededor. Y es que hay que reconocer que el ser humano tiene una capacidad increíble para comunicarse, y eso es de agradecer. ¿Que con la palabra no eres capaz de trasmitir todo lo que quieres?, pues agitas los brazos que seguro que así se enteran mejor.

En fin, nos queda tiempo aún para tratar de perfeccionar la lengua universal. El problema es que, para cuando lo consigamos, tendremos que empezar de cero con el chino...

Nos quedan 49 días en Jyväskylä.

jueves, 9 de octubre de 2008

De international parties and so

¡Fiesta!

- ¡Joe, qué noche!
- Ya te digo. ¿Tú te acuerdas de algo?
- No mucho, la verdad.
- Yo tampoco.
- ¡Joe, qué noche!

Ambiente juvenil, ni rastro de padres/tutores/supervisores... ¿se puede pedir más?

Llega el turno para el ocio, en dos vertientes. La verdad es que en el poco tiempo que hemos pasado aquí hemos podido probar (al menos un poquito) el "saturday night" de Jyväskylä (lo extenderemos al resto de Finlandia hasta que alguien se atreva a rebatir esta entrada).

Nuestro primer contacto con la vida nocturna tuvo lugar un viernes (o eso creo recordar) en un lugar llamado "Kharma" (sí, lo sé, el nombre mola). En este garito, al que para acceder hay que hacer cola (temiendo no estar en "la lista" y por lo tanto con el comprensible temor a que no nos dejaran pasar) piden el carnet de identidad a la entrada para asegurarse de que tienes la edad permitida. Y se lo piden a todo el mundo. "Malditos sean, ¿para qué nos piden el carnet?" Nosotros, precavidos, unos metros antes de que nos tocara el turno preparamos nuestra identificación ("somos extranjeros, ¿necesitaremos el pasaporte también?"). Llegamos a la altura del guardián y le mostramos orgullosos nuestros DNIs. "No hace falta, podéis pasar". Horror. Ya no aparentamos ser quinceañeros... "Malditos sean, ¿por qué no nos han pedido el carnét? Tampoco aparentamos tanta edad..."

Una vez dentro el sitio es similar a cualquier bar/discoteca: distintos ambientes, la música está alta, el water huele a meados... Pero sí que hay detalles que merecen comentario.

Por ejemplo, hay una especie de sección donde puedes jugar al blackjack, ¡y la gente se anima a hacerlo! También hay sillones por doquier, zonas tranquilas donde descansar de tanto salto y tanto baile, una pista donde suena bastante música en español (sí, incluyendo "la macarena").

Pero sin duda, el gran atractivo del local es su zona para fumadores. En Finlandia está prohibido fumar en los establecimientos públicos, incluídos bares, y eso se respeta escrupulosamente. Para los que no pueden aguantar el mono existe un pasillo (sí, he dicho un pasillo) donde el ambiente es tan denso que sólo con entrar ya puedes saciar tus ansias de nicotina. El zulo, como cariñosamente me gusta llamarlo, tiene algo así como un metro y medio de ancho por unos diez de largo, acabando en una pequeña sala. La gente, lógicamente, piensa: "¿para qué voy a ir hasta el final, pudiéndome quedar al principio?" El resultado es un montón de peña echando humo en algo parecido al camarote de los hermanos Marx.

La otra vertiente del ocio nocturno de la que hablaba es la de las fiestas erasmus. Resulta extremadamente sencillo acostumbrarse a este tipo de funcionamiento, donde ya no importa quién eres ni lo que haces, sino que formas parte de una comunidad por el simple hecho de estar allí. El buen rollo que se respira es tal que, aunque no quieras, te ves imbuido de él.

Nos encontrábamos en la cocina de uno de los apartamentos cuando fuimos invitados a la fiesta de cumpleaños de un francés, al que ni conocíamos (en realidad no conocíamos a mucha gente, llevando tan sólo dos días en el piso) por una persona que no era el "anfitrión". "¿No le importará que vayamos?", "No, la puerta está abierta a quien quiera ir". Y fuimos.

Nigeria, Francia, Portugal, Italia, Inglaterra... No es la lista de Naciones Unidas, es el listado de nacionalidades en la fiesta. Un popurrí de gente, de culturas, de colores, que en mi vida he experimentado igual (ni creo que lo vuelva a hacer; como la primera vez no hay ninguna).

Saludos, manos chocando, besos en la mejilla, fotos de grupo y la misma pregunta una y otra vez: "Where are you from?" Definitivamente, es otro mundo.
A la fiesta, eso sí, había que ir provisto de tu propia bebida (el anfitrión colocó allí algo parecido a una tarta), pero eso es lo de menos.

Aún hay tiempo para más, para conocer más.

Nos quedan 50 días en Jyväskylä.

martes, 7 de octubre de 2008

De qué, cómo y dónde comprar

El paradigma de cualquier emancipado: ¿dónde hago las compras? ¿qué compro? ¿por qué hasta ahora no me había dado cuenta de que en los supermercados hay más pasillos a parte de los de videojuegos?

La oferta en Jyväskylä es amplia, en el más amplio sentido de la palabra. Nos encontramos ante una cultura de centro comercial sin parangón. A veces nos quejamos de cómo las grandes superficies y galerías comerciales lo han invadido todo en aquellas tierras a las que solía llamar "mi casa". Pues bien, en Finlandia el centro comercial es el rey, y eso se deja ver al comprobar que aquí una galería comercial comparte pared con la siguiente... TODO es un punto de venta.

Se puede entender este modo de vida como el refugio al que los ciudadanos del país del frío han llegado a llamar segundo hogar. No es para menos. En una cultura en la que el ocio "outdoor" está poco menos que extinto, sólo queda llenar el tiempo recurriendo a zonas calientes que las tiendas (grandes cadenas en su mayoría) han tardado poco tiempo en colonizar.

Pero una vez superado el primer trago que supone encontrar un "corte inglés" cada 25 metros, cabe destacar que desde otra perspectiva, el fenómeno centro comercial se entiende de otra manera. Aquí las galerías abren de lunes a domingo, sí, todos los días al servicio del público. Sin embargo el horario difiere del que conocemos como "normal" (de 10 a 22, de lunes a sábado).
Aquí los "hipers" funcionan en un horario continuo de lunes a viernes (de 9 a 21, en el más extendido de los casos). Los sábados, al contrario de lo que cabría imaginar, cierran algo más pronto, sobre las 18h. Los domingos abren de nuevo hasta las 21, pero su jornada comienza a las 12 del mediodía... (en este punto, y a modo de nota, citaremos el caso del McDonalds, cuyo horario es similar al del centro comercial al que está adherido, pero que tiene un servicio McAuto abierto las 24 horas ¿?)

Una vez conocidos los horarios, y los locales, conviene acercarnos a la estantería para ver qué nos ofertan estos centros de consumo. Carne, pescado, leche (resulta todo un reto averiguar cuál es la leche entera)... vamos lo típico de cualquier "súper". Pan de molde (12.453 variedades de pan de molde), galletas, precocinados, rifles... Sí, rifles. Sin licencia y al lado del sedal para pescar, todo en el pasillo 3 al módico precio de 40 euros. Por seguridad el gatillo está inaccesible para que no puedas ponerte a disparar hasta haber pagado (¡hasta ahí podíamos llegar!).

La lista de productos "únicos" supongo que no tendrá final. Tabletas de chocolate del tamaño de los cheques que en televisión regalan a los concursantes de un programa, aparatos para que montes tu propia destilería de alcohol en casa... lo típico, vamos.

¿Y los precios? Asequibles a cualquier bolsillo: 14 euros por unas pinzas de esas de depilarte las cejas... Toda una ganga, oiga.

El mundo de las compras es un terreno en el que aún nos queda mucho por explorar... lo seguiremos intentando...

Nos quedan 52 días en Jyväskylä.

sábado, 4 de octubre de 2008

De presentaciones y de cómo se llega a Jyväskylä

Estrenamos blog!!

Y para iniciarlo, nada mejor que una presentación, y es que ya que vamos a exponer aquí una parte sustancial de nuestras vidas, lo mejor es que empecemos por el principio...

Corría el año 1982... bueno, igual eso es ir demasiado al principio. Adelantemos unos cuantos años y situémonos en 2008, concretamente en el mes de Octubre. El día 1 del citado mes, tres ex-alumnos del centro de Formación Profesional Ategorri Tartanga, de Erandio, embarcamos en un avión rumbo a un país desconocido (al menos para nosotros. Deducimos que ya que en los mapas sí que aparece, alguien debió conocerlo antes) para participar en un proyecto de emprendizaje (+info en Wikipedia) y de paso vivir una experiencia única.

Lo bueno de este tipo de viajes es la experiencia de la aventura, y ¡vaya si empezamos con una aventura!

Tras aterrizar en Helsinki, coger un autobús hasta la estación de tren, allí (¡oh, sorpresa!) un tren hasta Jyväskylä y allí nuestros propios pies hasta llegar a la oficina central de Koas (que es una especie de empresa que gestiona una especie de pisos para una especie de estudiantes), nos encontramos con la puerta cerrada (aviso a navegantes: el Koas cierra a las 15:00h.)

Compuestos y sin novia, y encima de verdad, sin novia, que vinimos solos... el frío empezaba a resultar amenazante (con lo educado que había sido hasta entonces) y nosotros no encontrábamos un lugar donde pasar la noche. ¿Los hoteles? Ocupados, todos, por una feria tecnológica que debe ser una pasada, porque hasta el campus de la universidad estaba lleno.

Tras varias llamadas (la factura en próximas entradas del blog, prometemos escaneo...) encontramos la solución en la persona de un hombre cuyo nombre no voy a reproducir por mantenerlo en el anonimato (el que no sepa cómo se escribe no tiene nada que ver con que no lo ponga). Arropados en el calor de su casa, y con una cama asegurada, nos dispusimos a cenar... el embutido traído de casa.

Ya al día siguiente, y con las llaves del apartamento en la mano, nos dirigimos a nuestro hogar dulce hogar. Para resumir un poco el recibimiento: un compañero de piso anti-social, otro social pero coartado por el anti-social, dos majos y un desaparecido (tras cuatro días sin noticias empezamos a preocuparnos, mañana comenzaremos la búsqueda de su cuerpo por los lagos cercanos).

Y seguimos la experiencia, y la seguiremos contando (la primera compra merece una entrada en sí misma), pero eso lo dejamos para más adelante...

Nos quedan 55 días en Jyväskylä.