miércoles, 26 de noviembre de 2008

De spedida y cierre

- Ha llegado el día.
- Sí.
- Parece que esto se acaba.

- No, esto no ha hecho más que empezar...

No resulta fácil comenzar a escribir la entrada que sabes que será la última. No es fácil porque las despedidas nunca lo son. Y a pesar de que estamos contentos por poder reencontrarnos con nuestros familiares y amigos (estamos como locos por abrazaros), la verdad es que el sentimiento agridulce que nos embarga es tal que nuestra marcha a casa la tomamos como el abandono del que se ha convertido en nuestro segundo hogar.
Es lo que tiene haber vivido tanto tiempo en un lugar, que al final te acostumbras a él. Y decir adiós a tu habitación, que al principio parecía pequeña, o a tu casa, que inicialmente parecía extraña, es un ejercicio que cuesta realizar.

Atrás dejamos compañeros de trabajo, compañeros de piso, amigos... Una forma de vida que sabemos que allí, en casa, no vamos a poder reproducir (ahora que ya nos habíamos acostumbrado a andar sobre el hielo...)

Resumir dos meses en unas pocas palabras no es sencillo. Creo que ni siquiera no lo voy a intentar. Dejaré esa labor para nuestra vuelta, para reunirnos en torno a una mesa con aquellos que llevan tanto tiempo esperándonos y contarles en primera persona nuestras aventuras, nuestros viajes, nuestras experiencias. Lo que habéis podido leer en este blog es sólo un apunte de lo que os espera.

Nos dijeron antes de nuestra partida que este tipo de experiencias te cambian la vida. Puede que sea verdad, lo comprobaremos en unos días, pero de lo que no cabe duda es que, para las tres personas que hemos podido disfrutar del privilegio de pasar dos meses en Finlandia, ahora comienza una nueva aventura. Puede que no sea definitiva, eso el tiempo lo dirá, pero sin duda es una de las más apasionantes. Estamos preparados para enfrentarnos a lo que nos espera en casa, estamos listos para arrasar.

Y mientras terminamos de hacer las maletas, arrepintiéndonos de haber comprado tantas cosas que no conseguimos cerrarlas, pensamos en lo que fue y en lo que pudo haber sido. Balance final. Sopesar lo que ha ido bien, lo que no ha ido tan bien, lo que esperábamos y lo que nos hemos encontrado, en todo lo que podría haber salido mal... Las anécdotas que nunca olvidaremos y que volverán a hacernos reir... Momentos que sólo hemos compartido nosotros y que sólo nosotros podremos volver a revivir.

Dice uno de nosotros:
"Siempre es bueno pararte a mitad de camino hacia el monte del destino para así poder darte cuenta de lo que has caminado, reponer pilas y mirar al horizonte que te espera."

Dice otro:
"Gracias por darnos la oportunidad de vivir una experiencia inolvidable como esta con estos dos grandes amigos."

Dice el tercero:
"Ojalá nunca perdamos lo que hemos ganado aquí, porque ha sido tan importante que sólo nos ha podido cambiar para mejor."

El juego de adivinar quién ha dicho cada frase es nuestra despedida. Al fin y al cabo vinimos tres y nos vamos uno. Se ha acabado nuestro tiempo aquí.

Nos queda un día menos para volver a Jyväskylä.

martes, 25 de noviembre de 2008

De castillos encantados y malvadas brujas

- Anoche me costó mucho dormir.
- Yo cuando no puedo dormir, imagino una historia.
- ¿Y qué historia vas a imaginar aquí...?

Como todo cuento que merece ser contado, nuestra historia tiene lugar en un país muy, muy lejano, mucho más lejano que Andorra. Hasta allí, víctimas de un cruel hechizo que les había hecho creer que iban a desarrollar sus capacidades laborales, fueron a parar los tres protagonistas de nuestra historia. Confiados en hacer aquello para lo que se les había encomendado, se presentaron ilusionados en la fortaleza del Reino de Mediapaja, un lugar sombrío del que en el pueblo se habían oído rumores acerca de su malvada caudilla.

Recibidos con entusiasmo por el leal segundo de la reina, los tres aguerridos héroes pudieron dar un primer vistazo a las lujosas instalaciones del palacio: un estudio equipado con la última tecnología, ordenadores portátiles por doquier, incluso un traje de captura de movimientos. Todas las riquezas que habían podido imaginar estaban allí, esperando para ellos. Estaban ansiosos por empezar...

Y no tardaron mucho tiempo en conocer a la anfitriona de aquella fortaleza. La Reina Tiina II, de quien decían que era una gran gobernanta, se presentó con varios proyectos para los inocentes protagonistas. Sentados alrededor de una mesa cuadrada, pronto comenzaron a trabajar en aquello que les habían ordenado. Pero la astuta reina, que no quería que los nuevos trabajadores usmearan en sus asuntos, les dejó a cargo de uno de sus más allegados secuaces... el (moreno) elfo Sami.

Junto a él diseñaron los que serían sus dos primeros proyectos. Ansiosos de ver cómo su trabajo daba frutos, esperaron que todo aquello que habían plasmado en papel, y en lo que tanto empeño habían puesto, viera por fin la luz en forma de realización en directo. Sin embargo, el hechizo que se cernía sobre ellos impidió que todo aquello tomara forma, diluyéndose como un azucarillo en un amargo café doble con un chorrito de nata líquida...

A medida que el tiempo pasaba, la Reina, que cada vez se ausentaba más de sus labores reales, viajando en carroza hasta el vecino reino de Helsinkania, les encomendaba más y más trabajos que, finalmente, no iban a parar a ningún sitio. Nuestros héroes comenzaban a impacientarse, más aún cuando el torneo anual de Avid, cuya inscripción costaba más de mil euros, y que otorgaba al ganador el título de Editor Supremo del Reino, no terminaba de celebrarse debido a las inquietudes de la Reina, que cada día se ponía más nerviosa al comprobar cómo sus súbditos empezaban a descubrir secretos acerca de su forma de gobernar.

Necesitada de controlar aún más a nuestros protagonistas, la Reina decidió contar con los favores de un orco, el cual debía cumplir una condena de trece meses de trabajos forzados por negarse a alistarse en las tropas del reino. Sin embargo, el plan de la reina de controlar más de cerca a sus trabajadores no resultó del todo bien, ya que el orco pronto se alió con ellos para descubrirles los secretos del castillo.

Traiciones, robos, chucrut... todas y cada una de las incontables e inconfesables acciones llevadas a cabo por la reina y sus más directos secuaces comenzaban a salir a la luz. Pronto sería inevitable la caída del Imperio... A no ser que...

Apremiada por la necesidad de desviar la atención hacia otro lado, la Reina, en un inteligente gesto de distracción, convocó al caballero de la orden de los Kleemola para que realizaran para él un vídeo con el que poder promocionarse en las numerosas ferias del condado. Todo estaba listo para su astuto golpe final...

Tras varios días de trabajo, y tras varios ensayos sobre cómo se debería enfocar el vídeo, los tres protagonistas presentaron el proyecto final. La Reina, anonadada por la capacidad creativa del grupo, trató de restar importacia a su trabajo levantando falsos testimonios y procurando que toda la corte conociera los hechos que ella misma había inventado. Sin embargo, al ver que su táctica no daba resultado decidió cambiar de estrategia. Ahora su venganza sí sería terrible...

Tras una intensa semana de trabajo para prepararlo todo para el rodaje del caballero Kleemola, los tres protagonistas de nuestro relato se encontraban listos para iniciar la grabación. Sin embargo, en un golpe de astucia sin precedentes, la Reina asumió el mando del rodaje y comenzó a ordenar a sus esclavos, menores de edad en su gran mayoría, que realizaran la grabación de acuerdo a sus propias directrices, obviando el trabajo realizado por los héroes de la historia. Todo estaba perdido.

Pero aún así, la venganza de la Reina no se había consumado, pues en sus malvados planes aún se contemplaba la posibilidad de que los trabajadores que estaban a su cargo se encargaran de las más rastreras partes del trabajo... de un trabajo del que habían sido expulsados el día de la grabación.

Y fue en ese momento, cuando la Reina estaba a punto de asestar su golpe definitivo, cuando, envalentonados por la situación en la que se encontraban, nuestros héroes decidieron plantarle cara. Y entonces ocurrió. La máscara de la Reina, que hasta entonces había presentado una imagen de satisfacción y condescendencia, se desquebrajó en mil pedazos, dejando a la luz el auténtico rostro de la monarca, que, sorprendiendo incluso a los propios protagonistas, resultó ser el de una malvada bruja a la que todo el reino daba por muerta años atrás.

Todas las acciones que había llevado a cabo hasta entonces vieron la luz, sumiéndose en un remolino de rayos y centellas que terminaron por absorver a la malvada mujer, que no pudo sino evidenciar que había perdido su última batalla.

Sin poder, y sin orgullo, la Reina se refugió en su alcoba a la espera de que nuestros valientes héroes, que habían aprendido que aunque sirvas a una reina no eres un sirviente, emprendieran de nuevo el camino que les llevaría hasta su hogar, el cual habían dejado por vivir una nueva experiencia, y al que finalmente regresaron habiendo vivido una nueva aventura.

Nos quedan 3 días en Jyväskylä.

domingo, 23 de noviembre de 2008

De hielo y piedras

- ¡Esta noche ha nevado!
- Y eso, ¿qué quiere decir?
- Que el invierno ya está aquí.
- Perfecto. Ahora me subirán la cuota
del seguro de vida.

Había comentado en alguna entrada anterior que la temperatura en el país del frío no estaba siendo demasiado dura con nosotros. Confiados...

La verdad es que hace unos días que el termómetro ha bajado en caída libre hasta colocarse, cómoda y permanentemente en cotas que no superan los cero grados. Es lo típico, lo que cabe esperar... para lo que deberíamos estar preparados.

Lo cierto es que en Finlandia sí lo están, y resulta sorprendente encontrar lógica a cosas que, hasta la llegada de la nieve, parecían ilógicas. Por ejemplo, que aquí los pasos de peatones tienen balizas para poderlos identificar cuando están cubiertos, o que las aceras se llenan de piedrecillas (espolvoreadas con salero por una pequeña excavadora) para evitar que, con la formación de hielo, te resbales y te caigas. De hecho nos comentan que hay contables accidentes, algunos mortales, a causa de un mal resbalón terminado en golpe de cabeza contra el asfalto. ¡Uy, madre, qué miedo!

Pero aún resulta más curioso comprobar que aquí el frío no amilana a los conductores... sean de utilitario o de autobús. En el primero de los casos las ruedas de los vehículos se equipan con neumáticos que tienen adheridos clavos de un calibre considerable. En el segundo de los casos, la pericia del conductor salva situaciones como derrapes a la hora de llegar a la parada o de entrar a una rotonda. El sistema de frenado, aunque seguimos sin identificarlo, también cambia, ya que con la carretera cubierta de hielo el pedal junto al acelerador no funciona igual.
Y para practicar conducción en situaciones resbalosas, aquí gozan de meter el coche al lago (al lago helado, claro que si no se hunde) y practicar allí derrapes y trompos sin el peligro que supone hacerlo en una carretera transitada, con otros coches, peatones, policía...

Sin embargo, y si lo que quieres es experimentar el frío auténtico, el polar, lo que tienes que hacer es, sorprendentemente, viajar al norte. Concretamente al polo norte, al menos al comienzo del polo. Resulta una experiencia única el encontrarte en unos de esos lugares del globo con identidad propia, un selecto club de zonas (Sáhara, Ecuador, Triángulo de las Bermudas...) al que es difícil ingresar. Allí, en temporada baja, hemos podido "disfrutar" de cálidas temperaturas que han llegado a alcanzar los dieciséis grados bajo cero. Por supuesto, para luchar contra la inclemencia del tiempo existe una técnica, complicada pero efectiva, que consiste en forrarte lo más posible con capas y capas de ropa. No deben faltar dos pares de calcetines, un par de camisetas térmicas, bufanda, guantes, gorro esquimal... Los más frioleros pueden intentarlo con un traje de neopreno. Lo cierto es que aún así el frío logra traspasar la barrera y, si permaneces parado suficiente tiempo, logra helarte hasta los huesos.
El inconveniente de todo esto, eso sí, es que tardas una media de media hora en vestirte, a lo que hay que unir el hecho de que tu libertad de movimientos decrece exponencialmente al número de capas que añades a tu vestuario. Desventajas de no querer morir de hipotermia.

Si consigues tu objetivo, eso sí, podrás disfrutar de auténticos paisajes de postal. Es como vivir dentro de una...

Y si ya lo que quieres es comprobar cuál es el límite de resistencia de tu cuerpo, siempre te queda una opción que, por única, resulta impresionante.
Como comentaba en alguna otra entrada, el uso indiscriminado de la sauna hace que la mente viaje a un universo en el que lo más importante es encontrar el más difícil todavía para enfríar el cuerpo en los periodos de descanso. Y hete ahí que una de esas actividades es la de hacer un agujero en un lago helado para, tras achicharrarte entre los vapores, sumerjirte en la oscura profundidad del fondo abisal. Nota para quienes quieran intentarlo: el hielo no es fácil de romper... Aún con agua caliente, aún con herramientas, soprendentemente aún con un palo de escoba... Cuando lo consigues (una hora y cuarto después) todo está listo para zambullirte. ¡Qué gustito!

Y mientras empeora el tiempo, seguiremos mirando al cielo y comprobando cómo continúan cayendo esos copos de nieve que han transformado la ciudad, que nos han obligado a llevar más ropa encima y que han terminado por convertir nuestra estancia en una experiencia bajo cero.

Nos quedan 5 días en Jyväskylä.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

De patatas y chucrut

- ¿Qué hay hoy para comer?
- Creo que son... garbanzos.
- ¿Garbanzos?
- Eso parece.
- ¿Pero qué dices? Si son... ¡Argg!

Dicen, por aquello de que te mantiene vivo, que la alimentación es esencial en la vida del ser humano. No puedo estar más de acuerdo. Sin embargo también es cierto que, según la comida, a veces prefieres hacer dieta forzosa y pasar directamente al postre.
Si nos guiáramos por aquello de que la comida entra por los ojos, a veces, aquí en Finlandia, preferiríamos quedarnos ciegos.

No son pocas las veces que hemos pasado por el comedor de Mediapaja (os recuerdo que se pronuncia midiapaja, que ya os gusta hacer bromitas). En este inóspito lugar hemos tenido la oportunidad de probar diferentes platos de la cocina finlandesa. En la mayoría de los casos no obtienen el aprobado, pero es digno de mención en este blog el saber de qué se alimentan los nativos. Así que, cual experto redactor de la revista Consumer, me propongo en esta entrada diseccionar los platos de este suculento menú.

Para empezar, diremos que la cocina finlandesa desde luego no entra por los ojos. Lo comentaba más arriba; que tenga un aspecto apetecible es importante, pero es que aquí la comida ni siquiera tiene un aspecto comestible. Lo más cerca que hemos estado de una comida "normal" fueron un muslo de pollo y una paella (sí, lo habéis leído bien, paella, aunque tampoco os alegréis por nosotros: la receta no era demasiado buena...)

La falta de legumbres (aquí las lentejas se venden en tiendas tipo herbolario) se suple con... salchichas. Sí, es el sustituto normal, aunque nunca lo hayáis pensado. En realidad las salchichas pueden suplir cualquier alimento de los que allí consideráis básicos.
La sorpresa nos la llevamos el primer día, y es que al contemplar lo que nos esperaba en el recipiente self-service del comedor pensamos: "¡Anda!, el primer día y tenemos alubias". Craso error. Nadando entre lo que hubiéramos jurado que era un espesito caldo de cocido no encontramos el fruto de la vaina, sino trozos de salchicha astutamente camuflados... Primer día, primera decepción. No fue la última.

El catálogo de comidas pasa por "pero, ¿cómo pueden mezclar estos ingredientes?" hasta "pero, ¿qué es eso?". Y es que muchas veces no hemos logrado identificar lo que nos llevábamos a la boca (suponemos que, al menos, era comestible).
Los ejemplos que ilustran estos comentarios (intentaré esforzarme en la descripción) son: "Intento de sopa de pescado", que no es más que trozos de patata en cubitos con un caldo de pescado y tímidos trozos de ¿salmon?. "Mosaico de extravaganza", nombre éxotico que se me ocurre para una comida que parece hecha con los restos de las demás comidas, sin comentarios. O mi favorito, "mejunge blanco", una especie de pasta blanquecina densa como pocas veces he visto cosas densas en mi vida (en realidad lo más parecido que he visto a esta comida es el Liteplast que venden en Leroy Merlin para tapar agujeros en las paredes: igual color, igual textura, igual sabor...)

Todo lo anterior está acompañado con una ensalada en la que nunca, nunca falta el pepino. Les encanta. Les encanta tanto que lo ponen en absolutamente todo. Y la ensalada se puede aliñar con aceite y vinagre (extra fuerte y de nueces) o con una salsa blanca de sabor incatalogable.

Para beber, leche, que es sana y fortalece los huesos. Y el pan (por llamarlo de alguna manera, y es que llevamos casi dos meses añorando nuestras barras de pan recién hecho... en realidad añoramos una barra de pan duro...) se unta con distintas mantequillas. La más popular es la que incorpora ajo. ¡Uhm!

En un plano más elaborado que el de la comida de comedor, hemos catado una especie de canelones rellenos de carne que no estaban nada mal y de postre una tarta de chocolate y kiwi que, sinceramente y eso que a mí no me suelen gustar las tartas, estaba de muerte.

Sin embargo, y a pesar de las excepciones, la comida finlandesa nunca ganará un concurso culinario, y eso viniendo de una de las regiones donde mejor se come no hace sino empeorar la percepción global de que la comida aquí es sólo un mero trámite con el que mantenerse con vida. Afortunadamente pronto podremos disfrutar de nuevo de nuestros platos favoritos.

Nos quedan 9 días en Jyväskylä.

lunes, 17 de noviembre de 2008

De finlandeses y finlandesas

- Creo que esa chica de ahí me ha lanzado una miradita.
- Sí, una mirada asesina.
- Lo que pasa es que tienes envidia.
- Sí, me encantaría que me atravesaran con la mirada...

Finlandia, para sopresa de algunos, está habitada. Resulta que ni el frío ni la falta de luz han conseguido que esta parte del planeta se quede sin la huella del ser humano. Si es que ya se olía desde los tiempos romanos que el ansia de conquista llevaría al hombre a los lugares más insospechados.

Pero como siempre, en todas partes cuecen habas. Sí, es verdad, pero no con la misma receta. Y para el que se haya perdido con la analogía, aclararé que lo que vamos a estudiar hoy son los pequeños detalles que hacen a los finlandeses, finlandeses.

Y para empezar, y como en el fondo la superficialidad mola, hablaremos de su aspecto exterior. Resumamos para luego extendernos: los finlandeses son feos. Son rubios, sí, pero feos. Son altos, sí, pero altos y feos. No es que no haya guapos, supongo que sí, pero si los hay los tienen escondidos.

Puede resultar banal hablar de algo así, pero la verdad es que cuando aterrizas en el país nórdico, lo que esperas encontrar (porque es lo que se supone que vas a encontrar) son rubias imponentes de piernas largas y rubios con pecho esculpido. Pero lo cierto es que, como el ser humano es ese ser caprichoso que siempre quiere lo que no tiene, si allí (en casa) el tinte de L'Oréal más vendido es el rubio, aquí es el moreno. O sea, que en la tierra de los albinos triunfa lo oscuro. Y no sólo en el pelo, el vestuario también juega una parte importate de la iconoclasia de los finlandeses. El rollo punk que se respira es tal, que a veces da la sensación de estar en una reunión de góticos perpetua.
Entre los hombres es muy popular el look "me dejo el pelo largo y me lo tinto de oscuro porque es cool", mientras que las mujeres abren un abanico de posibilidades mucho mayor. Está el estilo "me rapo la sien de un lado al cero, pero la otra no porque me va lo asimétrico", el rollo "me depilo las cejas al cero y luego me tatúo unas más guays porque así no me tengo que depilar más, aunque tampoco cambio de expresión en la cara" o mi favorito "me dejo el flequillo largo, para que me tape un ojo y, con la cara de cabreada que llevo, parezco más cabreada". ¡Estos niños!

Pero no sólo del físico vive el hombre. Las costumbres de los finlandeses también pasan por invitar a sus hijos a marcharse de casa el día de su decimo octavo cumpleaños. De hecho, ese día, el regalo más popular es una maleta. Ayuda, eso sí, que el gobierno te da 500 euros al mes, así, para que vayas tirando hasta que encuentres un curro. Además aquí las viviendas de alquiler tienen un precio más asequible (el alquiler está muy arraigado en esta sociedad). Más complicado lo tienes si te pones enfermo, porque si bien la sanidad es pública, cada día de estancia en el hospital te supone 25 euros más en tu factura final. Con razón la salud de los finlandeses es tan buena, con esos precios no se ponen malos ni queriendo.

Pero sin duda, lo que más llama la atención es el pasatiempo preferido de los finlandeses (los escrupulosos pueden pasar al siguiente párrafo). Lo práctican en la calle, mientras esperan el autobús, mientras charlan con sus amigos, mientras disfrutan de un poco de sol. Les encanta. Les encanta escupir. Y lo hacen ordenadamente, claro. Se colocan en corro y sueltan el lapo en el centro del mismo. Primero uno, luego el de su derecha, después el siguiente... Como allí pasamos turno cuando jugamos a las cartas, aquí se pasan la oportunidad de soltar otro salibajo. Es encantador. Y ahora, con el frío, el charquito que dejan se congela, con lo que su señal aguanta mucho más el paso del tiempo. Debe ser que les gusta marcar territorio, y la verdad, con el frío que hace tampoco apetece mucho sacar la...

Pero en definitiva, lo que cuenta es que cada persona es un mundo, y el mundo hay muchas personas. Que sean diferentes no significa que no sean buenos. Compréndelos y aprenderás a amarlos. Ámalos y terminarás pareciéndote a ellos. Quedamos para escupir.

Nos quedan 11 días en Jyväskylä.

sábado, 8 de noviembre de 2008

De vapores y duchas frías

- Creo que hoy hay sauna party.
- ¡Qué bien! Ya estaba harto de tanta party a secas.
- Sabes que lo de sauna es porque vas a pasar calor...
- Lo raro, siendo una party, es que no esté caliente...

Experimentemos algo typical finnish. El denominador común que tienen todas las viviendas aquí en Finlandia es que vienen equipadas de serie con algo que por allí sólo encontramos en los spa y centros de relajación. Por supuesto no estoy hablando de una persona encargada de hacerte masajes (si fuera así me quedaría a vivir aquí sin dudarlo un momento), sino de ese cuarto del infierno (por lo del calor) llamado sauna.

Los nativos de la zona dicen utilizarla varias veces por semana, por aquello de que es saludable, elimina toxinas, relaja, ayuda a la respiración y además porque es la única forma de pasar calor en unas tierras en las que se alcanzan los treinta grados bajo cero.

El concepto en sí es bastante básico: un cuarto de madera, aislado del exterior, en el que un calentador hace el trabajo que antaño hacía el fuego. La temperatura que se alcanza en su interior puede variar entre los setenta y los cien grados centígrados (aunque juraría que cuando la probé alcanzamos los doscientos...)

Instrucciones de uso: llegar al "vestíbulo", despelotarte, darte una ducha de aclimatación y entrar en el recinto listo para sufrir. Dicen que la primera vez se disfruta menos que las posteriores (me imagino que como en todo...) pero la verdad es que cada vez que el agua caía sobre las piedras calientes y el vapor inundaba la habitación mis pulmones se cerraban víctimas de la ola de calor. Me comentó después mi compañero de fatigas que me había colocado en el "peor" sitio, ya que allí era donde mayor impacto recibía con cada descarga de agua... La suerte del novato, supongo.

Tras varios minutos guardando la compostura y tratando de no evidenciar que estaba a punto de desmayarme, llegó el turno de la ducha. Es conveniente, por aquello de no morir cocido, salir unos minutos entre sesión y sesión. El problema es que el momento de descanso es otra tortura en sí misma, al menos la primera vez (imagino que como en todo...) Pasar de los setenta grados del interior a los bajísimos grados a los que tenía que estar el agua helada de la ducha provoca un shock anafiláctico que el propio House tardaría medio capítulo en diagnosticar.
Tras la primera impresión, eso sí, se agradece el chorro de agua helada recorriendo tu cuerpo. ¡Qué alivio! La mala noticia viene cuando te invitan a entrar de nuevo en el horno...

El ritual, que así descrito puede parecer algo propio de una tortura, la verdad es que genera adicción. Si sobrevives a la primera batalla, la guerra es tuya. Y como aquí hay saunas por doquier, puedes satisfacer tus deseos de deshidratarte a chorros cualquier día de la semana.

Y como aquí estamos entre el trabajo y el turismo, hemos tenido tiempo de comprobar también cómo funciona una sauna pública, y es que a pesar de que aquí las casas vienen bien equipadas, parece ser que los finlandeses gozan de reunirse en estos lugares, eso sí, sin hablar demasiado, que esto no es una biblioteca pero podría serlo. El edificio, que tiene más de cien años, funciona aún al viejo estilo, con madera ardiendo en una chimenea común (común para la parte de los hombres y de las mujeres) y que genera esas olas de calor que ríete de las del Sáhara.

Y para que nos percatáramos realmente de hasta qué punto la sauna forma parte de sus vidas, nos confesaron que muchas mujeres (en la actualidad quizá no tantas, pero antaño por lo visto sí) decidían dar a luz en estos lugares. Increíble pero cierto, y que conste que digo lo de increíble porque si ya de por sí debe ser duro un parto, no quiero ni imaginar lo que tiene que ser hacerlo a setenta grados...

Pero como nosotros no estamos por la labor de hacer nada parecido, pues seguiremos disfrutando de este pequeño trozo de infierno (pero trozo bueno, ¿eh?) en la tierra.

Nos quedan 20 días en Jyväskylä.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

De reflexiones y mensajes en botellas

- He oído que hay una fiesta.
- ¡Desfase!
- Así que otra noche sin límites, ¿no?
- ¿Es que se puede vivir de otra manera?

He dudado mucho en sobre si debería escribir esta entrada o no. He dudado porque siempre me ha molestado que se utilicen plataformas que están dedicadas a algo concreto para usarlas como mero altavoz propagandístico. He dudado porque no me veo como el adalid de causa alguna. He dudado porque no quiero convertir algo puntual en algo digno de mención. He dudado porque no sé si se deberían exponer aquí también las malas experiencias.

Y finalmente me he decidido a escribirla porque al final me ha pesado más la necesidad de relatar la vivencia que la de guardar la compostura. Por lo tanto, allá vamos.

Cada vez que uno oye la palabra "fiesta" llena su mente con escenas de diversión, risas, amigos, conversaciones más o menos amenas y, en la mayoría de los casos, alcohol.
No pretendo, ni mucho menos, convertir este texto en una cruzada contra las bebidas alcóholicas. Yo he bebido, tú has bebido y hasta tus padres lo han hecho. Tus hijos lo harán y no hay nada malo en ello, siempre y cuando no se llegue a la situación que vivimos la pasada noche, y que tristemente se vive cada fin de semana en Roninmäki, en Bilbao, en Madrid, en cualquier lugar.

Existen varios tipos de personas. Las hay que sufren una enfermedad que, lamentablemente, las incita a ingerir desorbitadas cantidades de alcohol sin control alguno que, más pronto que tarde, terminan por convertirlas en el blanco fácil de otro tipo de personas, aquellas, que sin el más mínimo escrúpulo, lanzan sobre ellas desagradables "bromas" y que promueven e incitan a proseguir con el consumo de alcohol. "Bebe, bebe, bebe, bebe..."

Existen personas que contemplan el espectáculo sin participar, y otras que lo comentan meneando la cabeza de un lado a otro, con gesto de desaprovación, esperando, tal vez, un desencadenante fatal que termine por darles la razón.

Existen personas, también, que ignoran que esto pasa y que "pasan" de querer saberlo. Por suerte, también existen personas que tratan de poner algo de su parte para que el triste espectáculo llegue a su fin.

Se me acaban los calificativos para describir el hecho de encontrar a una persona tendida en el suelo, sobre un charco que no es más que una mezcolanza de alcohol y sangre proveniente de un labio partido que ha golpeado el suelo cuando el sentido del equilibrio ya no encuentra más apoyo para funcionar que el de tirar la toalla. Y no puedo calificar tampoco a los cobardes bromistas que se alejan cuando el blanco de sus bromas yace inmóvil y desorientado, falto de toda reacción a sus provocaciones. Tampoco a quienes hacen corro alrededor del nuevo espectáculo, más humillante, más morboso.

Sí que puedo calificar, en cambio, a quienes tienden una mano, a quienes ayudan a levantar a quien se ha caído. La primera palabra que se me viene a la cabeza es "gracias". Gracias por demostrar que no todo está perdido. "Responsable", "solidario", probablemente un nuevo héroe para aquel para quien toda ayuda es poca...

Y esto pasa en cualquier parte del mundo, en cualquier momento. Es algo tan habitual que se ha convertido en parte de la fiesta. No nos sorprende verlo en nuestras calles cuando salimos un sábado, ni en la verbena estival de cualquiera de nuestros pueblos. No nos dignamos a girar la cabeza al pasar frente a un portal en el que cualquiera está echando los restos.

¿Y si es parte de la fiesta? ¿Por qué hablar de ello? Pues quizás porque tal vez la próxima fiesta sea mejor si esto no llega a ocurrir. Porque tal vez deberíamos plantearnos ser de ese último tipo de personas de las que hablaba. Porque tal vez no deberíamos dejar que los "bromistas" sigan "bromeando". Porque tal vez sólo hace falta leerlo para caer en la cuenta. Y si es así, no puedo dejar de escribirlo.

Ayer experimenté en vivo la cara y la cruz de la moneda del comportamiento humano. Observé una mano empujando al suelo a una persona. Reconocí otra ayudándola a levantarse. Sin ningún género de dudas sé a quién me quiero parecer. Yo ya he visto el mensaje en la botella.

Nos quedan 23 días en Jyväskylä.

martes, 4 de noviembre de 2008

De felicitaciones a corta distancia y tirones de oreja

Estamos de celebración, una vez más, y es que no paramos.

En esta ocasión, además, nos toca muy de cerca, y es que uno de nosotros se hace hoy un poco más viejo, aunque le diremos que no aparenta los años que tiene, que ya son un montón, por otra parte...

Pero despejemos ya el misterio, porque tampoco es que haya mucho: el que lo celebra es Alain, y para los que no me conozcan, aclararé que es el "otro" Alain.

Desde que nos conocemos, que no es mucho en mi caso pero sí en el de Ainara (al menos hablando de tiempo, ya que me apunta por lo bajines que "tampoco es que le conociera mucho hasta ahora"), hemos aprendido cosas de él: por ejemplo que le encanta bailar, sí, en cualquier situación y con cualquier música, que es un gran aficionado a la música (incluso se ha comprado una guitarra para suplir la falta de batería, con la cual ameniza las reuniones en la escalera del M-Talo), pero sobre todo que se puede contar con él como compañero y como amigo.

Así que desde esta (nuevamente) especial entrada del blog, queremos desearle que pase un gran día (y una mejor noche) estando seguros de que oirá el "zorionak zuri" en más de media docena de idiomas.

Como siempre (como si fuera la primera vez), ¡Feliz cumpleaños, Alain!

Nos quedan 24 días en Jyväskylä.

sábado, 1 de noviembre de 2008

De salas de cine y partidos de hockey

- ¿Tenemos plan para mañana?
- ¿Cuánto dinero nos queda?
- Como 50 euros.
- Entonces no.

Experiencias que hay que vivir. Viajar (durante una estancia prolongada) a un país extranjero te brinda oportunidades que en los viajes de clase turista no puedes ni oler (ni aunque viajes en business class.)
Por supuesto el hecho de tener tiempo y más tiempo hace que al final te plantees entretenimientos que durante la estándar semana de vacaciones en plan mochilero ni puedes, ni quieres experimentar. ¿Quién va a querer ir al cine en la misma semana que está viendo el coliseo?

Y precisamente por ese motivo, porque aquí tenemos tiempo, probamos cosas "de casa" que tienen ese gusto especial de lo nuevo.

Y nos fuimos al cine. Y elegimos película: "Eagle eye", que en vuestros cines podéis encontrar como "La conspiración del pánico". La cinta en sí misma es una aventura de acción, pero ahora que lo pienso, la crítica que vamos a hacer no es de la película, sino del cine en la que se proyectó. ¡Toma ya! Rompiendo esquemas. Ya me estoy imaginando las columnas de crítica cinematográfica de los períodicos con este mismo enfoque: "la película bien, pero lo mejor fueron los apoyabrazos XXL de las butacas, todo un descubrimiento..."

El hecho más complicado, aunque no lo parezca, fue el de encontrar el cine en sí mismo. En Jyväskylä existe un solo complejo que alberga seis salas. Antaño, según nos comentaron, existía otro cine, hoy reconvertido en discoteca, que tenía la particularidad de que si tocabas los laterales de la butaca recibías un calambrazo (imagino al gracioso de turno guiando la mano del compañero de butaca hasta la zona de electrocución en plena escena de tensión con susto incluído... en realidad, ahora que lo pienso, seguramente yo también lo haría.)

El cine está incluído (cómo no) en uno de los centros comerciales del centro de la ciudad. La taquillera nos muestra la pantalla en la que podemos elegir las butacas donde sentarnos. Tras pagar 9 euros por entrada accedemos a la zona de las salas propiamente dicha. El complejo tiene un pequeño recibidor, en el que está incluída la tienda de palomitas, similar al de cualquier centro (es decir, el combo extra grande de tres kilos de palomitas con dos litros y medio de coca-cola por 6'95€, por un euro más con toblerone), con una pequeña diferencia: aquí las puertas están cerradas. No se puede acceder a la sala sin que el encargado te abra la puerta, el cual no se detiene a comprobar tu entrada o a rasgarla; aquí la tecnología ha sustituido al juego de muñeca, y aunque la entrada tiene una parte rasgable, el encargado lo que hace es leer un código de barras impreso en la misma con un lector portátil... Maravillas del mundo moderno...

Una vez dentro de la sala sobreviene la decepción. Aquí los cines no están a la altura de sus entradas. La sala parecía decorada por un interiorista recargante en horas bajas. Y en el aspecto técnico tampoco destacan: nos cuentan que no están preparados para sonido THX, y la pantalla es poco mayor que la de un proyector doméstico... Se salva, nos cuentan otra vez, por el hecho de que era una de las salas pequeñas del complejo, pero aún así lo cierto es que están muy por debajo de lo que estamos acostumbrados a disfrutar en nuestros cines (por fin están por debajo en algo).

La cinta, una vez comenzada su proyección, se presenta en versión original con subtítulos en finlandés (obvio) y ¡sueco! (no obvio, pero curioso). Una línea para un idioma, otra línea para el otro... Imagino que será para ahorrar copias, que son caras, y de esta forma utilizar las bobinas en un país, y después pasarlas al otro... Esta técnica ya se utiliza en la gran Inglaterra, donde los estrenos (en bastantes ocasiones) son más tardíos que en otros países porque las distribuidoras americanas aprovechan los rollos yankis para no tener que hacer copias locales. Reducción de costes que se llama...

Y de la pequeña desilusión de la sala de cine, nos vamos al ilusionante partido de hockey.
En Finlandia el hockey es el rey. Es como si por allí tuviéramos un deporte de masas que siguieran millones de personas, que se retransmitiera por televisión, que tuviera merchandising... En fin, todo un negocio. Lástima que nosotros no tengamos por allí nada parecido...

El caso es que, tras comprar nuestras entradas con algo más de dos semanas de antelación (18 euros sentado, 12 de pié), y quedarnos con algunos de los últimos asientos que quedaban, aguardamos la espera hasta la fecha del partido.

La llegada al estadio (donde una vez más nos leyeron la entrada con un lector de código de barras) fue la antesala de uno de los espectáculos deportivos más emocionantes que he contemplado.
El estadio, a rebosar, animaba al equipo local (de negro), el JYP de Jyväskylä que, además, va el primero en la clasificación nacional. El rival, Los pelícanos (de blanco), poco podían hacer ante una audiencia entregada y que mantenía sus abrigos puestos (¿por qué no se los quitarán?)

La velocidad del juego, unido al hecho de que por una vez las películas no mienten (aquí los golpes contra la barrera de protección son reales y las peleas entre jugadores también, aunque también es verdad que los árbitros no permitían que duraran mucho) generan un espectáculo que te mantiene en tensión. El disco, al que es tremendamente difícil seguirle la pista, vuela de un lado al otro del campo en décimas de segundo. La violencia del juego (vimos cómo rompían algún que otro palo del golpe propinado) es parte del espectáculo. Pero también lo son las pausas.
El juego del hockey se compone de tres tiempos de 20 minutos entre los cuales hay descansos de 18 minutos. En estos descansos las gradas se vacían y los espectadores acuden a los innumerables puestos de comida rápida y chucherías para saciar sus ansias de gol con la ingesta de algún producto alto en calorías. Nosotros nos atrevimos con un perrito caliente acomodado en un pan dulce que contenía una base de arroz cocido. Sofisticado, ¿eh?

Por supuesto, como en cualquier deporte que se precie, el momento del gol es el más emocionante. Aquí las jugadas son rápidas, y casi no puedes apreciar que el disco ha entrado en la portería. Pero si te lo pierdes, la algarabía del público te indicará que ha ocurrido. La alegría te embarga al comprobar cómo tu equipo (tu equipo desde hace veinte minutos) ha marcado un gol y se adelanta en el marcador. ¡Toma ya! ¡Que se fastidien los pelícanos!

Por cierto, ¡qué frío hace aquí! Por eso no se quitaban los abrigos...

Tras algo más de dos horas (el tiempo de cada parte del partido se detiene cada vez que el árbitro pita algo, cosa que hace muy a menudo) te vas con la satisfacción de haber disfrutado de algo único, algo que cualquier turista en Finlandia no va a disfrutar. Ya eres parte de la comunidad.
Por cierto, los JYP ganaron 2 a 0.

Nos quedan 27 días en Jyväskylä.

jueves, 30 de octubre de 2008

De recapitulaciones y otras palabrotas

- ¿Cuándo te vas?
- Pero si acabo de llegar.
- Ya bueno, pero te irás en algún momento.
- Supongo que cuando termine lo que he venido a hacer.
- ¿Y qué has venido a hacer?
- Cada día algo nuevo.

Bueno, pues parece mentira, pero hemos llegado al ecuador. No, no me refiero a que hayamos cambiado de país, me refiero a que hemos consumido la mitad de nuestra estancia en Finlandia. ¡Y parece que fue ayer cuando llegamos arrastrando nuestras maletas! ¡Cómo pasa el tiempo!

Si algo nos ha enseñado la televisión, además de que la dignidad también está en venta, es que en toda serie (como una serie de entradas en un blog) llega el momento de hacer un capítulo de relleno repasando los mejores momentos de entregas anteriores. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que nosotros somos de audiovisuales, pues aquí está esta entrada de relleno al más puro estilo de esos capítulos de Los Simpson que tanto odiamos. ¿He dicho de relleno? Quería decir de recapitulación hombre, que va a ser muy interesante, ya verás, tú sigue leyendo...

Treinta días dan para mucho... o para poco, según se mire. Lo que está claro es que ya no somos aquellos inocentes foráneos que deambulaban sin rumbo por las calles de una ciudad de nombre complicado. Hoy nos desenvolvemos como auténticos nativos de una ciudad de nombre familiar (a mi vuelta propondré el cambio de Bilbao por Bilbäo).

¿Y qué valoración podemos hacer de este primer mes? Pues empezaremos diciendo que ha hecho menos frío del esperado, que no es poco... La verdad es que rara vez hemos bajado de los 7ºC, lo cual es de agradecer. También que hemos tenido más tiempo de luz durante el día del que hubiéramos imaginado (lo de tener luz por la noche ya se nos escapa). Que el Skype es probablemente uno de los mejores hijos que ha dado a luz Internet, y para terminar, que resulta reconfortante saber que puedes sobrevivir solo en un país extranjero.

Lo de acostrumbrarse a las costumbres foráneas es algo a lo que terminas cogiendo el tranquillo. Hemos ido adelantando nuestra hora de comer paulatinamente hasta alcanzar la cota de las 12:00 de mediodía (en realidad yo me resisto a cambiar mis hábitos alimenticios y eso me ha costado comer más de un día y de dos a las 18:00 de la tarde). Los saludos y despedidas ya los haces en suomi (finlandés) sin darte cuenta. Y por si esto fuera poco los tacos en inglés suenan mucho mejor...

A nivel laboral la cosa no ha ido tan bien, ya que hemos empezado de tener vacaciones a tener que currar, con lo cual, se mire por donde se mire, hemos salido perdiendo (Maite, toda esta última frase es broma... Espero que se lo haya creído...). La verdad es que estamos cogiendo ritmo con esto de los videoclips/actuaciones musicales, pero es que además nuestras últimas visitas al conservatorio y a la Tiimi Akatemia han resultado toda una experiencia. Parece mentira, pero se sacan cosas en claro simplemente actuando como una mera esponja, captando información para procesarla después.

Y ya que estamos en este punto, también quiero aprovechar para corregir/completar algunos datos de entradas anteriores. No es que os haya querido mentir... no, ¡qué va! Es simplemente que cuando escribí lo que escribí estaba demasiado borracho... (como no me fío y quiero mantener a salvo mi reputación, aclararé que nunca he mentido en este blog estando borracho, siempre lo he hecho sobrio).
Apuntaré por ejemplo, que el compañero de piso desaparecido del que os hablé en la primera entrada apareció finalmente, y que además apareció vivo. En esa misma entrada comentaba la existencia de dos flatmates antisociales... pues bien, ahora ya no lo son. En cambio uno de los que parecía majo ahora ya no lo es tanto... Es la magia de la convivencia. En la entrada en la que os hablaba de los horarios de los centros comerciales, asegurando que abrían los domingos, debería añadir que lo hacen, pero en bimeses (¿existe esa palabra?) alternos. Es decir, dos meses abren los domingos, dos meses no abren... Es de una lógica aplastante. Estos finlandeses... Y en la entrada de los franceses salidos se me olvidó comentar que los españoles también están bastante salidos, y además son un poco más maleducados... Es lo que tiene hablar un idioma que no entiende la persona que tienes delante, que puedes decirle a la cara lo que te salga de los... ¡Ay, que vosotros sí entendéis lo que escribo!

Por último, y a modo de broche de oro para esta entrega especial de nuestro blog, quiero: primero, agradecer a las personas que lo siguen el hecho de que lo sigan. Es reconfortante saber que al menos alguien lee aquello que pasas tanto tiempo escribiendo. Segundo, pedir perdón si algo de lo escrito ha ofendido a alguna persona. Prometo que en las entradas que me quedan intentaré ofender a todo el mundo. Tercero, agradecer las críticas positivas que me han llegado, las negativas, obviamente, no las voy a agradecer. Y por último recordaros que todo esto es una broma que sin vosotros no tendría gracia, así que gracias a todos.

P.D.: No sé si se pueden poner postdatas en los blogs.

P.D.2: Por si acaso sí se puede, me gustaría añadir que empezamos a echaros de menos a todos aquellos que estáis en las lejanas y cálidas tierras de Euskadi. Hemos tardado un mes, pero oye, más vale tarde que nunca... Un gran abrazo a todos de parte de los tres.

Nos quedan 29 días en Jyväskylä.

martes, 28 de octubre de 2008

De clases sin pizarra y alumnos sin profesor

- Creo que estoy en un badén académico.
- Querrás decir en un bache.
- Es que no sé cómo continuar con esto...
- Pues ya sabes, déjalo.

La verdad es que el concepto desconcierta. Aplicando nuestra propia mentalidad, lo que nos viene a la cabeza cuando alguien comenta algo como "alumnos sin profesor" es una huelga (¡ay!, esos viernes de instituto...), pero la verdad es que aquí hemos descubierto un sistema diferente, y lo más importante, interesante.

Estoy hablando de algo muy concreto. Concretamente de la Tiimi Akatemia (Team Academy/www.tiimiakatemia.fi) que es algo así como la escuela del emprendedor.

¿Que qué hace esta escuela? Pues básicamente prepara a sus alumnos para que sean capaces de afrontar proyectos empresariales o de alta creatividad. ¿Que ponga un ejemplo? Pues hombre, no se me ocurre, pero puestos a pensar podríamos decir que aquel que quiera poner en marcha una empresa podría seguir el curso en cuestión... (nótese la ironía).

El centro, en el que los estudiantes pasan tres años y medio de sus vidas, es un viejo edificio de ladrillo rojo que no destaca salvo por su mimetismo con el entorno: un viejo lugar que antaño acogió fábricas de altas chimeneas hoy reconvertidas en saunas. De hecho, la academia está tan integrada en el lugar que hasta puedes confundir el edificio... (vale, sí, nos confundimos, ¿qué pasa?).

Una vez dentro tienes que vaciar tu mente de lo que en realidad esperas encontrar en un edificio de estas caraterísticas: ¿Pupitres?, ¿pizarras?, ¿algún profesor iracundo? Nada de eso en stock, pruebe un par de calles más abajo. En Team Academy prima el "querer conocer" sobre el "tienes que saber". Toda una lección de principios.

Nos reciben dos alumnos del centro que rápidamente nos explican la finalidad del mismo. "Aquí se aprende a crear en equipo un proyecto común". ¿Y cómo se enseña eso? No se enseña, simplemente se aprende.

En Tiimi Akatemia no existe el concepto de clase, alumno, profesor o jerarquía. Todo se rige bajo el patrón del aprendizaje autónomo. El concepto en sí mismo es difícil de explicar pero sencillo de entender. Las aulas se han sustituido por grandes peceras con butacas colocadas en círculos donde poder discutir abiertamente sobre cualquier tema, aportando conocimientos y compartiendo experiencias. Los alumnos aquí son responsables de proyectos, ideas y lo más curioso, de su propio aprendizaje. Los profesores se llaman coaches (en realidad cada uno tiene su propio nombre, pero en general los llaman así), y sirven sólo como una orientación. Aquí no se imparten clases, aquí se orienta sobre cómo llegar a la solución que te plantea un problema que te surge en un momento puntual... Si quieres saber la respuesta la tienes que buscar, porque nadie te la va a dar.

Y lo más asombroso de todo: parece que funciona.

El gran espacio dejado por una antigua carpintería se rellena ahora con cubículos en los que se desarrollan proyectos reales que deben (y tienen) un final real. Cada equipo de trabajo debe desarrollar, desde cero y sin apoyo inicial, un proyecto comercial. Ellos son los encargados de idearlo. Ellos los resposables de financiarlo (aportando el dinero que consiguen de trabajos como dar clases o trabajar en un supermercado). Ellos diseñan la campaña de marketing. Ellos elaboran el plan que ha de seguirse para su ejecución. Ellos deciden cómo amortizarlo. Ellos disfrutan de los beneficios, si es que los consiguen. La recompensa suele ser un viaje alrededor del mundo de dos meses de duración. La verdad es que no está mal.

El funcionamiento es similar al de una hermandad en la que cada equipo de trabajo colabora con el resto para, a su vez, recibir ayuda para algún aspecto concreto. No hay supervisores más allá de la orientación, no hay reglas más allá de las que se autoimpongan. Allí sólo quieren "personas valientes, que se atrevan a actuar y a aprender".

El decálogo de la academia no tiene desperdicio, es digno de leer y puede que hasta de aprender, pero ponerlo aquí no tiene sentido, quizás sólo una frase para reflejar un espíritu:
"Comete errores, no los temas, pero aprende de ellos". Sencillamente magistral.

Nos quedan 31 días en Jyväskylä.

sábado, 25 de octubre de 2008

De pisos y casas

- Siento como frío...
- Hombre, es que hace frío...
- Ya, pero tengo los pies como...
- ¡Pero si estás descalzo!
- ¡Mierda! La segunda vez que vamos de visita y
me dejo los zapatos en casa de tu amigo...

Me recuerdan, vía mail, que tengo pendiente un tema de tratar en este blog: el de las viviendas de los habitantes de Finlandia.

Y como fiel y cumplidor servidor que soy de todos los seguidores de este blog pues aquí me presento con una entrada que disfrutarán como nadie todos aquellos que... o a todos los que les guste... bueno, imagino que alguien la disfrutará...

Dividamos las explicaciones en dos partes.
Por una parte tenemos el típico piso finlandés. De entrada, literalmente quiero decir, tenemos dos puertas en lugar de una. Es decir, que aquí existe la puerta que da a la escalera, con llave y todo eso, y a continuación una segunda puerta, esta ya sin llave, pero que bien podría ser la exterior. Suponemos (y mientras no nos digan lo contrario así será) que es por el tema del aislamiento. No quiero olvidar el detalle de que aquí los buzones están incrustados en la propia puerta (vamos, que hay una rendija en la madera) por lo que el señor cartero tiene que ir puerta por puerta para entregar la correspondencia.
Y si aquí tienen el buzón en la puerta, lo que es el felpudo lo tienen en el portal. Concretamente fuera del portal, y concretamente no es un felpudo al uso, o al menos como lo conocemos allí. Aquí el felpudo es un aparato en forma de U compuesto por algo así como los pelos de una escoba dura. La idea es introducir el zapato completamente en la U y agitarlo para para delante y para atrás. Quizás no ha quedado muy claro, pero aclaro que es un sistema mucho mejor que el de la tira de esparto en el suelo.

Ya dentro de la vivienda la distribución viene a ser la misma que en cualquier piso medio: cocina, baño (del que ya hemos hablado en anteriores entregas), dormitorios... Llama la atención, eso sí, que aquí las tuberías del baño van por fuera de la pared, vamos que tienes acceso a ellas con total tranquilidad. Ignoramos el motivo. Lo que sí sabemos es que las tuberías de la calefacción alimentan directamente los grifos de agua caliente en cocina y baño, con lo que no tienes que esperar a que el calentador haga su trabajo: aquí tienes agua caliente al instante mismo de abrir el grifo.

Pero lo más extraño e incómodo, al menos para nosotros (o al menos para mí) es que aquí no existen las persianas. Habéis leído bien, no existen. La teoría más extendida, aunque yo no la entiendo, es que como aquí pasan por ciclos de poca luz solar, pues se lo ahorran... (ya ves tú, la persiana se puede subir y bajar). El caso es que cuando amanece la luz entra a través de la ventana y (al menos en mi caso) te despierta. ¿Soluciones? Pues más bien pocas, aunque ingeniosas. Yo lo que he hecho es clavar chinchetas a lo largo de toda la cortina de mi habitación convirtiéndola en una superficie adherida al cristal. ¿Que qué he conseguido? Gastar chinchetas, clavarme una en el dedo gordo y convertir mi habitación en algo así como un zulo. ¡Queda muy cuco!

Pasemos a las casas. Gracias a nuestra tragicómica experiencia de la primera noche en Finlandia, tuvimos la oportunidad de ver cómo es una típica casa por aquí.
En primer lugar olvidémonos del concepto chalét que todos tenemos en mente. Aquí se lleva el rollo prefabricado. Todas las casitas de por aquí están construídas más o menos así. Aprovecho para hacer un inciso, y es que me parece destacable el hecho de que el suelo, al menos aquí en Jyväskylä, es arena. Literalmente arena, de la de la playa. Lo hemos podido comprobar gracias a las distintas obras de la zona. Tras la capa de asfalto hay una pequeña capa de tierra, de unos 30 centímetros, tras la cual no hay otra cosa que el citado elemento. La pregunta, si es que alguien quiere hacerse una, es: ¿ya agarran los cimientos en este tipo de material?
Pero volviendo al tema de las casas, aquí también existen dos puertas, simplemente que aquí no están seguidas. Está la puerta exterior, un pequeño recibidor y otra puerta. ¿Y para qué es el pequeño recibidor? Para dejar ahí tu calzado, seas inquilino o visita. Lo tienen toda preparado: hay un banquito para quitarte tus zapatos cómodamente, una balda donde dejarlos, un grifo donde lavarte las manos si es que te has manchado al realizar la operación... Vamos, equipamiento cinco estrellas.
Una vez entras en la casa (descalzo, al igual que los inquilinos, los cuales no usan zapatillas) te encuentras con madera por todos lados. Es lo que mejor aisla. Pero no lo único, ya que las paredes tienen hasta cuatro capas de materiales que no consigo recordar pero que aislan que te cagas.

Las ventanas, al igual que en los pisos tienen doble ventana, no doble acristalamiento (eso sería demasiado fácil) sino doble ventana, y no se abren (será para no perder el calor). Si lo que quieres es ventilar un poco tienes que abrir un zona de la ventana, sin cristal, que también siendo doble, te da como una ranura de quince centímetros para que entre un poco de aire. El porche trasero, por supuesto acristalado, al igual que la mayoría de los balcones.

El tema decoración y mobiliario es un poco... diremos rollo Ikea, que cada cual saque sus conclusiones...
Lo que sí les mola mucho es el tema americano. Aquí se guarda una llave bajo la maceta del porche por si te la dejas olvidada: ¡New Yorker total! Ahora, no sé si seguro también. Lo que está claro es que aprovechan que Finlandia tiene unos índices de delincuencia increíblemente bajos, ¡así cualquiera!.

Y bueno, quedarían aún algunos detalles más para comentar, pero los dejaré para que podamos contarlos en persona a nuestra vuelta, que si no, no vamos a tener temas de conversación...

Nos quedan 34 días enJyväskylä.

jueves, 23 de octubre de 2008

De hormonas y cremas anti edad

- ¿Qué tal te fue anoche con Petra, la rubia del tercero?
- Mejor no preguntes...
- ¿Tan mal te fue?
- Es que ni es rubia, ni vive en el tercero, ni se llama Petra...
- ¿Y cómo se llama?
- Peter...

Esto se pone al rojo vivo. Sube la temperatura en el blog al igual que sube la temperatura aquí en Finlandia... (mentira cochina, aquí cada día hace más frío, pero de ilusión también se vive).

Por petición expresa de mis travelmates (Miss Anger, en cambio, no está de acuerdo) voy a hablar de lo que se cuece en el caldo de cultivo que es una zona de residencias llenas de jóvenes con las hormonas disparadas y lejos de la supervisión de novias/novios/amigos que te paren los pies...

Pasemos a la acción e imaginemos el siguiente escenario: chicos, chicas, alcohol, música, alcohol, más chicos, más chicas, cerveza, más alcohol, francesas, franceses, alcohol... Bueno, ¿hace falta que siga?

Las relaciones "de verano", que son de la especie que se puede criar aquí, en un entorno en el que el más afortunado pasa nueve meses, y el que menos dos, marcan el devenir de los habitantes de Myllyjärvi. El amor surge en cada esquina, o al menos lo intenta, y a veces, como es natural se da de morros contra la realidad.

Un chico deja a su novia por una chica que ha conocido aquí, que vive en un país en el que él no vive, pero por la cual está dispuesto a dejarlo todo. Otra chica pasa la noche en la habitación de un chico pero ninguno está dispuesto a reconocerlo. Un chico pasa tiempo con una chica cuyo novio está a punto de venir hasta aquí a visitarla desde las lejanas tierras de ¡España!. Miradas cómplices, sonrisas pícaras, arrumacos incómodos pero efectivos... ¡Qué bonito es el amor! Hasta que te toca a tí...

Aquí la peña no se corta un pelo. El francés medio (digo lo de medio por la estatura) fija su objetivo y entra a matar: "Tengo novio", "No importa, no soy celoso". Las francesas, por su parte, prefieren la técnica del "ven pa'cá y deja que me restriegue..." ¡Hay que ver qué ardientes son los del país vecino! Ahora entiendo por qué quemaban camiones en la frontera...

Pero más allá del simple rollo (¿alguien cree duradera una relación entre extranjeros muy extranjeros que se conocen en un ambiente de botellón permanente?) existe la vertiente del "ya que estamos, disfrutamos". Y bien pensado, ¿qué hay de malo en eso? Para los que no buscamos este tipo de ocio nos queda el ocio tomatero de cotillear sobre quién se ha liado con quién y por cuánto tiempo. En el fondo somos unas porteras, lo llevamos en la sangre, pero bueno, mejor esto que no andar drogándonos por ahí, ¿no?

Pero si finalmente caes en la tentación y decides entrar al trapo, o a lo que sea, debes tener en cuenta un detalle que nos está costando asimilar, por aquello de que resulta increíble que sea cierto, y es que en Europa se envejece muy mal. Y por muy mal quiero decir terriblemente mal. Nos hemos llevado una sorpresa tras otra, sobre todo en cumpleaños, al conocer la auténtica edad de algunas de las personas que nos rodean. ¿He dicho algunas? Quería decir todas. Por simplificar, diremos que para "averiguar" los años que tiene alguien le tienes que mirar a la cara, deducir como deducirías allí, y después quitar entre cinco y ocho años menos. No falla. Así que cuidado cuando pienses: "¡Uhm! No me importaría pasar la noche con esa..." Porque lo más probable es que "esa" a la que echas más o menos tus años acabe de conseguir la edad para poder conducir. ¡Qué decepción! Soy un asaltacunas...

Nos quedan 36 días en Jyväskylä.

martes, 21 de octubre de 2008

De felicitaciones a distancia y agradecimientos

- ¿Qué te han regalado por tu cumple?
- ¡Buah! Una cosa impresionante.
- Ya, pero ¿el qué?
- Es algo parecido a un mp4 edición de lujo...
- Vamos, que no sabés lo que es ni cómo funciona.
- No, pero la caja en la que venía es tan chula que
me sirve de joyero...

Hoy es un día que en este blog queremos aprovechar para lanzar un mensaje muy concreto a una persona muy concreta.

El mensaje es ¡Felicidades!, y la persona a quien va dirigido es Maite Llorente.

Lo de felicidades estoy convencido que lo ha entendido todo el mundo, así que pasaré a explicar, brevemente, quién es Maite y por qué se merece esta edición especial del blog.

Maite es la responsable máxima del proyecto Urratsbat de Erandio, y es la máxima responsable también de que estemos aquí, en Finlandia (de hecho la pobre parecía desesperada por mandarnos al extranjero lo antes posible... de hecho a lo mejor no le caemos bien y lo único que quería era sacarnos del país cuanto antes...)

El caso es que el trabajo de esta gran mujer, que hoy cumple años, es un revulsivo en un mundo en el que práticamente nadie mueve un dedo. Su energía, su vitalidad y sobre todo sus ganas de sacar adelante cualquier proyecto (propio o ajeno) es simplemente admirable. Sinceramente, creo que en toda mi vida no he visto a nadie moverse tanto por algo que, finalmente, no va a disfrutar ella misma, ya que todo el trabajo que ha realizado para traernos aquí es simplemente titánico y ha debido costarle un gran esfuerzo que, esperamos, le sea recompensado.

Por nuestra parte, y desde las lejanas tierras en las que estamos, no podemos hacer más que enviarle un gran abrazo, un zorionak y sobre todo darle las gracias, desde lo más sincero de nosotros mismos, por una oportunidad que no vamos a desaprovechar y que sin ella no hubiera sido más que un mero sueño.

Maite, gracias por hacerlo realidad. Gracias por estar ahí. Gracias por ser Maite.

¡Feliz cumpleaños!

Nos quedan 38 días en Jyväskylä.

domingo, 19 de octubre de 2008

De reuniones en M-Talo y paseos en bicicleta

Vamos a cambiar un poco la estructura del blog, aunque sólo sea en esta entrada (prometo recuperar el estilo anterior en las siguientes). El motivo no es otro que la necesidad imperiosa de contar algo en primera persona, no generalizando como hasta ahora he venido haciendo, sino centrándome en mi propia experiencia de lo vivido. ¿Que por qué este capricho? Como diría un viejo profesor de facultad: "porque puedo y porque quiero".

El pasado sábado 18 de Octubre, tras un largo día de compras (por cierto, grandes descuentos de hasta el 70% en Top Sport) fui invitado a una de esas reuniones sociales que frecuentemente, muy frecuentemente en realidad, se vienen produciendo en el M-Talo, que no es otra cosa que el edificio M de este complejo de viviendas de alquiler donde vivimos.

La idea era pasar allí la noche, en plan tranquilo, disfrutando de la velada en un ambiente multicultural e internacional en el que tienen cabida todo tipo de situaciones. Reconozco que no me resulta sencillo adaptarme a este tipo de actividades ya que, aunque las disfruto, me cuesta mucho coger confianza con la gente, y el hecho de que aquí cada día tus compañeros de "juerga" sean diferentes no me ayuda. No obstante, y a pesar de que lo fácil sería "pasar de mí", continúo recibiendo invitaciones para acudir a este tipo de eventos.

Así que, me preparé con mi ropa nueva y, llevando únicamente las llaves de mi apartamento en el bolsillo me presenté en casa de Ainara para comenzar la velada. No duramos mucho allí. La fiesta se trasladó rápidamente al apartamento de unas chicas, dos pisos más abajo, que nos abrieron sus puertas para compartir algo de bebida y unas patatas fritas en torno a una mesa en la que se oían multitud de idiomas. Sigo sorprendiéndome, casi cuatro semanas después, de la facilidad con la que la gente de diferentes culturas, de diferentes países, de diferentes creencias se relaciona, de una forma abierta y natural, compartiendo, enriqueciéndote aunque estés allí como un mero observador. Me gusta observar, casi más que participar.

El hecho es que, tras algo menos de una hora, se decidió cambiar el lugar de celebración por otro algo más impersonal, pero también más movido: el plan era ir hasta el centro, a un bar cuyo nombre no consigo recordar. El principal problema que se nos sobrevenía era el hecho de que no contábamos, al menos nosotros tres, con bicicletas con las que viajar hasta allí.

Una vez más, y a pesar de mi resistencia inicial, fui invitado a acompañarles en esta "aventura". Con un par de bicis "prestadas" (al menos una sí lo era) nos dispusimos a pedalear hasta Keskusta (el centro de la ciudad).

Una vez allí, y viendo que acceder al bar previsto inicialmente era imposible, nos acercamos a otro de nombre Katse, en cuya entrada, como ya deberíais saber, había un vigilante pidiéndole en carnet a todo el mundo. Yo no tenía nada encima salvo las llaves, así que tras unos segundos de angustia pensando en que podría quedarme fuera, y que eso terminaría afectando a los demás, respiré tranquilo cuando me dejaron pasar a pesar de mi falta de documentación (maldita sea, ya no aparento ser menor de edad).

Dentro del bar, como siempre. Diversión, baile, Frederick y conversaciones que a veces no consigues entender...

Ya de vuelta, a eso de las tres y media de la madrugada, cogimos de nuevo "nuestras" bicis para volver a casa. Mala suerte la mía. El cuestionable estado de la mía unido al hecho de que hacía once años que no montaba en bicicleta me dejaron atrás paulatinamente hasta que, al final, me quedé completamente solo en la fría noche finlandesa.

Los que me conocen saben que mi sentido de la orientación es nulo, así que poco les costará creer que, tras una desafortunada elección en un cruce, terminé perdido en una de las zonas residenciales cercanas a nuestro complejo. Desorientado, sin dinero, sin mapa y sin móvil, todo pintaba perfecto para pasar la noche a la intemperie en una zona desconocida en la que empezaba a desahecer caminos andados con la esperanza de encontrar algo reconocible. Y lo encontré. Una voz. La de Ainara. A ella se unió la de Alain.

Siguiéndolas conseguí llegar de nuevo hasta la carretera principal. Habían vuelto a buscarme. ¡Qué alivio!

Junto a ellos regresé a casa y devolvimos las bicicletas despidiéndonos hasta el día siguiente y bromeando sobre la aventura vivida. "Ya tienes una entrada para el blog".

Y aquí está. Pero el motivo por el que he escrito esto no es para contar, cual batallita del abuelo, lo que viví anoche. El auténtico motivo es que, como me gusta escribir, me gusta dejar constancia de aquellas cosas que, aunque en su momento no parecen reseñables, en realidad dejan huella porque te abren la mente a situaciones que antes no terminabas de comprender.

Anoche yo dejé de estar aquí con dos compañeros de viaje...

...me quedan 40 días en Jyväskylä con mis amigos.

sábado, 18 de octubre de 2008

De autobuses y demás medios de transporte

- ¿A qué hora pasa el bus?
- El panel informativo digital controlado por GPS
dice que el bus está a 2 minutos y 18 segundos de aquí. 17, 16...
- ¿Me da tiempo a fumarme un cigarro?
- 12, 11, 10...

Los finlandeses se mueven. Y no me refiero sólo a que huyan de algo (es sorprendente ver la cantidad de gente que hace footing por aquí, parece que corren escapando de algún terrible suceso que les sobreviene, ¡Maldita sea! ¿Qué saben ellos que no sepamos nosotros?). Me refiero a que los finlandeses, como el resto del mundo supongo, necesitan de medios de transporte con los que ir de un sitio a otro.

Y como aquí no llega la línea 3 del metro, pues el bus es el rey de todo este tinglado. Aquí la frecuencia de autobuses es de aproximadamente 20 minutos, y lo que más llama la atención es que son extremadamente puntuales, tanto en la llegada como en la salida. Si marca en el horario que el bus llega a tu parada a las 12:15h. ten por seguro que si llegas a las 12:16h. lo has perdido.

Pero probablemente lo que más mola de este medio de transporte es el hecho de que te da la oportunidad de convertirte en algo así como un agente de la C.I.A. que usa su tarjeta de acceso para acceder a la zona de acceso restringido donde no puede acceder nadie que no esté autorizado a hacerlo. Se me va la pinza.

Aquí el bus es un poco caro, unos 2,90€ por viaje, así que resulta más rentable adquirir un bono mensual, por algo así como 54€ (45€ si tienes un falso carnet de estudiante) que no es otra cosa que una tarjeta que por un lado es de plástico como cualquier tarjeta, pero que por el otro es de una superficie tipo metálica (en realidad parece papel albal, pero queda muy cutre si lo digo así) y que sirve para ticar en el bus cuando te montas. El tema es que para ticar lo que hay que hacer es simplemente acercar la tarjeta a un lector, que en realidad no es más que una superficie lisa con lucecitas que se encienden cuando reconoce la tarjeta. Vamos, como cualquier agente de la C.I.A. entrando en zona restringida (ahora entendéis mis idas de olla). Pero por si eso resultara poco molón, resulta que ni siquiera tienes que sacar la tarjeta del sitio donde la tengas guardada, basta con acercarla aún dentro del bolso, bolsillo u orificio corporal donde te guste guardarla. ¿A que es guay...?

Pero si pasas de bono mensual siempre te quedan los medios tradicionales de pago de cualquier autobús: o sea, metálico o... ¡tarjeta de crédito! Sí, aquí cada bus viene equipado con su terminal de pago para que pases la mastercard o la visa sin ningún problema. Nos llevan años de ventaja. Me pregunto si en realidad no aceptarán también cheques al portador...

Como nota de agradecimiento que nunca leerán, así que en realidad podría ahorrármela, pero ya que he empezado a escribir, pues termino, cabe destacar que los conductores son sorprendentemente amables. No sólo porque te informen sin ningún problema sobre si este autobús va a tal dirección o si es mejor que cojáis otro (sin prisas, dedicando el tiempo que necesites), sino porque dan las gracias, una por una, a todas las personas que entran en el bus y tican con la tarjeta superguay. Además, aquí se usa la puerta delantera también para descender y te abren aquella de la que estés más cerca. El tema de que usan el iPod con sus auriculares puestos mientras conducen es ya otro tema, pero bueno, nadie es perfecto...

Si resulta que tienes la suerte de tener coche, y por lo tanto no tienes que coger el bus ni por consiguiente tienes la oportunidad de utilizar la tarjeta supermolona, debes saber que aquí se circula con las luces encendidas todo el día, sea la hora que sea y haya la luz que haya. Además los límites de velocidad se respetan sorprendentemente a rajatabla. No hay mucho tráfico, al menos por la zona de Jyväskylä, (imaginamos que Helsinki tendrá más), así que resulta usual encontrar calles desiertas de coches y reconfortante el saber que aquí no pillan caravanas (¡ay!, A8, cuánto te echo de menos...)

Si no tienes coche, y no te gusta el bus, te quedan dos opciones: una es ir a patita, que con el frío que hace significa ir corriendo para no morir de hipotermia (de hecho cada vez que vamos andando parece que llegamos tarde al sitio al que sea que vayamos...) La otra opción es la bicicleta. Es tremendamente popular, y existen aparcamientos por toda la ciudad dedicados a este medio de transporte, por lo que puedes ir a cualquier punto. Seguimos con la duda, eso sí, de si coger una bicicleta sin candar es tomarla prestada o robar directamente (bueno, robar tampoco, que luego se devuelve) pero sí que existe ese concepto de "usurpación transitoria de la propiedad privada sin perjuicio para el titular" (me gustaba Ally McBeal, ¿qué pasa?) que no terminamos de entender...

Por cierto, nota aclaratoria sobre el orden de prioridad de los elementos de circulación en Finlandia: autobús, coche privado, bicicleta y por último peatón... Así que cuidado con los coches al cruzar, con el bus al esperar en la parada muy cerca del bordillo, con las bicicletas cuando vayas por la acera... Mira, ten cuidado en general y estarás seguro. Eso sí, ni se te ocurra cruzar con el semáforo en rojo y mucho menos por una zona sin semáforo o paso de peatones... multa...

Así que mientras sigamos aquí nos seguiremos moviendo, para no morir congelados y eso...

Nos quedan 41 días en Jyväskylä.

jueves, 16 de octubre de 2008

De convivencia y compañeros de piso

- Oye, ¿tú tienes alguna manía rara?
- Bueno... Me muerdo las uñas... de los piés.
- ¡Joe!, ¡Qué guarrada!
- ¡Mira quién fue a hablar! El que hace pelotillas con la pelusa de su ombligo...

Nadie dijo que sería fácil. Tras un par de semanas compartiendo piso podemos realizar un primer análisis objetivo de lo que es tener un compañero/a/os/as, y sobre todo de lo que supone de cara al "enfrentamiento" no sólo de manías, sino también de costumbres y culturas...

El primer punto a analizar es el hecho, irrefutable, de que no es lo mismo compartir casa con un amigo/conocido que con alguien a quien no has visto en tu vida. A un amigo, si le tienes que pegar un grito, pues se lo pegas, a un tiarrón esloveno que aparenta 34 años y que te saca dos cuerpos, pues a lo mejor te lo piensas un poco más...

Pero el punto que más jugo da, por aquello de que también es el de mayor fricción (¿he dicho fricción?) es el de las normas de convivencia en la casa, el abc de cualquier relación estable...
Elementos comunes: cocina, baño, ¿recibidor?, bueno, este último nos lo saltaremos porque no tiene mayor misterio... (a no ser que encuentres un cadáver, en cuyo caso el misterio sería mayúsculo)

La cocina: ese lugar en el que no es fácil sobrevivir, (como ya hemos podido leer anteriormente) y que es de obligado uso. El primer punto de interés es el de horarios. Partimos con ventaja. En el resto de Europa los horarios para las comidas son GMT-3 (o sea, que comen tres horitas antes que nosotros), luego para cuando nos ponemos manos a la obra con las salchichas el campo de batalla está libre. Más complicado es el tema del fregado. Existen dos vertientes: la vertiente "ya fregaré cuando la pila de platos amenace con desplomarse" y la vertiente "ya fregaré cuando la pila de platos se haya desplomado". En cualquiera de los dos casos, sobre todo si tú eres de los de "en cuanto termine de comer friego" sales perdiendo, porque es muy probable que entre los cacharros sucios de tu compañero haya algo que necesitas para realizar tu fantástica receta. Y eso fastidia sobremanera si tú siempres dejas listo para su uso todo aquel utensilio que has utilizado.

La limpieza de la cocina tal cual también puede ser motivo de fricción (¿otra vez fricción?). ¿Por qué tu compi de piso no barre nunca? A lo mejor no sabe que tenemos escoba. ¿Debería quitar las migas de la mesa? No, así los pajarillos podrán alimentarse de algo... Los envoltorios por doquier, los cacharros apilados... todo estratégicamente colocado para trabajar lo menos posible. Eso por no hablar de lo que cocinan, que si por el olfato nos guiáramos, aquí ya se habrían producido varias alarmas biológicas.

Pero pasemos al baño...
Inciso para relatar cómo es el típico baño finlandés. Lavabo, espejo, taza, papel higiénico (del que raspa, ¿eh? no porque sea el más barato, sino porque es el que mejor desincrusta) y ducha. No hay muchas diferencias hasta aquí, ¿no? (bueno, igual en el papel, que allí estáis acostrumbrados al scottex). Pero, ¿y si os digo que aquí la ducha no tiene plato, es decir, que el agua cae directamente al suelo del baño, que no hay manera ninguna de contener el agua en un recinto cerrado? Y para colmo la cortina de la ducha no llega hasta el suelo, con lo que cada vez que te duchas llenas todo el baño literalmente de agua.
Existe un aparatito similar a lo que allí se usa para limpiar los escaparates de las tiendas, aunque un poco más grande, que sirve para, una vez hayas terminado de mojar todo, empujes el agua hacia el desagüe (¡anda, una diéresis!). Pues bien, volviendo al tema de la convivencia, os habréis imaginado el problema...
Por cierto otro inciso, las mujeres siempre os estáis quejando de que los tíos dejamos el baño lleno de pelos... ¡cuánta razón tenéis!

Pero claro, lo anterior tiene una ventaja, y es que al ser todo el suelo del baño superficie "mojable" puedes hacer como cierto flatmate (compañero de piso en la lengua de Isabel II) y, tras cortarte el pelo en el baño y dejarlo lleno de idem, manguear toda la estancia para dejarla como los chorros del oro (quiero que quede claro que lo estoy diciendo en tono irónico. Jodió bastante encontrar todo el baño encharcado (incluída la taza y el asiento de la misma) con la imposibilidad de entrar sin botas de agua).

Pero lo bonito de convivir es que vives experiencias únicas e irrepetibles que, cual anuncio de compresas, no dejan de hacerte sonreir:
My flatmate:
- ¿Qué haces?
Myself:
- Freír patatas.
My flatmate, sorprendido:
- ¿En la sartén?

Nos quedan 43 días en Jyväskylä.

martes, 14 de octubre de 2008

De trabajo y más trabajo

- Así que a Finlandia te vas a trabajar, ¿no?
- Sí, un par de meses currando fuera.
- La experiencia valdrá la pena.
- Supongo...
- Pero allí creo que madrugan mucho...
- ¡Eh! Que yo voy a trabajar, no a que me exploten.

Habiendo leído las entradas anteriores a esta, cualquiera podría haber imaginado que hemos venido a Finlandia a pasar un par de meses de vacaciones a gastos pagados, pero nada más lejos de la realidad... (vaya, ni yo me lo creo...)

El auténtico motivo de nuestra estancia en este lejano país no es otro que el de intercambiar experiencias con otras formas de enfocar el trabajo. Abrir nuevos caminos.

Antecedentes: Nos encontramos en una fase de pre-creación o re-lanzamiento de nues-tras empresas. Gracias al apoyo del programa Leonardo DaVinci y la gente del centro Urratsbat de Erandio (con Maite Llorente a la cabeza) nos hemos embarcado en una experiencia que, tras trece días, parece que sí que va a ser inolvidable (por una vez la publicidad no miente...)
Con nuestros respectivos proyectos bajo el brazo, y tras haber sido captados de las más surrealistas maneras (increíble pero cierto, hay plazas vacantes para este tipo de iniciativas), nos montamos en un avión para tratar de perfilar y mejorar nuestras ideas. El objetivo final es perfeccionar lo que se supone que sabemos hacer para, de cara a enfrentarnos con el mundo laboral real, tener un arma más afilada con la que partir un mejor trozo de la tarta del mercado (¡Madre mía!, las metáforas ya no tienen secretos para mí, estoy emocionado...)

Y tras esta breve explicación, vamos al grano. Estamos adheridos a un centro de Formación Profesional (o equivalente) llamado Mediapaja (sé lo que estáis pensando... que la metáfora tampoco era tan buena, prometo mejorar). El caso es que el citado Mediapaja (se pronuncia midiapaya) es algo así como una productora audiovisual en la que los alumnos del centro practican en un entorno bastante similar al que se encontrarán cuando salgan al mercado laboral.

Nuestro cometido actual es el de planificar un par de actuaciones en directo y escaletar un videoclip (por cierto, la música en suomi no suena nada mal). Para ello contamos con el apoyo de un nativo, que se ha unido a nuestro pequeño grupo creativo y que pone de relieve eso de la globalización, o sea, que al final (hablando inglés, eso sí) vas a tener que estar preparado para trabajar con gente de cualquier parte del mundo (no, si al final lo de currar fuera va a estar bien y todo).

Unido al trabajo propiamente dicho, estamos aquí para cubrir otra faceta de nuestro proyecto: el de desarrollo propiamente dicho. Es decir, conseguir orientación sobre cómo afrontar la puesta en marcha de un negocio.
En este punto estamos algo más estancados ya que, al ser la primera "promoción" que se beneficia de este proyecto las cosas están poco hilvanadas. De hecho, aterrizamos en la cámara de comercio y, sentados nosotros frente a las responsables del centro, nos preguntamos mútuamente en podíamos ayudarnos... Surrealista, pero bonito.
Finalmente llegamos a un punto en común y nos derivaron a otro departamento (maldita sea, ¿se querían deshacer de nosotros?) que parece que sí tiene que ver con lo que buscamos. Estamos pendientes de una cita.

Así que aquí estamos, trabajando pero disfrutando de una experiencia que de otra manera no hubiéramos podido vivir. A quienes les corresponda: gracias.

Nos quedan 45 días en Jyväskylä.

domingo, 12 de octubre de 2008

De alta cocina y otras mentiras

- ¿Qué tienes hoy para comer?
- Macarrones.
- Pensaba que habías comido ayer.
- Es que cociné para dos días.
- ¿Y qué tienes mañana?
- Macarrones.

Situémonos en la cocina, esa parte de la casa en la que hasta ahora sabíamos que había un frigorífico (básicamente sirve para enfríar cosas, como por ejemplo bebidas), armarios (básicamente contienen cosas para ir picando hasta la hora de las comidas) y una fregadera (básicamente para beber agua, que también es importante).

A la lista anterior hay que añadir un nuevo aparato: la cocina propiamente dicha (ya sea de gas, vitrocerámica o, como en nuestro caso, eléctrica). Sirve para cocinar los alimentos que guardamos en la nevera o los armarios (sí, contienen más cosas a parte de bebidas y picoteo), y básicamente habíamos decidido obviarla mientras vivíamos en casa por aquello de que ya tenía "dueña".

Que como mami no cocina nadie es una verdad como un templo, pero claro, llega la hora de ponerse el delantal (resulta que no es un uniforme de cocinero sin más, sino que sirve para evitar que las cosas que salpican te manchen la ropa) y empezar a cocinar.

Antes de ponerte a ello cabe hacer una pequeña recolección de recetas, por aquello de saber qué eres capaz de cocinar: macarrones (o spaghettis), arroz cocido, salchichas, patatas fritas, huevos... la lista parece interminable.

Llega la hora de acercarte al fogón. En ese momento, envalentonado por todos los años que llevas viendo cocinar a Arguiñano, no piensas en otra cosa que encender el fuego a tope y colocar sobre él el primer recipiente en el que has vertido una cantidad indiscriminada de aceite (por no saber cuál es la cantidad correcta, mejor que sobre que no que falte) para ponerte manos a la obra. Y mientras se calienta el oleoso producto tú corres a preparar los ingredientes que utilizarás en tu sofisticada y refinada receta: salchichas con patatas.

El aceite está caliente, procedamos. Comenzamos echando, tímidamente, una patata sobre el líquido; parece que la cosa va bien. Echamos el resto y las meneamos a ver si se animan un poco, que parece que están depres. Cuando van cogiendo el punto dorado que las caracteriza (maldita sea, ¿por qué no se me doran todas igual? La próxima vez tengo que echarlas al fuego más rápido, si tardo cinco minutos desde la primera hasta la última el resultado no es óptimo) se procede a sacarlas de la sartén.

Fase 1 completada. Bien. Vamos con la fase 2. Tengo el aceite caliente y las salchichas en un plato: procedamos. El método de trabajo es básicamente similar al anterior. Coloco las salchichas en la sartén y las muevo un poquito... pues no es tan difícil esto de cocinar...
El problema surge cuando las salchichas, vete tú a saber por qué, se encabronan y deciden ponerse a salpicar todo de aceite hirviendo. Ante todo calma. Estirándonos lo máximo posible (con el objetivo de proteger nuestra integridad física), alargamos el brazo para tratar de calmarlas meciéndolas suavemente. No funciona. Y cocinar a cuatro metros de la sartén es seguro pero pelín incómodo. Está bien. Atacaremos por un flanco, esperando pillarlas de improviso, y retiraremos la sartén del fuego. Conseguido. En un fatal despiste de las salchichas hemos logrado cortarles el suministro de calor y, por consiguiente, sus recursos armamentísticos; ya no nos pueden hacer nada.

En ese momento, al ir a apagar el fuego compruebas que sigue a tope. (¿Será el motivo de la rebelión de las salchichas?) Bueno, no importa, la próxima vez irá mejor.

Las sacamos de la sartén y las colocamos junto con nuestras patatas medio hechas, medio quemadas (si me como a la vez una casi cruda y otra casi quemada, ¿se compensarán y el sabor será el de una patata normal?)

Afortunadamente en el armario hay tomate frito. ¡Gracias a Dios!. Ya tenemos más recetas: macarrones con tomate (o spaghettis), arroz cocido con tomate, salchichas con tomate, patatas con tomate, huevos con tomate...

Te queda, eso sí, el reconfortante alivio de estar comiendo algo que has preparado tú mismo. Mañana como fuera.

Nos quedan 47 días en Jyväskylä.

viernes, 10 de octubre de 2008

De inglis, espanis y suomi

- Así que te vas al extranjero, ¿eh?
- Pues sí, un par de meses fuera de casa.
- ¿Y qué tal vas de inglés?
- Bueno, me defiendo.
- Y eso, ¿qué significa? ¿que si te hablan les vas a pegar?

Que el inglés es el idioma universal no lo vamos a poner en tela de juicio porque este no es ni el momento ni el lugar (el día que los extraterrestres quieran dar por formalizada su existencia discutiremos sobre el tema), pero reconozcamos que no es imprescindible para comunicarte. Básico sí, pero no imprescindible.

En Finlandia se habla Suomi (finlandés para los no iniciados), una especie de lengua que según algunas teorías (cada vez menos disparatadas) se asemeja al euskera (si esto lo lee alguien de fuera de Euskadi, decir que el euskera es el idioma de la Comunidad Autónoma Vasca. ¡Qué narices! Si esto lo lee alguien de fuera de Euskadi que lo diga en comentarios, que ahora mismo monto una fiesta!!)

El caso es que la citada lengua es pelín compleja (por no decir difícil de pelotas) y que ya te pueden hablar despacio, despacio, que no vas a pillar ni por asomo el contexto de lo que te están diciendo. Como bien nos aconsejaron antes de partir: "Si véis que alguien se acerca a vosotros hablando a gritos y agitando los brazos, aunque no le entendáis, salís corriendo". Elemental.

El Suomi, eso sí, tiene algunas peculiaridades: por ejemplo, el uso indiscriminado de la diéresis (¡ay, madre! ¿dónde quedaron los años de colegio? La diéresis son los don puntitos que se ponen a veces encima de las vocales. eg. ä) (¡Madre mía! eg, significa Ejemplo Gráfico. ¿Ya? Pues sigo)
Unido al abuso de ese signo (cuya pronunciación estamos aún practicando) se debe hacer notar que la H se lee, la J se pronuncia tipo "i" y que la K campa a sus anchas por todas partes (aquí taxi se dice taksi).

Pero lo que más llama la atención (sobre todo al ver carteles) es que aquí no escatiman letras. Muotoutumassa, ¡toma palabreja! Ahí va otra: ammattikorkeakoulussa. ¿Ganas de más? Supercalifragilístico... ¡Ay, no! Esa es en otro idioma...

Con todo lo anterior, es normal que los ingleses, alemanes, holandeses y demás criaturas no puedan sino hablar en inglés (nosotros podríamos hablar fácilmente suomi, pero ya que todo el mundo habla la lengua de Shakespeare, pues nosotros también).

Y resulta paradójico que personas de diferentes países hablen un idioma que no es el suyo para poder comunicarse entre sí, aunque siempre sueltas alguna perla en tu propia lengua que, además de hacerte sentir mejor, sirve para que los demás aprendan vocabulario ("¡Joder! ¿Cómo se decía...?").

Pero, y remitiéndome al principio, el inglés es básico pero no imprescindible. Llevamos pocos días en Jyväskylä y en toda mi vida no había visto a tanta gente gesticulando tanto (y cabe apuntar que he estado en Italia). Estoy seguro de que si de pronto me quedara sordo, seguiría siendo capaz de entender la mayoría de conversaciones a mi alrededor. Y es que hay que reconocer que el ser humano tiene una capacidad increíble para comunicarse, y eso es de agradecer. ¿Que con la palabra no eres capaz de trasmitir todo lo que quieres?, pues agitas los brazos que seguro que así se enteran mejor.

En fin, nos queda tiempo aún para tratar de perfeccionar la lengua universal. El problema es que, para cuando lo consigamos, tendremos que empezar de cero con el chino...

Nos quedan 49 días en Jyväskylä.

jueves, 9 de octubre de 2008

De international parties and so

¡Fiesta!

- ¡Joe, qué noche!
- Ya te digo. ¿Tú te acuerdas de algo?
- No mucho, la verdad.
- Yo tampoco.
- ¡Joe, qué noche!

Ambiente juvenil, ni rastro de padres/tutores/supervisores... ¿se puede pedir más?

Llega el turno para el ocio, en dos vertientes. La verdad es que en el poco tiempo que hemos pasado aquí hemos podido probar (al menos un poquito) el "saturday night" de Jyväskylä (lo extenderemos al resto de Finlandia hasta que alguien se atreva a rebatir esta entrada).

Nuestro primer contacto con la vida nocturna tuvo lugar un viernes (o eso creo recordar) en un lugar llamado "Kharma" (sí, lo sé, el nombre mola). En este garito, al que para acceder hay que hacer cola (temiendo no estar en "la lista" y por lo tanto con el comprensible temor a que no nos dejaran pasar) piden el carnet de identidad a la entrada para asegurarse de que tienes la edad permitida. Y se lo piden a todo el mundo. "Malditos sean, ¿para qué nos piden el carnet?" Nosotros, precavidos, unos metros antes de que nos tocara el turno preparamos nuestra identificación ("somos extranjeros, ¿necesitaremos el pasaporte también?"). Llegamos a la altura del guardián y le mostramos orgullosos nuestros DNIs. "No hace falta, podéis pasar". Horror. Ya no aparentamos ser quinceañeros... "Malditos sean, ¿por qué no nos han pedido el carnét? Tampoco aparentamos tanta edad..."

Una vez dentro el sitio es similar a cualquier bar/discoteca: distintos ambientes, la música está alta, el water huele a meados... Pero sí que hay detalles que merecen comentario.

Por ejemplo, hay una especie de sección donde puedes jugar al blackjack, ¡y la gente se anima a hacerlo! También hay sillones por doquier, zonas tranquilas donde descansar de tanto salto y tanto baile, una pista donde suena bastante música en español (sí, incluyendo "la macarena").

Pero sin duda, el gran atractivo del local es su zona para fumadores. En Finlandia está prohibido fumar en los establecimientos públicos, incluídos bares, y eso se respeta escrupulosamente. Para los que no pueden aguantar el mono existe un pasillo (sí, he dicho un pasillo) donde el ambiente es tan denso que sólo con entrar ya puedes saciar tus ansias de nicotina. El zulo, como cariñosamente me gusta llamarlo, tiene algo así como un metro y medio de ancho por unos diez de largo, acabando en una pequeña sala. La gente, lógicamente, piensa: "¿para qué voy a ir hasta el final, pudiéndome quedar al principio?" El resultado es un montón de peña echando humo en algo parecido al camarote de los hermanos Marx.

La otra vertiente del ocio nocturno de la que hablaba es la de las fiestas erasmus. Resulta extremadamente sencillo acostumbrarse a este tipo de funcionamiento, donde ya no importa quién eres ni lo que haces, sino que formas parte de una comunidad por el simple hecho de estar allí. El buen rollo que se respira es tal que, aunque no quieras, te ves imbuido de él.

Nos encontrábamos en la cocina de uno de los apartamentos cuando fuimos invitados a la fiesta de cumpleaños de un francés, al que ni conocíamos (en realidad no conocíamos a mucha gente, llevando tan sólo dos días en el piso) por una persona que no era el "anfitrión". "¿No le importará que vayamos?", "No, la puerta está abierta a quien quiera ir". Y fuimos.

Nigeria, Francia, Portugal, Italia, Inglaterra... No es la lista de Naciones Unidas, es el listado de nacionalidades en la fiesta. Un popurrí de gente, de culturas, de colores, que en mi vida he experimentado igual (ni creo que lo vuelva a hacer; como la primera vez no hay ninguna).

Saludos, manos chocando, besos en la mejilla, fotos de grupo y la misma pregunta una y otra vez: "Where are you from?" Definitivamente, es otro mundo.
A la fiesta, eso sí, había que ir provisto de tu propia bebida (el anfitrión colocó allí algo parecido a una tarta), pero eso es lo de menos.

Aún hay tiempo para más, para conocer más.

Nos quedan 50 días en Jyväskylä.